La orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero de 2026 ha llevado el bloqueo a su máxima expresión: impedir por la fuerza la llegada de combustible a la isla, bajo amenaza de aranceles a cualquier país o empresa que comercie con La Habana. El resultado son apagones que paralizan la vida cotidiana, hospitales al límite y una crisis humanitaria que Naciones Unidas califica como violación del derecho internacional . Mientras tanto, el gobierno cubano resiste con medidas de contingencia y la solidaridad internacional, demostrando que el propósito genocida del imperio no logrará doblegar la dignidad de un pueblo.
La nueva escalada del bloqueo estadounidense contra Cuba, en vigor desde hace más de seis décadas, ha alcanzado niveles de crudeza inéditos con la orden ejecutiva del 29 de enero de 2026. La medida, firmada por el presidente Donald Trump, establece una “emergencia nacional” y presenta a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para justificar la imposición de aranceles a bienes y productos de terceros países que vendan o suministren petróleo a la isla . En la práctica, se trata de una declaración de guerra económica que busca estrangular por completo la capacidad de funcionamiento del país caribeño.
El embajador cubano en Namibia, Sergio Vigoa de la Uz, denunció con claridad la naturaleza de esta agresión: “Para cualquier economía de un país, sea grande o pequeña, el combustible es elemento vital para su funcionamiento. En el caso de Cuba que la generación eléctrica depende fundamentalmente de combustibles, al no recibirlo es imposible generar electricidad, lo que provoca muchas horas de apagones y el inestable funcionamiento de las industrias, los hospitales, las escuelas, la recolección de desechos sólidos, el bombeo de agua potable a la población o de gas manufacturado para la cocción de alimentos” .
El rostro concreto del genocidio silencioso
Las cifras y los hechos hablan por sí mismos. El expresidente ecuatoriano Rafael Correa fue contundente al calificar la situación: “Cuba, a diferencia de Venezuela, no tiene recursos naturales, y siempre fue dependiente de hidrocarburos. Bloquearle es criminal. Yo veo a un pueblo cubano que siempre ha sabido salir adelante, pero el daño es enorme. Es un pueblo que lo han dejado sin electricidad. Es criminal lo que le están haciendo” .
La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha documentado minuciosamente las consecuencias. Su portavoz, Marta Hurtado, señaló que “las unidades de cuidados intensivos y las salas de urgencias se han visto afectadas, al igual que la producción, el suministro y el almacenamiento de vacunas, productos sanguíneos y otros medicamentos sensibles a la temperatura. En Cuba, más del 80% de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de energía están perjudicando el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene” .
El sistema de distribución de alimentos también ha sido gravemente golpeado. La restricción en la disponibilidad de combustible afecta a los grupos más vulnerables, incluidos los programas de alimentación escolar, las maternidades y las residencias de ancianos . El coordinador residente de la ONU en Cuba, Francisco Pichón, advirtió que la situación ha pasado de provocar una escasez “temporal” a algo “sistemático” que se ha convertido “en el principal multiplicador de riesgos humanitarios” .
Javier Albornoz Rebolledo, miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile, enfatizó el carácter de clase de esta agresión: “Las consecuencias no distinguen entre posiciones políticas: afectan directamente a personas concretas. Pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, mujeres embarazadas, niños y niñas enfrentan las limitaciones de una política que utiliza la escasez como forma de presión” .
La respuesta del pueblo organizado: resistencia creadora
Frente a esta arremetida, el gobierno cubano ha puesto en marcha un plan de contingencia que busca garantizar los servicios esenciales y la sobrevivencia del proyecto revolucionario. El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga explicó en Mesa Redonda las medidas adoptadas: “El combustible se destina a la protección de los servicios esenciales de la población y a las actividades económicas imprescindibles. La generación de electricidad se sostiene, en lo fundamental, con la producción nacional de crudo, gas acompañante y el empleo de las fuentes renovables de energía” .
Entre las acciones destacan la continuidad del programa de instalación de parques solares fotovoltaicos y la entrega de 20.000 sistemas solares para viviendas, que incluyen paneles y baterías para la noche. “En medio de esta situación se mantiene en ejecución todas las inversiones que van a garantizar definitivamente la sostenibilidad de nuestro sistema electroenergético nacional sin depender de la importación de combustible. Ese es el camino, ese es el punto a donde tenemos que llegar”, afirmó Pérez-Oliva Fraga .
Además, se ha decidido descentralizar la importación de combustible, autorizando a cualquier empresa que tenga posibilidad de adquirirlo a hacerlo directamente . En la producción de alimentos, el país se ha propuesto sembrar 200.000 hectáreas de arroz para garantizar una parte importante de la demanda, protegiendo esta producción con combustible a pesar de la situación compleja .
El embajador Vigoa de la Uz respondió con ironía a las declaraciones de Trump que calificaban a Cuba como “nación fallida”: “Si realmente Cuba fuera una nación fallida, qué necesidad habría de someterla a constantes presiones para intentar estrangular su economía. No se podría hablar de una nación fallida si, a pesar de los más de 66 años de férreo bloqueo económico, financiero y comercial, Cuba mantiene indicadores sociales, de salud, educación, deportes y cultura similares y en algunos casos superiores a los de Estados Unidos” .
La comunidad internacional frente al imperio
El rechazo a esta política criminal ha sido generalizado. La Comunidad del Caribe (Caricom) expresó su disposición a “participar de cualquier manera que pueda beneficiar al pueblo cubano mientras la zona se mantiene estable” . El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, declaró que “los cubanos enfrentan graves dificultades económicas, escasez de energía y una creciente presión humanitaria”, lo que podría tener consecuencias para toda la región .
Naciones Unidas ha sido particularmente enfática. El Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, instó a que “todos los Estados levanten las medidas sectoriales unilaterales”, insistiendo en “su impacto amplio e indiscriminado” en la población local. Su portavoz añadió: “Los objetivos de política no pueden justificar acciones que, en sí mismas, violan los Derechos Humanos” .
Sin embargo, las contradicciones interimperialistas también se hacen presentes. Mientras Caricom enviará asistencia humanitaria, existen evidentes desencuentros internos sobre el rol de Washington en la región. El presidente saliente del bloque, Terrance Drew, admitió que “Caricom no tiene una política exterior homogénea ni única; eso queda en manos de los estados soberanos” , revelando las presiones que ejerce el imperio sobre sus aliados regionales.
El costo acumulado de seis décadas de agresión
Los daños causados por el bloqueo son incalculables, tanto en lo material como en lo humano. A precios corrientes, los perjuicios acumulados en la economía cubana ascienden a más de 170.677 millones de dólares. Tomando en consideración la depreciación del dólar frente al oro en el mercado internacional, la cifra supera los 2,1 billones de dólares .
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla expresó con dolorosa precisión lo que las estadísticas no pueden capturar: “No es posible expresar en cifras el daño emocional, la angustia, los sufrimientos, las privaciones que el bloqueo genera en la familia cubana. Así ha sido por varias generaciones, pues más del 80% de los cubanos en la Isla nacieron después del comienzo del bloqueo” .
Carlos Ernesto Rodríguez Etcheverry, embajador de Cuba ante San Vicente y las Granadinas, lo resumió en pocas palabras: “Cuba: castigada pero no doblegada” . Y Rafael Correa advirtió sobre los límites del poder imperial: “Estados Unidos puede bombardear Cuba, pero no van a poder invadirla, eso sería otro Vietnam para ellos, y ellos saben que desde adentro no van a poder desestabilizar al régimen” .
La orden ejecutiva del 29 de enero de 2026 no es más que el último capítulo de una guerra que lleva 66 años. El imperio aprieta el cerco, pensando que el hambre y la oscuridad rendirán a un pueblo. Pero la historia de Cuba demuestra lo contrario: cada embate ha fortalecido la resistencia y la conciencia. El bloqueo es criminal, es genocida, es una violación del derecho internacional. Pero Cuba resiste, y en esa resistencia se juega no solo el futuro de la isla, sino la dignidad de todos los pueblos que luchan por su soberanía.
