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Motosierra y “corredor humanitario”: el eje Kast–Milei se estrena con símbolos de ajuste y un plan regional de deportaciones

Dic 16, 2025
Foto EFE

Más allá del gesto, Kast empujó dos señales de política. Primero, reiteró su propuesta de levantar un “corredor humanitario” para devolver a migrantes en situación irregular a sus países de origen. “Hemos planteado a distintos mandatarios que necesitamos una coordinación… para la devolución de estas personas”, afirmó, y aseguró que ha encontrado “muy buena acogida” en conversaciones con gobiernos sudamericanos, con la expectativa de llegar al 11 de marzo con “preavances” para dar “señales claras” en su primer mes.

Por Equipo El Despertar

El presidente electo José Antonio Kast se reunió en la Casa Rosada con el mandatario argentino Javier Milei y selló el encuentro con una postal destinada a recorrer la región: ambos posando con la motosierra que el argentino convirtió en icono de recortes y “desregulación”. “La libertad avanza en toda Latinoamérica”, dijo Kast tras calificar la cita como “muy buena”.

Más allá del gesto, Kast empujó dos señales de política. Primero, reiteró su propuesta de levantar un “corredor humanitario” para devolver a migrantes en situación irregular a sus países de origen. “Hemos planteado a distintos mandatarios que necesitamos una coordinación… para la devolución de estas personas”, afirmó, y aseguró que ha encontrado “muy buena acogida” en conversaciones con gobiernos sudamericanos, con la expectativa de llegar al 11 de marzo con “preavances” para dar “señales claras” en su primer mes.

Segundo, alineó su agenda económica con la de Milei: tras la foto, el presidente electo chileno sostuvo un almuerzo con empresarios argentinos, antes de reunirse con el embajador José Antonio Viera-Gallo. El mensaje es nítido: la sintonía política se traduce en una sintonía de mercado, con la motosierra como marca de un repertorio conocido —achicar el Estado, abaratar costos laborales y liberar concesiones e inversiones— que suele venderse como “libertad” hacia arriba y sensación de orden hacia abajo.

El plan de deportaciones “humanitarias” merece más que slogans. Implica trazados aéreos y terrestres, custodia, centros de tránsito, acuerdos de readmisión y financiamiento. Su ejecución abre contratos para proveedores de seguridad y transporte y exige coordinación policial y diplomática en una región donde los derechos y las realidades consulares no siempre acompañan. Llamarlo “humanitario” no lo vuelve inocuo: en la práctica, es un pipeline de expulsión que reduce a la gente a carga logística, mientras los sistemas sanitarios, educativos y laborales que podrían integrar quedan fuera del foco.

El símbolo de la motosierra no es solo una broma gráfica. Condensa una visión donde la seguridad y el gobierno se tratan como gastos a cortar y mercados a abrir, y donde la “libertad” se mide por la capacidad de las élites de mover capital y agenda, mientras el resto asume el costo de los recortes y las expulsiones. La foto de Buenos Aires, los empresarios en la mesa y el corredor “humanitario” en carpeta anticipan la arquitectura de un nuevo eje: menos derechos sociales, más negocio con la seguridad y una región organizada alrededor de la motosierra. El resto, como siempre, se juega en quién paga la cuenta.

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