En el foro de ICARE “Prioridades para Chile en la voz del Presidente electo”, José Antonio Kast dedicó cerca de una hora a proyectar un escenario optimista para 2026, apoyándose en factores externos, especialmente el precio del cobre y el reordenamiento político regional tras la intervención militar ilegal en Venezuela, y combinando ese diagnóstico con un registro religioso que anticipa cual será la forma de comunicar de su gobierno: “Dios nos quiere… no se preocupen, todo va a estar bien”, dijo ante el auditorio empresarial.
Kast afirmó que el país estaría recibiendo señales favorables desde la economía internacional y la región. Como ejemplo, mencionó el precio del cobre, al que describió como un “regalo”, y enumeró cambios o posibilidades de estabilización en países vecinos, entre ellos Bolivia y Perú, donde aludió a la opción de “ordenar la cosa” y articular crecimiento con estabilidad política bajo el presidente José Jerí. Parece que las noticias de las protestas y las revueltas sociales en esos países no le llegan al presidente electo.
En su repaso regional también incluyó a Argentina, destacando la “complementariedad” comercial y el potencial minero al otro lado de la cordillera, y señaló que no debería existir temor a que “a los vecinos también les vaya bien”.
En el plano político-diplomático, Kast retomó el debate abierto tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. Dijo que en Colombia se habría abierto una puerta de diálogo con Washington que “parecía imposible” y deslizó que “ayer supimos” que el presidente Donald Trump “eventualmente” podría recibir al presidente Gustavo Petro, en alusión indirecta a las críticas que recibió por respaldar la operación en Venezuela.
El comentario se conectó con reportes recientes en EE.UU. y Colombia sobre un giro de tono de Trump hacia Petro, incluyendo una invitación a la Casa Blanca tras semanas de tensión.
Kast, además, ironizó sobre la coyuntura venezolana al señalar que “hoy día parece que sí van a poder aterrizar los aviones en Venezuela”, frase que situó dentro de su argumento general de que existen “alternativas de salir adelante”, aunque advirtió que el camino “no va a ser fácil” y que su “gobierno de emergencia” no improvisará.
En otro pasaje, Kast vinculó el desempeño chileno con el ciclo global: sostuvo que “en la medida que China crezca, a nosotros nos va bien”, reforzando la idea de que la economía local se beneficiaría si el contexto internacional mejora.
La intervención ordena su optimismo alrededor de una premisa material: ciclo de commodities + clima pro-inversión. En términos clásicos (Marx), eso coloca en el centro la dependencia de la economía nacional respecto de la renta extractiva y de condiciones externas que el país no controla; y, en clave leninista, muestra cómo la política interna se reacomoda según el tablero de potencias, mercados y recursos estratégicos (Venezuela/petróleo, EE.UU./hegemonía, China/demanda)
