Mar. Mar 10th, 2026

El gobierno que prometió “enterrar” el neoliberalismo y termina entregando el poder a su más fiel custodio: el balance de clases de la administración Boric

Mar 10, 2026
Foto El Siglo

Con 34% de aprobación, la nota histórica más baja desde el retorno a la democracia (3,4) y un déficit fiscal de 3,6% del PIB que el Consejo Fiscal Autónomo atribuye a “errores reiterados y significativos” en la proyección de ingresos, Gabriel Boric concluye su mandato dejando un Estado más endeudado, una reforma de pensiones que profundiza la capitalización individual, 2,97 millones de personas en listas de espera en salud y una tasa de homicidios que, aunque descendió a 5,4 por cada 100 mil habitantes, no logra ocultar el aumento del 278% en secuestros y extorsiones respecto de 2018 .

Por Equipo El Despertar

El 11 de marzo de 2026, cuando José Antonio Kast reciba la banda presidencial de manos de Gabriel Boric, se consumará la parábola más elocuente de la lucha de clases en el Chile reciente: el presidente supuestamente más izquierdista desde Salvador Allende entrega el poder al mandatario más derechista desde la dictadura de Pinochet, con un balance de gestión que la burguesía celebra en privado mientras finge preocupación en público .

Lo que comenzó como un vendaval refundacional —”Chile será la tumba del neoliberalismo”, proclamaba Boric en campaña— termina con una reforma de pensiones que no elimina las AFP sino que aumenta el ahorro privado del 10% al 16% , con un déficit estructural que duplicó la meta comprometida y con una deuda pública que escaló del 36,4% al 41,7% del PIB .

El propio Mandatario, en su última entrevista televisiva con Mario Kreutzberger, admitió lo que el materialismo histórico nunca ignoró: las promesas emblemáticas de su administración —el fin del Crédito con Aval del Estado (CAE) y la ley de Sala Cuna Universal— quedaron “entrampadas en el Congreso” . “No todo es culpa de otro”, reconoció Boric, aunque atribuyó a la oposición y especialmente a la UDI la responsabilidad principal por el fracaso de esas iniciativas . Pero el análisis de clase exige ir más allá de las disputas parlamentarias: lo que realmente fracasó fue el intento de administrar el capitalismo chileno con un programa que pretendía conciliar los intereses de los trabajadores con las necesidades de acumulación de la burguesía local y transnacional.

“Errores reiterados y significativos”: la gestión fiscal como expresión de la contradicción

El informe del Consejo Fiscal Autónomo (CFA) constituye, sin pretenderlo, una radiografía de las contradicciones que atravesaron al gobierno de Boric. El organismo detectó que el balance estructural alcanzó un desvío de 2,5 puntos del PIB respecto de la meta original, y advirtió que “la magnitud de este desvío es elevada en términos históricos para un año sin eventos extraordinarios” . Más revelador aún: el CFA atribuyó el déficit a “errores reiterados y significativos en la proyección de los ingresos efectivos” y a un “ajuste del gasto insuficiente durante el año” .

Estos “errores”, desde una perspectiva marxista, no son meras equivocaciones técnicas sino la expresión de una contradicción insoluble: un gobierno que prometió aumentar el gasto social —salud, pensiones, educación— sin tocar los privilegios del gran capital, pretendió financiar sus programas con proyecciones de ingresos que sistemáticamente sobrestimaban la recaudación. Cuando la reforma tributaria que gravaba a los “súper ricos” naufragó en el Congreso, el Ejecutivo se encontró con que los recursos no llegaban pero los compromisos de gasto —muchos de ellos con la propia burocracia estatal— ya estaban contraídos . El resultado: tres años consecutivos de incumplimiento de la meta fiscal y un déficit acumulado cercano a los US$ 14.000 millones .

La defensa oficialista, esgrimida por la ministra vocera Camila Vallejo y el ministro del Interior Álvaro Elizalde, se aferra a un dato técnico: “la deuda pública no aumentó respecto del año pasado” y “el gobierno registró el menor aumento de la deuda pública en cerca de 20 años” . Vallejo llegó a afirmar que esto permitirá un ahorro de “alrededor de US$ 1.000 millones anuales” para la próxima administración en concepto de intereses . Pero el argumento esconde lo esencial: la deuda total sí creció durante el período —del 36,4% al 41,7% del PIB—, y lo que Vallejo presenta como mérito es simplemente la constatación de que el endeudamiento adicional fue menor que en gobiernos anteriores, no que el Estado esté en mejor posición para enfrentar las crisis venideras .

Seguridad: el talón de Aquiles de la socialdemocracia

Si hay un terreno donde la contradicción entre el discurso progresista y la realidad material se manifestó con mayor crudeza, ese es la seguridad pública. Boric llegó al poder en 2022 con una tasa de homicidios de 6,7 por cada 100 mil habitantes, heredada en parte del estallido social y la crisis institucional, y logró reducirla a 5,4 en 2025 . Tres años consecutivos de descenso en ese indicador clave podrían leerse como un éxito parcial.

Sin embargo, como advierte el centro de estudios Horizontal en su informe de balance, “todavía no volvemos a los niveles prepandemia, y debemos ser claros, la criminalidad sigue operando fuerte en el país” . Más grave aún: los delitos asociados al crimen organizado experimentaron un aumento explosivo. Los secuestros crecieron un 278% respecto de 2018, alcanzando 859 casos en 2025, mientras las extorsiones llegaron a 1.455 . A ello se suma el fenómeno migratorio irregular: entre 2022 y 2024 se contabilizaron 127.379 ingresos irregulares al país, una cifra que, aunque inferior al peak de 2021, se mantiene muy por encima de los niveles previos .

La encuesta Criteria, realizada entre el 3 y el 5 de marzo, revela que la ciudadanía castigó duramente la gestión en esta materia: Delincuencia obtuvo la nota más baja de todas las áreas evaluadas, con un 2,7 . Esa percepción ciudadana —que no distingue entre la complejidad objetiva del fenómeno y la respuesta estatal— explica en buena medida el triunfo arrollador de Kast, cuya campaña se centró precisamente en la promesa de mano dura.

El propio Boric, en su balance final, evitó profundizar en este flanco. Prefirió destacar la creación del Ministerio de Seguridad Pública y la instalación de una fiscalía supraterritorial para enfrentar el crimen organizado, medidas institucionales que, sin embargo, no lograron traducirse en una mejora de la percepción ciudadana . El diputado Frank Sauerbaum (RN) sintetizó la crítica opositora: “Muchos chilenos sienten que el país retrocedió en seguridad, crecimiento y estabilidad” .

Las deudas sociales: entre la reforma posible y la promesa incumplida

El gobierno de Boric deja, paradójicamente, algunos avances que la narriva hegemónica se apresura a reconocer para atenuar el balance negativo. La reforma de pensiones —que aumenta gradualmente la cotización del 10% al 16%— es presentada por el exministro Alejandro Weber como “el mejor legado macroeconómico” de la administración . Pero una mirada de clase impide celebrar: lejos de eliminar las AFP como prometía el programa original, la reforma profundiza el sistema de capitalización individual, inyectando más recursos a los fondos de pensiones que son la base del mercado de capitales chileno. Es, como reconoce Weber, “recuperar la plata perdida en los retiros previsionales y darle mayor profundidad al mercado de capitales” . La plusvalía de los trabajadores seguirá alimentando la acumulación financiera.

La reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas, el aumento del salario mínimo en más del 50% y la extensión de la gratuidad en salud a sectores medios constituyen conquistas parciales que la ministra Vallejo y otros voceros del oficialismo esgrimen como pruebas de un gobierno que “entrega un país mejor que el que encontramos” . Sin embargo, las cifras gruesas desmienten cualquier triunfalismo. La tasa de desempleo cierra en 8,3%, superior al 7,8% con que Boric recibió el gobierno y por encima del promedio histórico del 6% . Faltan aún 227 mil empleos para alcanzar la tasa de ocupación prepandemia, según reconoce el propio informe de Horizontal .

En salud, el cuadro es aún más sombrío. Las listas de espera alcanzan los 2,97 millones de personas, un incremento del 25% respecto de 2021, y las garantías GES retrasadas llegaron a 78.594 casos, casi nueve veces más que en 2019 . Boric prometió en campaña terminar con las “listas de espera” y fortalecer la salud pública; entrega un sistema colapsado que el próximo gobierno —abiertamente favorable a la privatización— utilizará como argumento para profundizar la lógica del seguro privado.

El proceso constitucional: la derrota que marcó el rumbo

Quizás el golpe más doloroso para el proyecto refundacional fue el fracaso estrepitoso de la reforma constitucional. La propuesta de nueva Constitución, redactada por una convención de amplia mayoría progresista, fue rechazada por el 62% de los votos en 2022 . El propio Boric, en su balance final, admitió que aquella derrota política obligó a “recalibrar la estrategia” de su administración .

Lo que vino después fue un giro pragmático que los analistas de la socialdemocracia celebran como “maduración” pero que el materialismo histórico identifica como la claudicación de un proyecto que no pudo —o no supo— construir las fuerzas sociales necesarias para imponer sus transformaciones. Andrés Velasco, exministro de Bachelet, lo expresa con crudeza: “Muchas de sus propuestas iniciales, incluyendo la insensata constitución que impulsó y fue rechazada, no tenían mucho sentido” . El giro hacia el centro, la búsqueda de acuerdos con la Democracia Cristiana y la moderación del discurso permitieron sobrevivir, pero a costa de enterrar el programa original.

El diputado Jorge Alessandri (UDI) ironizó con precisión: “Boric llegó al Gobierno cantando canciones de Quilapayún y salió cantando a Alberto Plaza” . La metáfora musical condensa la esencia de la contradicción: el joven presidente que prometía sepultar el neoliberalismo termina aprobando el TPP11, firmando una reforma de pensiones que fortalece las AFP y entregando el poder a quien promete profundizar el modelo .

El balance de clase: ¿qué deja Boric a los trabajadores?

Cuando el 11 de marzo José Antonio Kast asuma la presidencia, la clase trabajadora chilena enfrentará un escenario contradictorio. Por un lado, recibe un Estado con mayores capacidades institucionales en algunas áreas —digitalización, ministerio de Seguridad, reforma de pensiones aprobada— pero también con un endeudamiento que limita su margen de maniobra y una credibilidad fiscal severamente dañada .

Por otro lado, el gobierno de Boric deja un movimiento popular desmovilizado, frustrado por las promesas incumplidas y fragmentado por las disputas internas del oficialismo. La candidata oficialista Jeannette Jara obtuvo apenas el 41,8% de los votos en el balotaje frente al 58,2% de Kast, una derrota que refleja no solo el giro a la derecha del electorado sino también la incapacidad del progresismo para articular un relato convincente sobre sus propios logros .

El diputado Patricio Briones (PDG) expresó el sentir de amplios sectores populares: “Las manos no están limpias cuando se permitió que el escándalo de las fundaciones manchara la fe pública y afectara a los más vulnerables” . El caso Convenios, que el propio Boric calificó como “muy doloroso”, salpicó a todo el arco oficialista y dejó la sensación de que la corrupción no es patrimonio de la derecha sino una práctica estructural del Estado capitalista, independientemente del color del gobernante de turno .

La diputada Joanna Pérez (Demócratas) recordó que el balance debe medirse por resultados, no por adhesiones: “Hoy el desafío es que el próximo gobierno pueda corregir varios de estos problemas, recuperar las confianzas y encauzar al país hacia una mayor estabilidad económica, institucional y también en nuestras relaciones internacionales” . Dicho de otro modo: la burguesía confía en que Kast hará lo que Boric no pudo —o no quiso— hacer: administrar el capitalismo con la dureza que el momento exige, sin las ataduras de un discurso progresista que siempre estorbó más de lo que ayudó.

El legado: una advertencia para la izquierda que gobierna el capitalismo

El gobierno de Boric será estudiado en los años venideros como un caso ejemplar de las contradicciones que enfrenta la izquierda cuando intenta administrar el capitalismo sin romper con sus estructuras fundamentales. Llegó al poder con el apoyo de quienes exigían cambios profundos después del estallido social de 2019. Se va dejando un país donde la desigualdad se redujo apenas una décima en el coeficiente de Gini (de 0,47 a 0,46), donde la pobreza bajó del 20,5% al 17,3% pero aún afecta a millones, y donde la esperanza de un cambio estructural se diluyó en acuerdos parlamentarios y cálculos electorales .

La burguesía chilena, que temió en 2019-2020 una ruptura revolucionaria, puede dormir tranquila: el gobierno que prometió “enterrar el neoliberalismo” termina entregándole el poder a su más fiel custodio, con un Estado más endeudado pero funcional, con una reforma de pensiones que fortalece el mercado de capitales y con una clase trabajadora que, desengañada, se refugia en el voto castigo hacia la ultraderecha.

El propio Boric, consultado sobre su futuro político, evitó cerrar la puerta pero admitió que “no me voy hoy día con la ambición de volver en cuatro años” . Mientras tanto, Kast se prepara para gobernar con la legitimidad que le otorgan 58 de cada 100 votos. El péndulo chileno completa así un nuevo ciclo: de la revuelta popular al gobierno progresista, y del gobierno progresista a la restauración conservadora. La historia, como siempre, la escriben las clases en lucha. Y en esta batalla, por ahora, el capital ha vuelto a ganar.

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