Mié. Feb 4th, 2026

Kast debuta ante líderes regionales en foro CAF con llamado a la “unidad” y eje de seguridad como condición de gobernabilidad

Ene 28, 2026
Foto Emol

En Panamá, el presidente electo defendió la coordinación regional “sin complejos” frente al crimen organizado, invitó a mandatarios al cambio de mando del 11 de marzo y destacó un diálogo con Lula da Silva centrado —según dijo— en “los intereses de nuestros pueblos”, pese a diferencias políticas.

Por Equipo El Despertar

El presidente electo José Antonio Kast participó en Panamá en el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, encuentro impulsado por CAF, instancia que reúne a autoridades, organismos multilaterales y actores económicos para discutir agenda regional de crecimiento, inversión y estabilidad. En su intervención pública, Kast planteó un llamado a la “unidad” regional, pero no en clave simbólica: la definió como una “obligación institucional” asociada a la gobernabilidad y a la capacidad de enfrentar amenazas transnacionales.

De acuerdo con los reportes, el mandatario electo sostuvo que América Latina no está paralizada por falta de ideas, sino por falta de “carácter”, y describió como “fracaso político” que millones de personas sigan atrapadas en pobreza, informalidad e inseguridad. En su diagnóstico, la seguridad aparece como el piso del resto: sin seguridad —afirmó— la democracia se vuelve una “ficción”, la libertad un privilegio y la inversión se retrae.

Kast también destacó una reunión con el presidente de Brasil, Lula da Silva, señalando que, pese a diferencias previas, el intercambio se enfocó en cómo defender intereses nacionales y habilitar cooperación práctica. En paralelo, reiteró un eje que ha venido instalando su coalición: la coordinación regional contra el crimen organizado mediante inteligencia compartida y control fronterizo.

En la dimensión política, el discurso ensaya un reordenamiento típico del inicio de ciclo: “unidad” como disciplina estatal y seguridad como lenguaje común para articular alianzas amplias —incluyendo, en la práctica, a sectores empresariales y multilaterales— detrás de una prioridad que promete orden. En lectura materialista, esa operación no es neutra: la seguridad se vuelve el paraguas que permite reacomodar la región para un mundo más competitivo, pero también para un mercado más exigente con “certezas” (reglas, fuerza, fronteras, inversión), incluso cuando esas certezas suelen significar —en la vida cotidiana— más control sobre territorios populares, sobre movilidad y sobre trabajo.

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