Lun. Mar 2nd, 2026

La diagonal del miedo: entre la condena abstracta y el alineamiento explícito — Las contradictorias reacciones del establishment chileno frente al nuevo zarpazo imperialista en Irán

Mar 2, 2026
Foto ATON

Mientras el gobierno de Gabriel Boric opta por una equidistancia condenatoria que equipara la agresión del complejo militar-industrial estadounidense-sionista con la legítima defensa del pueblo iraní, la Oficina del Presidente Electo de José Antonio Kast se apresura a justificar la barbarie imperialista bajo el ropaje de la “libertad y la democracia”. Dos caras de la misma moneda de una burguesía dependiente que, desde su posición subordinada en la periferia del capitalismo global, administra su relación con el imperio sin atreverse a denunciar las raíces estructurales de la masacre que ya deja más de 200 mártires en Medio Oriente.

Por Equipo El Despertar

En un ejercicio de contorsionismo diplomático que revela las contradicciones de un Estado que aspira a una retórica progresista sin romper con los mecanismos de dominación imperial, el gobierno del Presidente Gabriel Boric optó el sábado por una declaración que, bajo la apariencia de neutralidad, termina diluyendo la responsabilidad del agresor. A través de un comunicado de Cancillería, el Ejecutivo condenó simultáneamente “los ataques contra Irán perpetrados por Estados Unidos en conjunto con Israel, así como la respuesta del régimen iraní contra Israel y países del Golfo” . Una falsa simetría que, desde una perspectiva de clases, omite señalar que la respuesta iraní es el ejercicio legítimo de un derecho a la defensa consagrado en la Carta de Naciones Unidas, frente a una agresión unilateral y planificada desde los centros del poder imperial.

La declaración oficial, cargada de los lugares comunes del derecho internacional burgués, reafirma “su adhesión a los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, en particular “el respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados” y “la prohibición del uso o la amenaza del uso de la fuerza” . Sin embargo, esta defensa abstracta del multilateralismo choca contra el muro de la realidad: la maquinaria bélica del Pentágono y del ejército sionista no se detiene por invocaciones diplomáticas. Mientras tanto, la Cancillería informaba que mantiene contacto con las embajadas en la región para “asegurar la situación de sus funcionarios, sus familias, así como de los connacionales” , una gestión consular necesaria pero que no aborda la tragedia de fondo: los 201 muertos y 747 heridos que ya reportaba la Media Luna Roja iraní, incluyendo las 51 niñas masacradas en el bombardeo a una escuela .

Horas después, el propio Boric profundizó su postura en su cuenta de la red social X, lanzando una frase que condensa la ideología liberal en su máxima expresión: “No tenemos por qué aceptar elegir entre barbaries” . Con esta fórmula, el mandatario colocó en un mismo plano al agresor y al agredido, borrando de un plumazo las relaciones de poder asimétricas que definen el orden internacional. El análisis concreto de la situación concreta, como enseñaba Lenin, exige distinguir quién ataca y quién se defiende, quién invade y quién resiste. Boric, en cambio, optó por un gesto que busca perfilar a Chile como un “actor racional” en la comunidad internacional, sin mancharse las manos, pero sin ensuciarse la boca para denunciar el verdadero rostro del imperialismo. Además, el presidente añadió que “nada justifica la opresión del régimen iraní contra su propio pueblo y las masacres perpetradas en las últimas semanas, además de la permanente discriminación hacia las mujeres” , una declaración que, si bien apunta a las contradicciones internas del estado iraní —que desde una perspectiva marxista no pueden ser ignoradas—, resulta oportunamente utilizada para matizar la condena al imperio y presentar un falso equilibrio moral.

La OPE de Kast: el beso del vasallo al imperio

En las antípodas retóricas, aunque en el mismo universo de subordinación estructural, se ubicó la Oficina del Presidente Electo liderada por José Antonio Kast. Mientras el gobierno de Boric intentaba un malabarismo diplomático, la OPE se alineó sin ambages con la narrativa de la Casa Blanca y Tel Aviv. En un comunicado emitido la tarde del sábado, la OPE expresó que “Chile siempre debe ser aliado de las naciones que promueven la libertad y la democracia, y en consecuencia valoramos el esfuerzo por reestablecer la seguridad nuclear y el respeto irrestricto al derecho internacional” .

Aquí no hay medias tintas: se “valora” la acción militar conjunta de Estados Unidos e Israel, se legitima la agresión como un “esfuerzo” por la seguridad nuclear, y se coloca a Chile como un aliado natural de las potencias agresoras. La retórica de la “libertad y la democracia” cumple aquí su función clásica de cobertura ideológica para la expansión imperial, tal como denunciara Eduardo Galeano al señalar que “las clases dominantes de los países pobres necesitan que los países ricos estén contentos para poder seguir robando tranquilas”.

El comunicado de la OPE añadió: “Vemos con preocupación las hostilidades que se están desarrollando en Medio Oriente y en qué medida éstas puedan afectar a la población civil y causar víctimas inocentes” . Una preocupación que, significativamente, no lleva a condenar el ataque inicial de Estados Unidos e Israel, sino que se expresa de manera genérica. Y culmina con una condena selectiva: “Condenamos, asimismo, los ataques indiscriminados del régimen iraní a distintos países de la región” . Para la derecha chilena representada por Kast, el problema no es la invasión imperialista, sino la respuesta del país que se defiende. No es la agresión, sino la resistencia. Una lógica que replica, a escala sudamericana, la doctrina del “derecho a la injerencia” que las potencias han utilizado históricamente para justificar sus intervenciones en el Sur Global.

Dos almas de una misma burguesía dependiente

Estas dos posturas —la equidistancia vergonzante de Boric y el alineamiento explícito de Kast— no representan una contradicción irreconciliable, sino las dos alas de un mismo proyecto de inserción subordinada en el orden imperialista. El Partido Comunista de Chile, en una declaración separada, sí atinó a denunciar la naturaleza de clase del conflicto al señalar que “estos no sólo agreden a un país, sino que ponen en jaque toda la región y llevan al mundo a una situación que puede ser límite en cuanto a la paz mundial”, planteando que “los pueblos y gobiernos dignos del mundo deben condenar estos ataques y proponer a la brevedad una salida que reponga la estabilidad mundial y la libre autodeterminación de los países” .

Pero tanto La Moneda como la OPE eluden mencionar la palabra “imperialismo”. Eluden señalar que el ataque contra Irán busca asegurar el control de las rutas energéticas y los recursos estratégicos para las transnacionales. Eluden recordar que el programa nuclear iraní, real o supuesto, es el pretexto perfecto para una guerra que beneficia al complejo militar-industrial estadounidense y al proyecto expansionista sionista en Palestina.

Mientras Boric declara que “Chile cree y defiende en todo evento el respeto irrestricto a los derechos humanos y la observancia del derecho internacional” , los misiles del imperio siguen cayendo sobre Teherán. Mientras Kast afirma que “esperamos que se reanuden todos los esfuerzos diplomáticos para alcanzar la seguridad, estabilidad y una paz duradera en la región” , su discurso legitima la agresión que precisamente dinamita cualquier posibilidad diplomática.

En definitiva, el establishment político chileno, atrapado en su condición periférica y dependiente, solo atina a balbucear respuestas que, en el mejor de los casos, son abstractas invocaciones al derecho internacional, y en el peor, explícitos guiños al imperio. Mientras tanto, la clase trabajadora chilena observa cómo el fantasma de la guerra recorre el mundo, y cómo sus “representantes” discuten sobre cuál es la mejor manera de gestionar la barbarie sin atreverse a señalar a sus verdaderos responsables.

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