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Burkina Faso toma el control de TotalEnergies y rebautiza sus activos como “Barka Energies”: un golpe a la extracción neocolonial

Dic 25, 2025

Lo que Burkina Faso está haciendo es una ruptura con el patrón clásico del neocolonialismo. Durante décadas, corporaciones como Total operaron en el Sahel bajo la lógica de “inversión extranjera” que, en la práctica, significa control de mercados internos, captura de renta y salida de ganancias, mientras las economías locales quedan atrapadas en importaciones, deuda y subordinación política. Marx lo describió de forma brutal: el capital no llega para desarrollar, sino para valorizarse, y lo hace donde encuentra condiciones favorables, incluso si eso implica hambre y dependencia.

Por Equipo El Despertar

Burkina Faso anunció que asumió el control total de las operaciones de la multinacional francesa TotalEnergies en su territorio y que sus estaciones de combustible e infraestructura asociada pasarán a manos locales bajo un nuevo nombre: Barka Energies. La medida, impulsada por el gobierno del capitán Ibrahim Traoré, se enmarca en una política declarada de soberanía nacional y recuperación del control sobre sectores estratégicos que históricamente funcionaron como canales de extracción de riqueza hacia Europa.

Según las autoridades, la decisión busca asegurar que los beneficios de la distribución de combustible permanezcan en el país en lugar de ser remitidos a Francia. En términos concretos, el mensaje es directo: la energía no puede seguir siendo un negocio administrado desde París mientras el pueblo burkinés paga la precariedad y la dependencia. El gobierno sostiene que esta transferencia permitirá reinvertir utilidades en desarrollo nacional, servicios e infraestructura, cortando la fuga permanente de excedente hacia el centro imperial.

Lo que Burkina Faso está haciendo es una ruptura con el patrón clásico del neocolonialismo. Durante décadas, corporaciones como Total operaron en el Sahel bajo la lógica de “inversión extranjera” que, en la práctica, significa control de mercados internos, captura de renta y salida de ganancias, mientras las economías locales quedan atrapadas en importaciones, deuda y subordinación política. Marx lo describió de forma brutal: el capital no llega para desarrollar, sino para valorizarse, y lo hace donde encuentra condiciones favorables, incluso si eso implica hambre y dependencia.

La nacionalización o transferencia de activos energéticos, además, revela una pelea más amplia por el poder en África Occidental. Traoré ha construido su legitimidad política sobre una idea simple: si los recursos y los servicios estratégicos están en manos extranjeras, la soberanía es decorativa. No se trata solo de banderas o discursos; se trata de quién controla el combustible que mueve la economía cotidiana, quién fija precios, quién define inversiones y quién se queda con el excedente.

Como siempre, el desafío real estará en lo que viene después: no basta con cambiar el nombre de la empresa o el dueño formal si el modelo operativo continúa reproduciendo las mismas desigualdades. El salto cualitativo es que la recuperación de TotalEnergies se traduzca en control efectivo, transparencia, reinversión social y participación popular, evitando que el Estado se convierta en un simple administrador local de la misma lógica mercantil.

De todos modos, el gesto ya tiene un impacto político regional: Burkina Faso envía un mensaje a otras naciones del Sur global. Si el imperialismo se sostiene por el control de flujos estratégicos —energía, finanzas, logística— entonces recuperar esos flujos es una forma concreta de romper dependencia. En palabras de Lenin, el imperialismo no es solo una política agresiva: es una estructura económica mundial; por eso, cada medida que corta la extracción y retiene valor dentro del país debilita la arquitectura de dominación y abre espacio para una soberanía material, no retórica.

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