La compañía informó a la CMF un ajuste contable que reduce el valor de activos e impacta sus resultados en US$33,4 millones después de impuestos. En paralelo, cerró la venta de su negocio de mascotas por US$9 millones, en medio de un proceso de reordenamiento corporativo y cambios de control en su propiedad.
Por Equipo El Despertar
Empresas Iansa comunicó a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) que su directorio aprobó el 21 de enero el reconocimiento de un deterioro en la valorización de activos por cerca de US$40 millones, tras una revisión “detallada” de prácticas y criterios contables. Según la empresa, las correcciones tienen efectos tributarios y operacionales y, en su conjunto, implican un impacto final negativo de US$33,4 millones después de impuestos. La notificación se formalizó como un hecho esencial, en un contexto en que la firma atraviesa un proceso de reordenamiento y concentración accionaria.
El desglose del ajuste muestra un cuadro de revaluación dura, no solo de cifras sino de la materialidad productiva. Del total, US$15,7 millones corresponden a ajustes por impuestos diferidos, ligados principalmente a pérdidas tributarias que la compañía estima como no recuperables en filiales agrícolas como Agrícola Terrandes (asociada a cultivos vinculados a remolacha y tomate) y Agromás (una estructura que pasó de prestar servicios financieros a agricultores a usos internos). Este componente no habla de maquinaria; habla de expectativa: de la capacidad real de recuperar pérdidas futuras y convertirlas en créditos tributarios. En términos prácticos, Iansa está reconociendo que parte de lo que contabilizaba como “activo” era, en verdad, un derecho que probablemente no podrá ejercer.
Otros US$11,3 millones impactan el resultado antes de impuestos por ajustes en propiedades, plantas y equipos, destacando la revisión del valor de activos en desuso de la ex planta de jugos en Molina y una corrección por la diferencia entre valor libro y valor comercial del negocio de Mascotas. A esto se suman US$5,0 millones por ajustes de inventarios —repuestos no utilizables en la planta de Chillán— y US$4,0 millones en mayores provisiones por contingencias. Adicionalmente, la empresa reconoció US$4 millones en provisiones por revisiones de criterios contables, con un componente relevante de US$2,6 millones asociado a aportes publicitarios en el negocio de Retail.
Iansa precisó que los ajustes con impacto en resultados antes de impuestos suman US$24,3 millones, lo que genera un efecto tributario “positivo” de US$6,6 millones; aun así, el golpe final es negativo en US$33,4 millones después de impuestos. El cuadro sugiere una limpieza contable que busca despejar el balance de activos sobrevalorados, inventarios sin salida y provisiones subestimadas, un patrón común cuando una compañía se prepara para reestructuraciones, ventas de unidades o cambios de control.
En paralelo, la firma informó que el 20 de enero suscribió un acuerdo para vender —a través de su filial LDA— los activos de producción y comercialización de alimentos para mascotas a Angostura Foods, Inmobiliaria Angostura y Alimentos Concentrados Cisternas, por US$9 millones más IVA. La venta confirma que la compañía está recortando perímetro y concentrándose en su núcleo, y también sugiere que el negocio de mascotas, al que ahora le corrigen valor libro, dejó de ser una apuesta estratégica para transformarse en activo a liquidar.
Este movimiento ocurre, además, en un momento de cambio accionario mayor: Iansa está inmersa en un proceso de concentración que permitiría a Hartree Partners (Estados Unidos) adquirir el control de ED&F Man Chile Holdings, actual controladora de Empresas Iansa. Es decir: no estamos ante un ajuste aislado, sino ante una empresa que reordena su contabilidad y su portafolio justo cuando se redefine su gobernanza y su inserción en un circuito financiero internacional.
Desde una lectura materialista, el hecho revela algo que suele quedar escondido bajo la palabra “deterioro”: la empresa está reconociendo que una parte de su capital fijo y circulante ya no cumple la función de valorizarse. Planta en desuso, repuestos sin utilidad, pérdidas fiscales no recuperables, provisiones que emergen como factura atrasada. Marx lo nombraba como contradicción entre el impulso de la acumulación y la realidad del ciclo: cuando la valorización se frena, los activos se convierten en lastre y el balance necesita “decir la verdad” para que el capital pueda reacomodarse, vender, fusionar o reestructurar.
Y ese reacomodo tiene un correlato social que rara vez aparece en el hecho esencial: cuando una empresa se “adelgaza”, lo que se redefine no es solo su portafolio, sino el destino de territorios productivos, trabajadores y cadenas agrícolas. Iansa no es una marca abstracta: tiene raíces agroindustriales y vínculos con productores. En ese sentido, la corrección contable y la venta de unidades no son solo números: son señales de cómo el capital reorienta sus apuestas hacia donde la rentabilidad es más segura, dejando atrás activos que, en otra etapa, fueron presentados como promesa de diversificación.
En síntesis, Iansa está haciendo dos movimientos simultáneos: limpiar el balance y vender activos para reordenar el negocio, todo en medio de un cambio de control corporativo. La noticia, más allá del titular financiero, es que la empresa está reconociendo límites materiales de su modelo reciente: lo que antes aparecía como activo hoy se reconoce como pérdida; y lo que se mostró como expansión —mascotas— hoy se convierte en desinversión.
