Mié. Mar 11th, 2026

El parlamento de los negocios se consolida: la derecha se queda con la mesa de la Cámara gracias al voto de los “traidores” de clase media que prefirieron los cargos a los principios

Mar 11, 2026
Foto Radio UdC

En una votación ajustada que refleja la correlación de fuerzas al interior del bloque dominante, el diputado Jorge Alessandri (UDI) se impuso con 78 votos frente a los 75 de Pamela Jiles (PDG), asegurando para el gobierno de Kast el control de la Cámara Baja. La elección, que dejó en evidencia las fracturas internas de la centroizquierda y el papel de los “independientes” como mercancía política, fue sellada con los gritos de “traidor” que recibió el diputado Felipe Camaño (ind-DC) por parte de sus exsocios, en una jornada que desnudó la verdadera naturaleza del parlamento burgués: un mercado donde se transan votos por prebendas mientras se simula representar al pueblo .

Por Equipo El Despertar

La instalación de la nueva mesa directiva de la Cámara de Diputados, ocurrida este 11 de marzo, no fue un simple trámite administrativo sino una demostración explícita de cómo funciona la democracia representativa en su fase más descarnada: como un mecanismo de reparto de cuotas de poder entre las distintas fracciones de la burguesía y sus aliados pequeños burgueses. El acuerdo que durante semanas habían tejido el oficialismo saliente, la Democracia Cristiana y el Partido de la Gente para llevar a Pamela Jiles a la presidencia de la Corporación se vino abajo en cuestión de horas, aplastado por la ofensiva de la derecha que logró seducir a los eslabones más débiles de la cadena .

El resultado final entregó la testera a Jorge Alessandri (UDI), acompañado en las vicepresidencias por Felipe Camaño (independiente apoyado por la DC) y Ximena Ossandón (RN) . La diferencia de tres votos no es una anécdota: es la expresión numérica de que en el parlamento burgués no hay lealtades eternas, solo intereses transables. “La elección de esta mesa el día de hoy es la muestra más fidedigna de que este nuevo ciclo político responde a convicciones profundas”, declaró Alessandri en su discurso de asunción, invocando la “libertad” y el “progreso material” como banderas . Traducido al lenguaje de la lucha de clases: su sector, el pinochetismo histórico, vuelve a conducir los hilos del Estado.

EL MERCADO DE LOS VOTOS Y LAS CONTRADICCIONES DEL BLOQUE DOMINADO

Para entender lo ocurrido hay que retroceder apenas 24 horas. El oficialismo, la DC y el PDG habían sellado un acuerdo administrativo que garantizaba la presidencia para Jiles el primer año, dejando las vicepresidencias para el PPD y el PS, y distribuyendo las comisiones clave —Constitución para la DC, Hacienda para el PC— entre los firmantes . “Quienes estamos acá presentes nunca nos cerramos a la posibilidad de llegar a un acuerdo administrativo amplio que le diera gobernabilidad a la Cámara”, declaraba el jefe de bancada socialista Juan Santana . La ilusión duró hasta que la derecha movió sus fichas.

El resultado final fue una operación de “pirquineo de votos”, como la denominó Franco Parisi, presente en el Congreso para presenciar la derrota de su partido . Los nombres de los “tránsfugas” saltaron a la vista cuando se abrió la votación: Felipe Camaño, diputado independiente apoyado por la DC en el pacto Unidad por Chile, y Jaime Mulet, de la Federación Regionalista Verde Social, rompieron el acuerdo y entregaron sus sufragios a Alessandri . La reacción no se hizo esperar. “¡Traidor!”, le gritó la diputada Zandra Parisi a Camaño desde su escaño, mientras otros parlamentarios de izquierda coreaban “vendido” y “vergüenza para el campo” . El diputado Jorge Brito (Frente Amplio) sintetizó la frustración en redes sociales: “Quien miente y rompe acuerdos entrega el Congreso al gobierno de José Antonio Kast. La DC incumplió lo pactado, socavando las confianzas de construir un proyecto común como un contrapeso efectivo” .

Sin embargo, desde una perspectiva de clase, estos reclamos de “traición” resultan ingenuos. ¿Qué lealtad podía esperarse de parlamentarios que representan, en el mejor de los casos, a sectores medios profesionalizados que ven en la política una carrera y no un mandato popular? El propio Camaño, según consigna The Clinic, saludó efusivamente a sus nuevos aliados de la UDI, el Partido Republicano y el Nacional Libertario una vez consumada la votación, mientras vestía su característico poncho maulino . La vestimenta “típica” no oculta la esencia: un representante que negocia su voto al mejor postor.

LA COMPOSICIÓN DE CLASE DEL NUEVO PARLAMENTO

El episodio no puede entenderse sin analizar la composición social de la Cámara que se instaló. De los 155 diputados, 79 son debutantes, con un perfil marcadamente profesionalizado: 86% posee estudios universitarios, predominando abogados (19%) e ingenieros (19%), muchos con posgrados en universidades privadas . La edad promedio ronda los 45 años, y la representación femenina retrocedió levemente al 33,5% . No hay obreros, campesinos o pobladores en sus filas. Hay gestores de los intereses del capital, disfrazados de representantes populares.

La distribución de fuerzas refleja un parlamento fragmentado donde ningún bloque tiene mayoría propia. La derecha en sus diversas expresiones suma 76 escaños, mientras que el oficialismo y sus aliados alcanzan 61, con el PDG actuando como fiel de la balanza con sus 14 diputados . Es precisamente ese equilibrio precario el que convierte a cada parlamentario en una mercancía política cuyo precio fluctúa según la negociación de turno. El diputado Cristián Contreras (PDG), conocido como “Dr. File”, justificó su voto disidente —que entregó un sufragio a Juan Valenzuela en lugar de a Jiles— con un argumento que delata la conciencia pequeño burguesa: “Me corresponde votar por el centro político que yo represento, aunque sea minoría” .

LA DERECHA CELEBRA MIENTRAS LA IZQUIERDA PARLAMENTARIA SE LAMENTA

Para el gobierno de José Antonio Kast, el triunfo de Alessandri constituye su primera victoria política. El control de ambas cámaras —Paulina Núñez (RN) fue electa presidenta del Senado con 39 votos— asegura al Ejecutivo una conducción legislativa favorable para impulsar su agenda de reducción de impuestos a las grandes empresas, desregulación y ajuste fiscal . “La Cámara está llamada a ser protagonista” en este nuevo ciclo, proclamó Alessandri, prometiendo “recuperar el debate institucional” y “retomar el crecimiento” . En criollo: allanar el camino para que el capital concentrado recupere sus márgenes de ganancia a costa de los derechos de los trabajadores.

Mientras tanto, el sector que perdió la votación ensaya explicaciones que no logran ocultar su propia fragilidad. El diputado Jaime Mulet, uno de los que cambió su voto, había declarado horas antes que era partidario de “un acuerdo amplio” porque “ganar por un voto carece de sentido y de estabilidad” . Sus palabras resultaron proféticas, aunque no en el sentido que él imaginaba: la inestabilidad la generó él mismo al pasarse al bando contrario.

EPÍLOGO: EL PARLAMENTO COMO ESPEJO DE LA LUCHA DE CLASES

Lo ocurrido el 11 de marzo en Valparaíso no es una anécdota sobre “traiciones” individuales. Es la expresión concentrada de una realidad más profunda: en el capitalismo chileno, la democracia representativa funciona como un mecanismo de administración de los conflictos interimperialistas y de clases, donde los partidos políticos actúan como correas de transmisión de los intereses económicos dominantes. Que la derecha controle la mesa no cambia la esencia de lo que ocurre en el hemiciclo: la discusión sobre cómo distribuir la plusvalía extraída a los trabajadores, cuánto darle a los empresarios y cuánto migajas destinar al gasto social para evitar estallidos.

Los diputados que se gritaron “traidores” hoy volverán a conversar en las comisiones, a negociar proyectos y a repartirse prebendas. Porque en el parlamento burgués, como en el mercado, lo único que importa es el intercambio. Y mientras ellos se disputan las testeras, afuera, en las poblaciones, el pueblo trabajador sigue esperando respuestas que nunca llegarán desde esos escaños.

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