Las protestas no nacen en el vacío. Diversas coberturas coinciden en que el gatillante inmediato es la crisis económica: inflación alta, deterioro del poder de compra y una moneda golpeada por años de amenazas y tensión internacional. Aquí la primera verdad incómoda: la “guerra económica” existe, y no la libra solo Teherán contra su pueblo. Las sanciones estadounidenses reimpuestas tras la salida de Washington del acuerdo nuclear en 2018 forman parte del cuadro que agrava la fragilidad económica.
Por Equipo El Despertar
Mientras las protestas en Irán escalan, Trump amenaza con “actuar” si hay represión letal, olvidando las veces que en su propio país la represión ha terminado en asesinatos, sobre todo cuando se trata de afroamericanos. En medio de protestas que ya llevan cinco días en varias ciudades de Irán, detonadas por el deterioro económico, la inflación alta y la caída de la moneda, Donald Trump publicó un mensaje en Truth Social advirtiendo que EE.UU. estaría “listo para actuar” si las autoridades iraníes matan manifestantes pacíficos.
Organizaciones y medios internacionales reportan muertes, heridos y detenciones, aunque en un contexto donde es difícil verificar de forma independiente cifras y responsabilidades. La ONG HRANA afirma 7 fallecidos, 33 heridos y 119 detenidos en los primeros cinco días.
Teherán, por su parte, respondió acusando injerencia externa y advirtiendo que cruzar una “línea roja” tendría consecuencias, mientras la tensión regional vuelve a subir. Cuando Trump dice que Estados Unidos “rescatará” a los manifestantes iraníes si Teherán reprime con fuego, no está defendiendo una causa humanitaria: está colocando una cuña geopolítica en una crisis social real. El mensaje suena a solidaridad, pero en realidad, funciona como amenaza y como preparación de relato: si la situación escala, Washington ya sembró la idea de que cualquier acción futura sería “por los derechos”.
La raíz del estallido es material: pan caro, moneda que se derrumba, vida que no alcanza
Las protestas no nacen en el vacío. Diversas coberturas coinciden en que el gatillante inmediato es la crisis económica: inflación alta, deterioro del poder de compra y una moneda golpeada por años de amenazas y tensión internacional. Aquí la primera verdad incómoda: la “guerra económica” existe, y no la libra solo Teherán contra su pueblo. Las sanciones estadounidenses reimpuestas tras la salida de Washington del acuerdo nuclear en 2018 forman parte del cuadro que agrava la fragilidad económica.
Nada de esto justifica la represión; pero sí impide comprar el cuento de que EE.UU. llega “de pronto” a preocuparse por el bienestar popular.
El pueblo iraní tiene derecho a protestar; Trump no tiene derecho a usarlo como pretexto par intervenir
El movimiento social en Irán, como en cualquier lugar, tiene un núcleo democrático básico: el derecho a reclamar por condiciones de vida y por libertades; y asi lo ha reconocido el mismo gobierno que se ha comprometido a atender las razones a la brevedad posible. El problema es que Trump intenta convertir ese derecho en instrumento de su política exterior. El resultado es conocido, cualquier excusa le sirve para buscar apropiarse de los bienes comunes de otros pueblos; sobre todo si se trata de petroleo. Su advertencia está formulada para situarse como “protector” y, de paso, presionar al Estado iraní en el tablero regional.
La historia enseña que cuando Washington promete “rescates”, muchas veces trae otra cosa: escalada, sanciones reforzadas, operaciones encubiertas, bloqueo. El resultado suele ser más sufrimiento para la población común y más poder para los aparatos duros, tanto de un lado como del otro.
El riesgo inmediato: militarizar una protesta social
La respuesta iraní ya muestra el peligro: Teherán denuncia injerencia y habla de “línea roja”. Ese choque verbal, en una región ya tensionada, aumenta el riesgo de que la protesta social sea reencuadrada como “guerra” (internacional o “contra enemigos externos”). Y cuando el conflicto se militariza, pierde el pueblo: se justifican detenciones, se restringen derechos y se consolida la idea de que toda protesta es “conspiración”.
Una posición de trabajadores: contra la represión y contra el imperialismo
Desde un medio del mundo del trabajo, la línea es clara y sin doble estándar: solidaridad con el pueblo iraní y su derecho a organizarse y exigir pan, salario, dignidad y libertades; condena a cualquier represión letal y exigencia de garantías para la protesta, más aún cuando las cifras de muertos y detenidos crecen en los reportes; rechazo a la amenaza de “rescates” armados: la emancipación popular no se exporta en portaaviones ni se decreta desde Truth Social; y un llamado a poner fin de las sanciones que castigan a la mayoría trabajadora y sirven de gasolina a la crisis.
En síntesis: si el pueblo protesta por hambre y futuro, la salida no puede ser ni balas desde el Estado ni “salvaciones” desde el imperio. La salida solo puede ser más soberanía popular, más organización, más derechos y menos neocolonialismo y matonaje imperial.
