El texto fue publicado en octubre de 2025 y, desde una estructura híbrida y definida por diferentes voces narrativas, ha cautivado a los lectores y lectoras de diversas latitudes del mundo, sin duda por su forma de representar la fluidez de la memoria, su configuración estelar y, en definitiva, por narrar un capítulo importante en la historia de Nuestra América.
Por Diego González
Marciano es un texto fundamental para construir memoria histórica y ser ejemplo de resistencia. Escrito desde una profunda matriz dramática, sin dejar la esencia del diálogo, Nona Fernández explora temáticas en relación con los recuerdos de un pasado revolucionario. Desde las cenizas de los humos que quedaron y las experiencias vividas por Mauricio Hernández Norambuena —el “Mauri”, “Pepe”, “Comandante Ramiro” (y más)—, la autora reivindica una historia de vida que, como sentenciara Silvio Rodríguez acerca de las revoluciones, no es ni buena ni mala: fue y es, ante todo, absolutamente necesaria.
El texto fue publicado en octubre de 2025 y, desde una estructura híbrida y definida por diferentes voces narrativas, ha cautivado a los lectores y lectoras de diversas latitudes del mundo, sin duda por su forma de representar la fluidez de la memoria, su configuración estelar y, en definitiva, por narrar un capítulo importante en la historia de Nuestra América. El libro, que ya ha sido traducido al inglés, vincula una historia que comienza con un diálogo entre Nona y Mauricio acerca de lo geométrico en la estética de la vida: “La realidad es gigante y para intentar darle un orden se le encierra en un rectángulo. ¿Será que la historia está subordinada a la geometría?” (18). El estilo literario es reflexivo, ávido de interpretaciones personales y colectivas acerca del relato inconcluso de quien ha sido uno de los hombres más influyentes en la historia más reciente de la sociedad chilena.
Marciano es el libro más extenso y en el que mayor libertad de escritura se ha tomado Nona Fernández en su diseño. Más allá de su afición por la astrología y la ufología, el título es uno de los muchos apodos y chapas que tuvo Mauricio Hernández a lo largo de su vida, siendo un ejemplo de innovación que entra en diálogo con obras más recientes de la escritora, como el ensayo Voyager (2019), donde mezcla memoria personal, astrología y dictadura para generar memoria histórica en nuestra sociedad. Este es un texto previo que sustenta aún más las reflexiones que la autora desarrolla acerca del ejercicio de la memoria y su relación con el espacio exterior desconocido: “La mente era el espejo del cosmos, dijo, y sus posibilidades ilimitadas. Mediante el arte de la memoria se podría almacenar completamente todo y con esa invaluable herramienta hombres y mujeres serían portadores del conocimiento absoluto rompiendo las fronteras de su propia humanidad” (95).
Otros análisis y críticas lo señalan como el punto más extremo de su hibridación entre archivo, memoria y ficción. Sin embargo, nuestro análisis apunta a relevar un texto fundamental para los métodos de resistencias actuales al modelo neoliberal, y cómo su lectura es necesaria sobre todo para los desafíos de la juventud actual y la iniciativa combativa que se debe tener para transformar el mundo. Lo más íntimo que Mauricio Hernández Norambuena le contó a Nona Fernández no fue cómo intentó matar a Pinochet ni cómo escapó colgado de un helicóptero. Fue algo que le costaba admitir: que a solas, en su celda, conversa con sus compañeros muertos. Esa confesión, hecha con pudor, es la columna vertebral de Marciano. Estas experiencias son relatadas en once capítulos subtitulados como “Encuentros”, que van siendo una hoja de ruta para abarcar las diversas historias hiladas a través de la memoria de Mauricio, el cual, más que presentado como héroe, es una persona que ha sufrido el aislamiento total por enfrentar a los más poderosos del sistema neoliberal latinoamericano.
Durante el Primer encuentro, “El mar del Puerto”, y el Segundo encuentro, “Cerro Esperanza”, ambos sumergen al lector en los primeros años de infancia, adolescencia y juventud de Mauricio, marcada por la precarización de la vida en años de dictadura militar, provocada a partir de la crisis económica que desencadenó el proceso autoritario tutelado por Jaime Guzmán y la Junta Militar liderada por Pinochet. Es a partir de esa vida en el puerto y la experiencia de la Unidad Popular donde Mauricio desarrolla su conciencia de clase, influenciado por sus hermanos y su vida familiar:
Yo entré muy chico a las Juventudes Comunistas, a los trece o catorce años. Pero mis hermanos eran más grandes y llevaban a sus amigos y se discutía de alta política. Leíamos a Trotski, a Lenin, había mucho intercambio de ideas. Eran los tiempos de Allende, de la Unidad Popular, y todo era muy festivo, muy fraternal. Ayudábamos en las poblaciones, recogíamos naranjas en los campos, pintábamos murales. Hacíamos mucho trabajo voluntario. (40)
La actitud revolucionaria se fue forjando en el trabajo de masas en el cual se desarrolló la conciencia de clase de Mauricio, siendo ejemplo y punta de lanza para la actual preparación de cuadros revolucionarios que, junto al pueblo, construyan futuro con sus propias manos. Nona lo lleva inmediatamente a la situación de repliegue, buscando generar un relato que vaya observando la actitud de resistencia que se desarrolla en el pueblo chileno durante los años de dictadura. A través del Tercer encuentro, “Gente que no está”, las y los lectores se encuentran con las voces de El Lobo (conocido como Joaquín), Claudia, El Loco (conocido como Salomón), La Flaca (conocida como Tamara) y Emilia; siendo narradores construidos por Fernández para contar la historia íntima de Mauricio y colectiva del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, una época donde: “Teníamos veinte años y todavía no sabíamos que el sueño de la revolución no era inocente. Eso lo vinimos a entender después. Un poco después” (81). Son historias que hacen un llamado a la acción de la memoria contra la indolencia frente a quienes dieron su vida en la lucha contra la dictadura.
El Cuarto encuentro, “Cárcel de alta seguridad”, nos revela la rutina que Ramiro ha tenido a lo largo de su presidio: su estrecha relación con la lectura, el ajedrez y sus técnicas de sobrevivencia que permiten sobrellevar el encierro. “Mi intención no es defenderlo ni condenarlo”, ha dicho Nona Fernández una y otra vez mientras presenta Marciano. La declaración no es ingenua. En un país donde el nombre de Mauricio Hernández Norambuena sigue siendo una grieta en la memoria, Fernández se propone algo más difícil que tomar partido: observarlo. Y desde esa relación que construye, permite elaborar un libro que rescata la humanidad de esta historia y de su personaje principal, el cual sigue aquí entre nosotros, con mucho que aportar a la resistencia de una memoria que nos permita proyectar el futuro, sobre todo el de la juventud chilena.
El Quinto encuentro, “Operación siglo XX”, permite seguir de cerca el relato de un evento histórico que marcó para siempre el destino de Chile. El Frente Patriótico ejecuta el atentado a Pinochet, el cual no cumplió su objetivo principal —su asesinato— para dar paso a la rebelión popular. Sin embargo, más allá de todo lo que implica esta historia, el Comandante Ramiro es analizado por Mauricio, y desde sus más profundas reflexiones a partir de este encuentro nos deja una fundamental enseñanza: “La historia tiene su propia brújula que a veces coincide con la nuestra, pero la mayor parte del tiempo se dispara hacia donde quiere y nos noquea pasándonos por encima. La historia nunca se controla” (208). Esta máxima, de un profundo materialismo dialéctico, reconoce que si bien la lucha de clases es el motor de la historia, su desenvolvimiento no es una línea recta trazada por la voluntad de los revolucionarios.
El Sexto encuentro, “Los Queñes”, está estrechamente ligado al anterior. Esta vez, con la aparición de la voz de Carla Pellegrini, Nona cuenta la historia del eterno Comandante Rodrigo: Raúl Pellegrini. Es un encuentro que no solo repasa hechos históricos, sino que también lo vincula con los diversos métodos de lucha que se han llevado a cabo por el cuidado de Ramiro en la Cárcel de Alta Seguridad. Carla permitió a Mauricio reencontrarse con la vida, los tactos, los olores, sabores e incluso sentimientos:
“No hay día que lo visite en que no hablemos de mi hermano. Es un acuerdo tácito, nunca verbalizado. En esta relación que tenemos, que se desarrolla todos los miércoles desde las tres de la tarde, yo soy un poco Rodrigo para él. Y él es un poco Raúl para mí. Hemos hecho ese pacto, que a ratos creo que es de a tres” (319).
Dejaremos incógnitos los métodos que Carla llevó a cabo para la reconexión de Mauricio con el exterior, para la intriga de la lectura de esta necesaria obra de Nona Fernández. A través de la voz de Carla, vemos cómo Mauricio ha podido sobrellevar el sometimiento al aislamiento prolongado cuatrocientas trece veces entre febrero de 2002 y enero de 2019. Según la regla internacional, el aislamiento prolongado no puede exceder los quince días, siendo un claro ejemplo de vulneración de derechos humanos que han causado el deterioro del Comandante, pero no han sido causa del olvido.
El asesinato de Jaime Guzmán es un episodio de la historia que ha sido repasado en varias ocasiones por la autora en su obra. A pesar de que la explicación de su relación con el máximo defensor ideológico del régimen cívico-militar es prácticamente la misma expuesta en su ensayo Voyager, el Séptimo encuentro, “1° de abril”, permite abordar el hecho con mayor perspectiva de narración. El Frente Autónomo lleva a cabo una venganza por parte del pueblo de Chile a las cúpulas derechistas y golpistas en 1991, cerrando un rito de odio hacia un personaje que justificó las violaciones de derechos humanos y defendió el carácter de la dictadura.
El capítulo aborda cómo la vida personal de la autora se entrecruza con situaciones en las que Ramiro se ha visto involucrado en todo el período de su propia infancia y juventud, por coincidencias geográficas como de época. Este encuentro, que también narra la conformación del Frente Autónomo, deriva en la muerte del Comandante Rodrigo y la Comandante Tamara luego del asalto al pueblo de Los Queñes, siendo un capítulo histórico dentro de la vida de Mauricio Hernández, que hasta el día de hoy sigue siendo objeto de su propia reflexión, como también la revisión de los diversos relatos y reconstrucciones que se han hecho de la historia. Este séptimo encuentro es muy personal y emocionante al ver el nivel de autocrítica que ha desarrollado Mauricio en el encierro acerca de sus diversas facetas y roles que le tocó cumplir en libertad. La lucha de los comandantes en el Frente Autónomo está vigente, y su ímpetu revolucionario es implacable para desmantelar el neoliberalismo y generar poder popular.
El Octavo encuentro es similar en relación con lo que busca Nona Fernández transmitir en la narración: lo más íntimo de Mauricio Hernández. “El último encuentro” es un capítulo donde nuevamente se releva el rol de la lectura para la liberación del espíritu y la mente en situaciones de extremo encierro. La lectura es refugio, pero también es resistencia; cada experiencia queda alojada en la memoria. Sin embargo, es importante relevar la historia del Comandante Joaquín que tiene en este capítulo, su enfermedad y posterior muerte como indigente en Argentina. El último encuentro se produce en Osorno, donde ambos comandantes —Ramiro y Joaquín— se despiden para siempre. Actualmente, en el Cerro Esperanza de Valparaíso hay una biblioteca popular con el nombre de Joaquín, con los libros que Mauricio ha leído en el presidio, de los cuales tiene hecha una ficha de lectura para cada uno de ellos, superando las 235 mil lecturas revisadas a la fecha.
El encierro es un tópico que cruza todo el relato de Marciano, siendo el Noveno encuentro, “Encierros”, el repaso de la abnegada lucha de la familia de Mauricio por su liberación, como también por las mejoras en las condiciones en las que cumple condena por enfrentarse al poder neoliberal latinoamericano. Laura y Cecilia Hernández, sus hermanas, han sido fundamentales en el cuidado de Ramiro, visitando constantemente las prisiones en las cuales se encontraba, ya sea acá en Chile como en Brasil (luego de ser capturado por el secuestro del publicista Olivetto en 2001 para financiar la guerrilla colombiana de la cual era parte). Mauricio estuvo en el Presidio Federal de Catanduvas en Paraná, en el Presidio Federal de Campo Grande en Mato Grosso do Sul, en el Presidio Federal de Porto Velho en Rondonia, en el Presidio Federal de Mossoró en Rio Grande do Norte, entre otros.
Desde todos los lugares enviaba cartas a sus familiares y amigos, en especial a Mauricio “Chico”, su sobrino, que desde muy pequeño mantuvo contacto con su tío, a quien no conocía en persona, solo a través de la escritura. Motivado por las injusticias sufridas por su tío en los presidios brasileños, estudió leyes y llevó a cabo la defensa de Ramiro, la que fue crucial para demandar al Estado de Brasil en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2025 por los vejámenes y vulneraciones a los derechos de que fue objeto Ramiro. El Décimo encuentro, “Correspondencia”, narra cómo se fueron llevando a cabo los vínculos entre Mauricio y su familia desde el encierro, culminando con su extradición al país en 2019, donde mantiene un estricto sistema de vigilancia en la Cárcel de Alta Seguridad en Rancagua, Chile. Pero sin duda, junto con la demanda a Brasil, han sido objetivos cumplidos por su familia y el Mauri Chico.
Finalmente, el Último encuentro, titulado “Encuentros cercanos”, es un desafío para la escritora. Al igual que en Voyager, el final se vuelve complicado en un texto donde la fluidez de la memoria es la columna vertebral; un caudal de recuerdos no finaliza con un punto final. Sin embargo, en conjunto con Mauricio proyectan tres finales para este gran híbrido, que incluso incluye imágenes y referencias musicales, lo que, desde una perspectiva interespectacular, es un texto que puede ser escenificado llevando a cabo una dramatización intensa. Estos finales son inconclusos, una historia que aún está en desarrollo: “¿Tiene forma un final? ¿Cabe en una ventana?” (504). Pero el final nos lleva a la desregulación de la escritura, a las profecías ufológicas y al sentido de pequeñez que tenemos como humanidad frente al espacio exterior, ideas compartidas tanto por Nona como Mauricio. Todo se diluye frente a la inmensidad del cosmos, y esa es una forma de entregar la lucha a las futuras generaciones. La lucha por la libertad, la vida y el buen vivir de los pueblos en Nuestra América, es algo inevitable y responde a la unidad material del mundo que explica Marx.
En 2022, Nona Fernández aceptó escribir el guión de una serie sobre Mauricio Hernández Norambuena. La serie nunca se realizó, pero durante cuatro años ella siguió yendo a la cárcel de Rancagua los viernes de 10 a 14 horas, teniendo como resultado este libro que cuenta no solo la historia personal del Comandante Ramiro, sino también la historia colectiva de quienes fueron construyendo el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, extensión armada del Partido Comunista de Chile, y sus principales acciones entre 1983 y 1999, nacido de la política de rebelión popular. Marciano es un texto que nos invita a entender que ninguna revolución es inocente. ¿Será hora de que las juventudes visiten o se comuniquen con Ramiro? ¿Qué grietas en la memoria podríamos restaurar en colectivo de nuestro pasado histórico como sociedad?
Ramiro sigue siendo comandante de la lucha contra el olvido y la resistencia de la memoria.
Referencias:
Fernández, Nona. Marciano. Literatura Random House, 2025.
Fernández, Nona. Voyager. Literatura Random House, 2020.
