Lun. Feb 23rd, 2026

Archivos Epstein agudizan crisis de legitimidad en EE.UU. y erosionan confianza en élites políticas y empresariales

Feb 23, 2026

La nueva publicación de documentos del caso Jeffrey Epstein por parte del Departamento de Justicia reactivó el debate sobre impunidad y encubrimiento estatal. Un sondeo Reuters/Ipsos revela que la mayoría de la población percibe que el escándalo debilitó su confianza en dirigentes políticos y del gran empresariado, y que amplios sectores creen que el gobierno aún oculta información clave.

Por Equipo El Despertar

En los últimos días, el Departamento de Justicia de Estados Unidos actualizó su repositorio público del caso Epstein —la llamada “Epstein Library”—, un archivo que el propio organismo presenta como un conjunto de materiales “responsivos” a la ley de transparencia sobre estos antecedentes. En su aviso, la institución subraya que el material puede contener información sensible y que, pese a los esfuerzos de revisión y tachado, el volumen del archivo vuelve probable que persistan datos personales o delicados en algunos documentos.

La publicación, que reabre una de las tramas más corrosivas para la credibilidad del poder en EE.UU., llega en un contexto donde el Estado intenta administrar la presión pública bajo un formato de “transparencia controlada”: liberar parte del archivo, pero con cautelas, advertencias y márgenes de opacidad que, lejos de cerrar el episodio, alimentan la sospecha de que la información relevante sigue fragmentada o filtrada según conveniencias institucionales.

En ese clima, una encuesta Reuters/Ipsos levantada entre el 13 y el 16 de febrero muestra una señal política nítida: la confianza en las capas dirigentes se sigue hundiendo. Según el sondeo, 53% de los encuestados afirma que la idea de que los archivos Epstein “bajaron su confianza” en líderes políticos y empresariales describe su visión “extremadamente” o “muy” bien, y otro 24% dice que lo describe “algo” bien (un total de 77%).

La desconfianza no se limita al “escándalo” como hecho aislado, sino que se proyecta como diagnóstico sobre el funcionamiento del Estado y su relación con los poderosos. Tres de cada cuatro (75%) consideran “definitiva o probablemente” cierto que el gobierno federal oculta información sobre los presuntos “clientes” de Epstein; y 65% cree que también oculta información sobre la muerte de Epstein. Ipsos añade que estos resultados se mantienen “aproximadamente sin cambios” respecto de mediciones previas desde julio de 2025, lo que sugiere que la publicación de documentos no está reponiendo legitimidad: está consolidando el escepticismo.

El mismo estudio apunta a una idea aún más incómoda para el relato institucional: el caso se lee como prueba social de impunidad de clase. Siete de cada diez (69%) sostienen que la frase “los archivos Epstein muestran que los poderosos en EE.UU. rara vez rinden cuentas por sus acciones” describe su visión “extremadamente” o “muy” bien, con mayorías en todos los segmentos partidarios reportados por Ipsos (incluidos demócratas, independientes y republicanos).

Y, lejos de imponerse el cansancio, el sondeo indica que la discusión seguirá: solo 21% cree que “ya es hora de que el país deje de hablar” de los archivos Epstein (en términos de “extremadamente” o “muy” de acuerdo con esa idea).

Desde una lectura marxista, este cuadro no es una simple “crisis de imagen” del sistema político, sino una grieta en la legitimidad de su arquitectura social: cuando la riqueza y el acceso a redes de poder operan como blindaje —en tribunales, agencias, oficinas, lobbies y medios—, el Estado aparece menos como árbitro neutral y más como administrador de un orden donde la élite puede comprar tiempo, silencio y excepciones. En ese sentido, el “caso Epstein” funciona como una ventana a la forma real del poder bajo el capitalismo: una estructura que combina coerción (ley, policía, cárceles) con consenso (credibilidad pública), y que entra en tensión cuando la base social percibe que la justicia no aplica igual para todos.

Así, el impacto político más profundo no se reduce a quién “cae” o quién “se salva” en el juego de la coyuntura, sino a algo más estructural: la sensación extendida de que, incluso cuando se abren archivos, el control de la verdad sigue en manos de las mismas instituciones cuestionadas.

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