Mar. Feb 3rd, 2026

Incendios forestales: o el capitalismo, o el planeta.

Ene 22, 2026

En Chile, el capitalismo neoliberal es culpable de la crisis climática actual, y que empeora significativamente la gravedad de los incendios forestales que sufrimos.

Por Ignacio Fernández

Desde hace unos años que los incendios forestales pareciesen haberse convertido en una costumbre veraniega. Ya a nadie le sorprenden estos mal llamados “desastres naturales”. Solo durante este primer mes de 2026, ya vimos quemadas 25.000 hectáreas de la Patagonia argentina y otras 25.000 hectáreas quemadas en Penco y Concepción. Ambas tragedias de dimensiones colosales, pero cuyo amargo sabor ya se nos hace cotidiano.

Frente a esto, la discusión se ha marcado en torno a la intencionalidad detrás de estos incendios. Es sabido que empresas y organismos israelíes han avanzado en convenios vinculados a la gestión del agua cerca de la Patagonia argentina, y que el gobierno de Milei, convenientemente alineado con estos intereses, ha liberado la compra de tierras rurales y ha eliminado la prohibición productiva que existía sobre los terrenos incendiados, básicamente legalizando y fuertemente incentivando la quema masiva con fines económicos.

Además, recientemente se ha avistado una alta afluencia de mochileros israelíes exsoldados. Esto tiene un motivo histórico. El movimiento sionista barajó varias ubicaciones antes de decidir la migración masiva e ilegal a Palestina. Argentina fue mencionada por Herzl, uno de los padres del sionismo, como uno de los posibles destinos migratorios dado su tamaño, clima y baja densidad poblacional. Estos antecedentes abren varias preguntas en torno al rol geopolítico de nuestra Patagonia frente a la política genocida y expansionista del Estado ilegítimo de Israel, impulsado por el imperio en declive que busca afianzar su control sobre tanto el Medio Oriente como Latinoamérica, conocida como el “patio trasero de Estados Unidos”.

Por el otro lado, la Corporación Parque para Penco denuncia que el incendio que arrasó con parte importante de Concepción empezó con dos focos sobre Penco, quemando en su totalidad el parque donde se está intentando instalar la Minera Aclara. Actualmente, esta minera está planificando un proyecto de extracción de tierras raras y minerales, buscando “alinearse estrechamente con la política industrial estadounidense”. En otras palabras, satisfacer los deseos del imperio de no depender del suministro chino de tierras raras. Esta es la misma minera que celebró que “con Kast los permisos y proyectos andarán más rápido”. Esto porque Kast busca la liberalización del suelo para “promover la inversión”, sin importar el costo ambiental, de forma muy parecida a lo que el gobierno de Milei, bajo su política de abandono, permitió en la Patagonia argentina. Tenemos entonces un incendio multifocal, claramente intencionado, que empezó justo donde la Minera Aclara planeaba sus construcciones y justo después de la elección de un gobierno que les permitirá impunidad ante la destrucción de las tierras. Conveniente a lo menos. El capital sabe cómo velar por sus intereses y hará lo posible con tal de mantener sus tasas de ganancia.

Cuando entendemos los fuertes intereses económicos detrás de estos incendios, resulta imposible denominarlos “desastres naturales”, y empezamos a entenderlos como una necesidad del capitalismo para preservarse. El fin último de este sistema es el crecimiento infinito; la discusión política rara vez se aleja de los márgenes del “crecimiento económico” constante. Pero esta fantasía capitalista de expansión ilimitada es absolutamente incompatible con la realidad de nuestro planeta. Este no es infinito, y ya hemos llegado una y otra vez a sus límites de sustentabilidad, como miles de científicos han confirmado, a pesar de que las inmobiliarias, las forestales, las eléctricas y las mineras te digan lo contrario. Bajo esta incompatibilidad, solo nos queda escoger, o el capitalismo, o el planeta.

En Chile esto se vuelve urgente, ya que el capitalismo neoliberal se muestra como el causante directo de la crisis climática que vivimos actualmente, y que empeora significativamente la gravedad de los incendios forestales que sufrimos. El monocultivo de pinos y eucaliptos seca y destruye los suelos, matando el ecosistema y facilitando el esparcimiento del fuego. Pero este parece ser un sacrificio necesario para el imperio: el modelo neoliberal extractivista que promueve este ecocidio fue impuesto durante la dictadura mediante el Fondo Monetario Internacional y el Consenso de Washington, para que las potencias occidentales pudieran obtener materias primas baratas, para ellos desarrollar su economía a costa de la nuestra, llevándose todo nuestro plusvalor, mientras nosotros nos hemos quedado en la miseria y la explotación, como buenos esclavos del neocolonialismo.

En Argentina, hoy en día está ocurriendo el mismo proceso de desindustrialización y subordinación ante los centros económicos. Si el sionismo, el neocolonialismo y el neoliberalismo se expanden y conquistan nuestros pueblos y territorios, es precisamente debido al impulso y apoyo de los capitales e imperios a los que les conviene su triunfo.

Pero no todo está perdido, la alternativa económica es real y tiene su origen en un proyecto político marxista, ecologista y soberano, que entienda que la verdadera riqueza no reside en la acumulación abstracta e infinita de capital, sino en el bienestar del medioambiente del cual somos una parte inseparable. En vez de exigir que las riquezas crezcan, exijamos que sean justamente distribuidas. Para ello, debemos romper con el modelo extractivista y neocolonial, cuya “inversión extranjera” es realmente una exportación de capital diseñada para despojar, subordinar y convertir nuestros ecosistemas en zonas de sacrificio para el centro del sistema mundial. A su vez, debemos construir soberanía alimentaria, energética, hídrica y productiva, reorientando la economía hacia la demanda interna y las necesidades populares.

Desde lo más micro: huertos comunitarios, centros barriales de generación eléctrica renovable, asambleas territoriales, cooperativas, talleres populares, compra y distribución colectiva al por mayor, sistemas de recaptación del agua, farmacias populares, etcétera; hasta lo más macro: reforma agraria integral y ecologista, industrialización de productos básicos, transporte público limpio, ciclovías, reforma tributaria con impuesto al valor extractivo, y un modelo financiero público, soberano y planificado, desde un Estado socialista y proletario. Oportunidades y propuestas hay, el tema es si tenemos la valentía suficiente para llevarlas a cabo, y para desafiar al capitalismo que tanto tiempo nos ha puesto la bota en el cuello. Para ello, debemos organizarnos y tomar acción. Solo así, mil veces venceremos.

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