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Gritos de la clase dominante: el “show del león” de Milei en el Congreso, una catarsis autoritaria al servicio del ajuste y el capital concentrado

Mar 2, 2026
Foto EFE

Lejos de ser un simple exabrupto, el discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones legislativas, plagado de insultos como “ladrones”, “asesinos” y “parásitos” contra la oposición, constituye un acto de guerra política de la fracción más ultramontana de la burguesía argentina. Mientras sus militantes celebran desde las galerías al grito de “libertad”, el jefe de Estado descarga su furia verbal contra los representantes de los sectores populares, en una maniobra que busca disciplinar al parlamento, naturalizar el ajuste y ocultar las contradicciones de un modelo que profundiza la entrega de los recursos nacionales al gran capital internacional y a los “empresarios amigos del poder” a los que, paradójicamente, también insulta para simular una falsa ruptura con la “casta”.

Por Equipo El Despertar

La puesta en escena no pudo ser más elocuente. El presidente Javier Milei, flanqueado por los granaderos heredados del libertador San Martín, convirtió el acto institucional por excelencia de la democracia burguesa en un ring de boxeo verbal. “Manga de ladrones, ignorantes, la justicia social es un robo”, espetó desde el atril, desatando las carcajadas de sus seguidores en las galerías, mientras los legisladores de la oposición recibían una lluvia de improperios: “chorros”, “asesinos”, “cavernícolas”, “parásitos” .

Este despliegue de agresividad, que las crónicas liberales califican como “polémico” o “de mal gusto”, debe ser analizado a la luz de la lucha de clases. Como señalara Lenin, la violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada con una nueva. En este caso, la violencia verbal de Milei es la partera del ajuste más brutal que recuerde la historia argentina reciente. Sus insultos no son meros arrebatos de temperamento, sino la expresión descarnada de una fracción de la burguesía que, para imponer su programa de liquidación del estado social y de entrega de los recursos estratégicos, necesita destruir moralmente a sus oponentes políticos y deslegitimar cualquier forma de representación de los intereses populares.

El “león” que ruge para el gran capital

El discurso estuvo lejos de ser un simple catálogo de agravios. Detrás de cada insulto se esconde una operación política concreta. Cuando Milei grita “tienen a la jefa suya presa” en alusión a Cristina Fernández de Kirchner, no solo celebra una condena judicial, sino que busca enterrar simbólicamente al kirchnerismo como proyecto político que, con todas sus contradicciones y traiciones a la clase trabajadora, sigue representando un dique de contención electoral para las masas populares.

Pero la operación más sofisticada ocurre cuando el Presidente dirige sus dardos contra los empresarios. Al mencionar a Paolo Rocca (Techint) y Javier Madanes Quintanilla (Aluar), y al afirmar que “políticos y empresarios son cómplices de la corrupción”, Milei intenta construir una falsa imagen de “antisistema”. Sin embargo, su propio gobierno es la expresión política de esos mismos grupos económicos, que son los principales beneficiarios de la devaluación, la liberalización de precios y los subsidios encubiertos al capital exportador. Se trata de la clásica estrategia bonapartista: el líder que se sitúa por encima de las fracciones para unificarlas bajo su mando, mientras simula enfrentarlas. El filósofo marxista Néstor Kohan lo ha explicado con claridad: “El discurso contra la ‘casta’ es el ropaje ideológico que necesita la nueva derecha para implementar el ajuste que la vieja derecha no se animaba a hacer”.

Las masas, espectadoras y rehenes

Mientras los militantes oficialistas celebran en las galerías al grito de “libertad” o “tobillera”, la realidad material de la clase trabajadora argentina sigue su curso: salarios de hambre, tarifazos, despidos y cierre de fábricas como la emblemática Fate, precisamente una de las empresas mencionadas por Milei. La risa que provocó el insulto a la diputada Myriam Bregman (“chilindrina trotska”) es la risa de quienes se sienten parte del “bando ganador” en la guerra de clases, aunque su “victoria” consista en sobrevivir en un país que se desmorona.

El momento cumbre de la ceremonia fue la invocación al economista español Jesús Huerta de Soto, a quien Milei considera su maestro: “El mundo tiene dos tipos de personas: los que viven de lo que otros producen, es decir, los parásitos, como ustedes, y los que hacen posible la vida moderna”. Esta frase, dicha con el dedo acusador señalando a los legisladores opositores, resume toda la cosmovisión de la nueva derecha: la sociedad se divide entre “productores” (los empresarios y sus voceros) y “parásitos” (los trabajadores organizados, los movimientos sociales, los políticos que resisten el ajuste). Es la negación misma de la explotación capitalista, presentada como una relación armónica entre “emprendedores” y “vagos”.

Sin anuncios, solo agravios

La crónica de Emol consigna un detalle crucial: el jefe de Estado evitó hacer anuncios concretos y se limitó a marcar “un contraste con la herencia recibida tras doce años de gobierno kirchnerista”. En efecto, el discurso fue todo forma y ningún contenido programático. No hubo planes para la industria, ni medidas para paliar el hambre, ni soluciones para la deuda externa. Solo hubo un show mediático diseñado para que los titulares del día siguiente hablen de los insultos y no del desmantelamiento del estado que se está llevando a cabo por decreto.

La burguesía argentina ha encontrado en Milei la voz que necesitaba: una voz que grita lo que ellos susurran en sus consejos de administración. Una voz que, a fuerza de insultos, intenta convencer a las masas de que sus verdaderos enemigos no son los que se enriquecen con su trabajo, sino los políticos que, con todas sus miserias, aún pueden ser el blanco del descontento popular. Mientras el “león” ruge, el ajuste avanza. Y la clase trabajadora, entre el insulto y el olvido, busca afanosamente una salida que no le sea dictada desde los atriles del poder.

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