A solo días de la asunción de José Antonio Kast, Washington envía una delegación de segundo nivel encabezada por el subsecretario Christopher Landau, confirmando que el verdadero cambio de mando de la derecha chilena no ocurrirá en Valparaíso sino en la cumbre de magnates en Florida. La exclusión del secretario de Estado Marco Rubio, lejos de ser un simple ajuste de agenda, evidencia las contradicciones internas de un imperialismo que busca reordenar sus fichas en la región mientras la ultraderecha local compite por ver quién se humilla con mayor entusiasmo ante la Casa Blanca .
Mientras la prensa hegemónica se entretiene en especular sobre supuestos desplantes protocolares, la realidad material de las relaciones internacionales opera con la frialdad de los negocios y el peso de la geopolítica. La delegación que finalmente pisará el Congreso Nacional el 11 de marzo no estará liderada por Marco Rubio, como se especuló inicialmente, sino por Christopher Landau, un subsecretario de Estado con vínculos familiares con la élite chilena pero cuyo rango revela la verdadera jerarquía que Washington asigna a la cita en el Pacífico.
La ausencia de Rubio, en apariencia una baja en el ceremonial diplomático, debe leerse como lo que es: un síntoma de la reorganización que el capital financiero estadounidense está imponiendo a toda su maquinaria estatal, por una parte; y un intento de evitar un chascarro, ante las diversas manifestaciones organizadas en Chile contra su presencia en el país, por otra.
Mientras el Secretario de Estado se reserva para recibir al presidente electo chileno en Miami, la delegación que viaja a Santiago queda reducida a funcionarios técnicos y de seguridad, entre ellos Joseph Humire, secretario de guerra interino para la Defensa Nacional, y Viviena Bovo, asesora del Departamento de Guerra . Difícil encontrar una metáfora más elocuente del carácter cada vez más descarnadamente militarizado de la relación que el Imperio propone a sus satélites.
El propio Kast, en una coreografía que delata la subordinación, viajará este viernes a Miami para participar en la cumbre “Shield of America” organizada por Donald Trump, un encuentro donde los mandatarios latinoamericanos afines acudirán “a declarar su amistad política con Trump”, como advirtió el excanciller Ignacio Walker, en lo que constituye “un besamanos” de proporciones . Difícil imaginar una estampa más nítida de las relaciones centro-periferia: mientras las banderas se cambian en Santiago, las órdenes se reciben en un campo de golf de Florida, junto a otros líderes de la región que compiten por ver quién ofrece mayores concesiones a cambio de migajas .
“El Imperialismo yanqui es el principal enemigo de la humanidad”
La exclusión de Rubio no puede analizarse sin considerar las tensiones que el proyecto del cable submarino Chile-China ha generado al interior de la propia clase dominante. El Departamento de Estado revocó hace apenas días las visas de tres altos funcionarios del gobierno saliente, acusados de “socavar la seguridad regional”, en una demostración de que para Washington la soberanía nacional es un estorbo cuando se interpone en sus cálculos estratégicos . El gobierno entrante, lejos de defender la dignidad nacional, ha respondido con la cautela del subordinado que teme despertar la ira del patrón.
Mientras tanto, las organizaciones populares ya han tomado nota de la naturaleza del visitante y de sus anfitriones. El Movimiento de Solidaridad con Cuba en Chile ha denunciado en los términos más enérgicos lo que representa la presencia de estos personeros. En una declaración pública, la organización señala que “es totalmente inadmisible que uno de los principales criminales de guerra de los últimos tiempos, pise suelo nacional con la pretensión de intensificar la Doctrina Monroe en su búsqueda insaciable de recursos naturales e intención de ocultar la severa crisis integral y de descomposición por la cual atraviesa el Imperialismo” .
El lenguaje del movimiento popular no deja espacio para las ambigüedades diplomáticas: “Rubio llega a Chile con sus manos manchadas de sangre y teniendo a cuesta la muerte de miles y miles de humildes del mundo. A la historia y presente de lucha digna del Pueblo de Chile, no se le puede hacer indiferente la presencia de este tipo en nuestro país” . Por ello, han convocado a movilizaciones y a una “Marcha de las Antorchas” en repudio a la visita, entendiendo que la presencia de estos funcionarios no es un mero trámite protocolar sino una ofensiva contra los pueblos del continente .
El listado completo de la delegación estadounidense revela las prioridades reales de Washington: junto a Landau viajarán Brandon Judd (embajador en Chile), Michael Kozak (jefe para Asuntos del Hemisferio Occidental), Caleb Orr (Asuntos Económicos), el ya mencionado Joseph Humire (Defensa y Seguridad), Viviena Bovo (asesora del Departamento de Guerra) y Matthew Rhodes (jefe de Gabinete del Departamento de Estado) . La presencia de dos funcionarios explícitamente vinculados a “Guerra” y “Defensa” en una ceremonia de traspaso presidencial dice mucho más que cualquier discurso sobre la profundización de la militarización que se avecina.
En este contexto, la ausencia de líderes de ultraderecha que habían sido anunciados como asistentes —Giorgia Meloni, Nayib Bukele, Viktor Orbán— no hace sino confirmar que el verdadero centro de gravedad del nuevo bloque reaccionario no está en las cancillerías ni en los parlamentos, sino en la capacidad de alinearse sin fisuras con los designios que emanan de Washington. La cumbre de Miami, donde coincidirán Kast con Milei, Bukele y otros mandatarios del “Escudo de las Américas”, funcionará como el auténtico ritual de iniciación, la ceremonia donde se consolidará la subordinación de estos territorios a los intereses estratégicos del Pentágono y las corporaciones transnacionales .
El Imperio no delega: ordena
Mientras las cámaras de la prensa comercial se concentrarán en las sonrisas y los abrazos protocolares en Valparaíso, la clase trabajadora chilena debe tener claro que lo que se está jugando en estas semanas es la consolidación de un modelo de entrega de soberanía sin precedentes. La delegación de segundo nivel que llega a Santiago no es un desaire, es una demostración de poder: el Imperio ya no necesita enviar a sus figuras de primera línea a supervisar a sus vasallos, porque la sumisión está tan asegurada que basta con enviar a los administradores coloniales de turno.
La cita del excanciller Walker adquiere aquí toda su dimensión: “EE UU avisa que no se metan en el hemisferio occidental y expresa su pretensión hegemónica” . La pretensión, en rigor, es la misma desde la Doctrina Monroe; lo que cambia es la descarnada desfachatez con que se ejerce en épocas de crisis sistémica del capitalismo. En tiempos de guerra interimperialista y disputa por los mercados, las sutilezas diplomáticas se abandonan y la relación se reduce a su esencia: mando y obediencia.
El pueblo organizado, sin embargo, no asiste pasivo a este espectáculo de sumisión. Como lo expresa el comunicado del Movimiento de Solidaridad con Cuba, “ante la bestialidad gringa los pueblos hemos de llamar a la paz; ante el avance bélico de los yanquis ha de contraponerle los idearios, historia e identidad de lo Revolucionario que ama la vida y al ser humano como especie en amenaza de extinción” . En las antorchas que se encenderán en repudio a Rubio y todo lo que representa, en las calles que rechazarán la presencia de estos enviados, se expresa una memoria de lucha que ningún cambio de mando puede borrar.
El 11 de marzo, mientras Kast recibe la banda presidencial de manos de la burguesía local, en las afueras del Congreso y en las calles de Santiago se escuchará un mensaje que ningún cable diplomático podrá silenciar: Chile no es propiedad de Washington, y los pueblos no se rinden ante el Imperio. La ausencia de Rubio no es una victoria, pero la respuesta popular a su presencia —y a la de todo lo que representa— es el germen de las batallas que están por venir.
