Mientras Washington y Tel Aviv bombardean Irán en defensa de los intereses del complejo militar-industrial y las petroleras transnacionales, la clase trabajadora chilena comienza a pagar la factura de una guerra que no ha declarado. El dólar supera los $920, las bencinas acumulan alzas de hasta $40 por litro en menos de dos semanas, y los alimentos amenazan con dispararse por el encarecimiento de los fertilizantes y el transporte marítimo, en una nueva demostración de cómo el capital global transfiere sistemáticamente el costo de sus crisis a las espaldas de los pueblos de la periferia .
Por Equipo El Despertar
La arrogancia del Imperio tiene un precio, y en Chile lo pagan los trabajadores cada vez que llenan el estanque o van a la feria. El conflicto desatado el 28 de febrero por el ataque ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán ha cerrado prácticamente el Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos . El resultado es un shock energético que golpea con especial crudeza a las economías importadoras como la chilena. El economista Francisco Monaldi lo diagnostica sin ambages: “No queda otra que pasarles todo el impacto a los consumidores en países como Chile, Uruguay, Perú, los países centroamericanos. Simplemente no les da la capacidad fiscal” para absorberlo .
Y el impacto ya se siente. La Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) aplicó un alza de $20 por litro el pasado jueves, a la que se sumará un nuevo incremento masivo de $26 proyectado para el 26 de marzo, según advirtió Jorge Hermann, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile . “El efecto grueso de este conflicto se va a empezar a sentir las próximas semanas”, alertó el académico, explicando que el cierre del Estrecho de Ormuz obliga a los petroleros a rodear el cabo de Buena Esperanza, encareciendo los fletes y, por tanto, el precio final que paga el consumidor en la bomba .
EL DÓLAR, REFUGIO DEL CAPITAL Y LÁTIGO PARA EL PUEBLO
Mientras los especuladores financieros celebran, el peso chileno se desploma. La divisa estadounidense abrió la semana con fuerza, rondando los $920 y llegando a tocar los $924,25 en las primeras operaciones, según reportó BioBioChile . El fortalecimiento global del dólar como activo refugio ante la incertidumbre bélica golpea directamente a las monedas emergentes, encareciendo las importaciones y presionando al alza los precios de todo lo que se comercializa internacionalmente .
Pero la estocada para la economía popular no termina ahí. El cobre, principal sostén de las exportaciones chilenas, cayó a US$5,74 la libra, víctima de la fortaleza del dólar y de los temores sobre el impacto de los altos precios de la energía en la demanda global . Menos ingresos por cobre significan menos recursos para el Estado, y menos recursos significan, en la lógica del capital, más ajustes, más recortes y más carga sobre las espaldas de quienes viven de su salario.
La cadena de transmisión del latrocinio imperialista continúa su curso implacable. El precio del petróleo Brent superó ya los US$100 por barril, niveles no vistos desde la guerra de Ucrania, y los futuros del gas natural se han disparado hasta un 50% en Europa tras los ataques a instalaciones de QatarEnergy, uno de los principales proveedores mundiales . Pero la amenaza más silenciosa y letal para los hogares chilenos viene por el lado de los alimentos.
EL FANTASMA DEL HAMBRE ASOMA EN LA FERIA
Aproximadamente un tercio de las exportaciones mundiales de urea, un fertilizante de uso generalizado, pasan por el Estrecho de Ormuz, al igual que grandes suministros de otras materias primas necesarias para fabricar fertilizantes . “Los fertilizantes no son solo otra materia prima: casi la mitad de la producción mundial de alimentos depende de ellos”, advirtió Svein Tore Holsether, CEO de la empresa química noruega Yara International . Los precios de la urea egipcia, referente de la industria, han subido un 35% en una semana . Cuando el campesino paga más por abonar la tierra, el tomate, la lechuga y la papa llegan más caros a la mesa del obrero.
El Gobierno de Gabriel Boric, mientras tanto, expresa su “preocupación” y condena los ataques, haciendo un llamado a detener la violencia y reafirmando su compromiso con el derecho internacional . Declaraciones loables, sin duda, pero que chocan con la realidad material de un país inserto en las cadenas globales del capitalismo. El Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), el mismo que amortiguó los golpes en conflictos pasados, tiene límites fiscales que, como advierten los expertos, no permiten absorber shocks prolongados . Si Irán mantiene su estrategia de alargar el conflicto como táctica de presión internacional contra Estados Unidos, como sugiere Hermann, el precio del petróleo podría alcanzar los US$120 por barril y el alza de fines de marzo podría ser solo la primera de una larga serie .
La conclusión es tan diáfana como amarga: los trabajadores chilenos no tienen misiles para lanzar ni buques de guerra que defender, pero pagan con su bolsillo cada bomba que cae en Medio Oriente. Mientras las acciones de las petroleras se disparan en Wall Street y los contratistas del Pentágono celebran nuevos contratos, en las poblaciones de Santiago, Valparaíso o Concepción se aprieta el cinturón, se cambia el auto por la micro y se reduce la carne en la olla. El imperialismo no solo mata en Teherán o Minab: también empobrece, lenta pero inexorablemente, en cada rincón del mundo donde el capital decide hacer la guerra para sostener su tasa de ganancia.
