La Metropolitan Police arrestó al exembajador del Reino Unido en Estados Unidos, Peter Mandelson (72), para interrogarlo por la sospecha de “misconduct in public office” (mala conducta en el ejercicio de un cargo público), en una causa reactivada por nuevas filtraciones y liberaciones masivas de documentos vinculados a Jeffrey Epstein. El caso vuelve a tensionar a la política británica y alimenta la crítica social contra un poder estatal históricamente entrelazado con redes del capital financiero.
Por Equipo El Despertar
La policía metropolitana de Londres confirmó este lunes la detención de un “hombre de 72 años” bajo sospecha de mala conducta en cargo público, en el marco de una investigación asociada a los vínculos del exministro laborista Peter Mandelson con el fallecido financista estadounidense Jeffrey Epstein. Según el parte policial citado por prensa británica e internacional, el detenido fue trasladado a una comisaría para ser entrevistado, tras diligencias previas que incluyeron órdenes de registro en domicilios asociados a la misma línea investigativa.
El foco del caso —según reconstrucciones periodísticas a partir de los llamados “Epstein files”— no apunta a delitos sexuales imputados a Mandelson, sino a la sospecha de que, cuando ocupaba roles de gobierno, habría compartido o facilitado información oficial sensible (potencialmente relevante para negocios) con Epstein. Parte de ese material incluiría intercambios de 2009 donde aparecen referencias a discusiones internas sobre medidas de política económica y planes de recaudación del Estado en el contexto de la crisis financiera global, además de menciones a impuestos al sector bancario.
La detención ocurre semanas después de que la propia Met anunciara formalmente la apertura de una investigación por este mismo delito, vinculando el inicio del caso a nuevas liberaciones documentales desde Estados Unidos y a reportes recibidos en Londres. En declaraciones recogidas por The Guardian, la policía señaló que, tras la difusión de más documentación del caso Epstein por el Departamento de Justicia estadounidense, recibió reportes por presunta mala conducta, “incluyendo una derivación del gobierno del Reino Unido”.
En términos políticos, la caída de Mandelson no es la de un actor menor: fue un arquitecto clave del “Nuevo Laborismo”, y en años recientes había ocupado un puesto diplomático de alto perfil en Washington hasta que fue removido en 2025, precisamente cuando se amplificó el alcance público de sus nexos con Epstein.
Desde una lectura marxista, el episodio vuelve a mostrar un rasgo estructural del Estado capitalista contemporáneo: la frontera porosa entre “lo público” y los intereses del gran capital. Cuando información estratégica del aparato estatal —sobre impuestos, rescates, privatizaciones o venta de activos— circula como moneda de cambio en entornos de élite, no se trata solo de “fallas éticas” individuales: se expresa una forma de poder donde la política funciona, demasiadas veces, como administración de negocios para minorías con acceso privilegiado. En ese cuadro, lo que erosiona la confianza no es únicamente el escándalo, sino la confirmación recurrente de que las reglas de la democracia liberal se aplican con distinta vara según clase, apellido y redes.
La investigación sigue abierta y, por ahora, la detención no equivale a culpabilidad: en el sistema británico la policía puede interrogar y luego decidir si acusa, libera o mantiene medidas mientras continúan diligencias. Pero el golpe simbólico ya está dado: otro nombre “de arriba” entra en el circuito penal de un caso que, por su propia naturaleza, funciona como radiografía de cómo se conectan poder político, diplomacia e infraestructura financiera a ambos lados del Atlántico.
