“Una de las principales cosas buenas del Presidente Boric es ceder”, sostuvo el analista de derecha, describiendo el tránsito “de la tumba al neoliberalismo a ser casi un gobierno más de la Concertación”. En su evaluación, la administración no logró consolidar su dimensión simbólica: “en todo lo simbólico que intentó ser, no logró nada”.
Por Equipo El Despertar
El investigador del Centro Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central, Pablo Matamoros, realizó un balance del final del ciclo del Presidente Gabriel Boric y sostuvo que la palabra que mejor sintetiza sus cuatro años es “ceder”. Matamoros, exasesor digital de la Presidencia durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, planteó que el Mandatario pasó de una narrativa de transformación profunda a un desempeño más cercano a una administración socialdemócrata en los marcos tradicionales.
En conversación con el programa “Al Pan Pan”, de El Mostrador, Matamoros recordó que el inicio del mandato estuvo marcado por una fuerte carga simbólica y un discurso de ruptura: habló de la “muerte del neoliberalismo” y de un cambio de relato expresado en el primer gabinete. Sin embargo, afirmó que ese impulso se fue moderando con el paso del tiempo.
“Una de las principales cosas buenas del Presidente Boric es ceder”, sostuvo el analista de derecha, describiendo el tránsito “de la tumba al neoliberalismo a ser casi un gobierno más de la Concertación”. En su evaluación, la administración no logró consolidar su dimensión simbólica: “en todo lo simbólico que intentó ser, no logró nada”.
Matamoros diferenció ese plano del desempeño práctico del país, señalando que “en lo pragmático, la economía siguió” y que existió un “rumbo”, aunque lejos de la “gran revolución” que, a su juicio, parte del electorado esperaba al inicio. Finalmente, proyectó que Boric seguirá siendo un actor político relevante tras dejar La Moneda, pero con un perfil distinto: “me huele que va a terminar siendo más un socialdemócrata que este revolucionario que no funcionó”, apuntando que “en la práctica funciona como una socialdemocracia”.
Leído en clave marxista, el concepto “ceder” describe una tensión clásica entre programa y estructura: cuando la correlación de fuerzas sociales no logra imponer transformaciones de fondo, el gobierno termina administrando los márgenes del Estado existente. En el lenguaje de Marx y Engels, el Estado moderno opera como administración general del orden social vigente; y en Lenin, ese orden fija límites materiales a cualquier proyecto que no altere la relación entre poder político, propiedad y aparato coercitivo.
En esa línea, la observación de Matamoros dialoga también con Luxemburgo (“reforma o revolución”): la moderación puede traducirse en gestión de la continuidad más que en ruptura, especialmente si la movilización popular se debilita o se subordina a la institucionalidad. Fanon y Mariátegui, desde otras coordenadas, advertían que sin pueblo organizado como sujeto político, y sin base material propia, los cambios prometidos tienden a replegarse ante las presiones de las élites y del orden económico.
