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Después del 4-S: derrota, seguridad y la tarea de reconstruir un bloque social

Dic 15, 2025
Foto El País

El 4-S sigue siendo el punto de inflexión. Lo explicó Núñez: hubo una movilización histórica por cambios que se frustró, y en pocos años el péndulo se fue al otro extremo. La gestión de gobierno logró estabilizar un país que pudo descarrilar, pero no alcanzó reconocimiento ciudadano para traccionar a su candidata. Voto obligatorio mediante, los sectores menos movilizados, más expuestos a la inseguridad material y a la del delito, votaron por quien les habló, aunque fuera con recetas riesgosas.

Por Equipo El Despertar

Doce horas después de la elección, el comando de Jeannette Jara hizo algo poco frecuente en la política local: asumió responsabilidades. Daniel Núñez (PC) no se refugió en encuestas ni terceros; dijo lo obvio y lo que duele: no lograron ofrecer una alternativa creíble para resolver la seguridad en un contexto de voto obligatorio y, sobre todo, arrastraron la fractura que abrió el plebiscito del 4 de septiembre de 2022. Ese quiebre, la derrota de un proceso nacido del 18-O, es hoy la línea de falla por donde se parte cualquier intento de mayoría.

La seguridad no fue solo un tema; fue el encuadre que la derecha logró fijar. Mientras la inflación y la precariedad golpean, el relato de “orden”, con promesas de mano dura y recortes, se volvió una oferta emocionalmente sencilla. La campaña oficialista no consiguió traducir en propuestas claras un principio simple: seguridad con derechos. Sin ese puente, el debate quedó en manos de quienes ofrecen soluciones rápidas que, de implementarse, abaratan el trabajo, recortan lo público y privatizan la seguridad como negocio.

El 4-S sigue siendo el punto de inflexión. Lo explicó Núñez: hubo una movilización histórica por cambios que se frustró, y en pocos años el péndulo se fue al otro extremo. La gestión de gobierno logró estabilizar un país que pudo descarrilar, pero no alcanzó reconocimiento ciudadano para traccionar a su candidata. Voto obligatorio mediante, los sectores menos movilizados, más expuestos a la inseguridad material y a la del delito, votaron por quien les habló, aunque fuera con recetas riesgosas.

Darío Quiroga agrega una autocrítica concreta: se perdió un mes entre la primaria y el arranque real de la campaña, se apagó el impulso y se eligió una estrategia de conversaciones partido-a-partido que no se tradujo en liderazgo hacia afuera. Con todo, señala un hecho político incómodo y cierto: la campaña obligó a Kast a retroceder en algunas promesas (como tocar las 40 horas), dejando compromisos sobre los que se le podrá cobrar desde la oposición.

Paulina Vodanovic pone el dedo en otra herida: la “cultura de la cancelación” en la Convención, que dañó el sentido común democrático que se pretendía ampliar. No se trata de renegar del proceso, sino de aprender: sin forma democrática, debate abierto, respeto por el disenso, construcción de mayorías, el contenido social se asfixia, y el adversario convierte la etiqueta “progresista” en caricatura.

De aquí hacia adelante la consigna no puede ser melancolía por el 2019 ni pura denuncia del “giro conservador”. Reconstruir un bloque social exige propuestas materiales que hablen a la vida cotidiana: ingreso vital con financiamiento progresivo, vivienda como infraestructura (empresa pública, banco de suelos, arriendos asequibles), cuidados como derecho (sala cuna universal, tiempo y servicios), seguridad con derechos (policía profesional, control civil, persecución patrimonial del delito y políticas sociales que quiten clientela al crimen). Y exige músculo territorial: sindicatos, cooperativas, juntas, feminismos y juventudes, no solo comandos y matinales.

También pide estrategia: reformas que ensanchan el poder social y a la vez construyen el puente hacia transformaciones mayores; unidad con método (programa común y diversidad real, no sumas de cúpulas); disciplina comunicacional (menos reactivo, más relatos anclados en salario, seguridad y servicios); y una oposición que controle al nuevo gobierno en lo que prometió moderar y resista lo que afecte trabajo, cuidados y lo común.

La derrota no se explica por un factor único ni se revierte con marketing. Se explica por tres capas: una fractura política (4-S), una demanda de seguridad que no fue respondida con solvencia y errores de campaña que enfriaron la ilusión. Se revierte con proyecto, organización y paciencia estratégica. Si la autocrítica de hoy se transforma en definiciones de fondo —como pidió Vodanovic—, la noche electoral habrá sido el principio de una corrección necesaria. Si no, será otra fecha en el calendario de lo que pudo ser y no fue.

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