Mientras José Antonio Kast asumía la presidencia para poner su gobierno al servicio del gran capital y las oligarquías, miles de chilenos y chilenas se lanzaron a las calles de Santiago para plantar cara al avance del fascismo criollo. Barricadas, consignas feministas y el grito de “Kast out, yankees out” marcaron la jornada inaugural de un gobierno que promete recortes, represión y retrocesos en derechos para las mayorías.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La fiesta de la burguesía en el Congreso de Valparaíso tuvo su contracara en las calles de la capital. Mientras el nuevo mandatario juraba su cargo ante los representantes de los grandes grupos económicos, el pueblo trabajador respondía con lo único que tiene para defender sus derechos: la movilización directa.
Un grupo de manifestantes se congregó en las inmediaciones de la emblemática Plaza Italia —epicentro del estallido social de 2019— portando banderas y pancartas de rechazo al nuevo gobierno . Poco después, en la intersección de Bellavista con Ernesto Pinto, en la comuna de Recoleta, encapuchados levantaron barricadas incendiarias para cortar la circulación de vehículos, desafiando la parafernalia oficialista que se transmitía desde el puerto .
La respuesta del Estado no se hizo esperar: funcionarios del Control de Orden Público de Carabineros dispersaron rápidamente ambas concentraciones . La prensa hegemónica, fiel a su papel de vocera del régimen, minimizó la protesta reduciéndola a “cerca de 50 personas” , omitiendo que la resistencia popular no se mide únicamente en números instantáneos, sino en la capacidad de organización que viene gestándose desde antes de la asunción.
La avanzada feminista ya había dado la alerta tres días antes, cuando miles de mujeres tomaron las calles en la conmemoración del 8M. “En unos días tendremos un Gobierno que ha declarado abiertamente tener una agenda antiderechos de las mujeres y estamos convocando a organizarnos”, advirtió Vesna Madariaga, vocera de la Coordinadora 8M, la principal organización feminista del país . Aquella marcha, que partió desde Plaza Italia y pasó frente a La Moneda, dejó consignas claras: “¡Qué Kastigo!” y “Aborto sí o aborto no”, mientras cientos de mujeres saltaban y gritaban al unísono: “Yo no voté por él” .
La memoria histórica de la clase trabajadora chilena no se compra ni se vende. Anabela Díaz, pensionada de 66 años presente en esa marcha preventiva, conectó el presente con las heridas aún abiertas: “Tenemos que seguir unidas porque se viene algo muy duro. En 1973 sufrimos un golpe de Estado terrible, perdimos muchos derechos en esa dictadura cruel y luego los reconquistamos con mucho esfuerzo. Ahora tenemos miedo de volverlos a perder” .
El temor de las mujeres no es infundado. Padre de nueve hijos y miembro del movimiento católico conservador, Kast votó en contra de la despenalización del divorcio, del aborto en tres causales y de la distribución de la píldora del día después durante sus años como diputado . Para su ministerio de la Mujer designó a Judith Marín, evangélica conocida por su postura antiabortista, lo que ha encendido las alarmas en los movimientos feministas y de diversidad sexual .
Pero la respuesta popular no se limitó a las banderas verdes del feminismo. En las calles del centro de Santiago, las consignas antiimperialistas también se hicieron sentir. “Kast Out, Yankees Out” (“Kast fuera, yanquis fuera”), se leyó en pancartas que denunciaban la sumisión del nuevo mandatario a los intereses de Washington . No es casualidad que Kast asuma la presidencia en medio de la guerra de Irán, un conflicto que, como señalan las agencias, “continúa removiendo los mercados globales, añadiendo incertidumbre a su ambiciosa agenda económica” . La inestabilidad del capitalismo golpea, pero los trabajadores siempre pagan los platos rotos.
Mientras tanto, los voceros del orden intentan fabricar consenso en contra de la movilización. Una encuesta de la empresa Black & White, difundida en medios afines al nuevo gobierno, asegura que un 72% de los consultados rechaza las “alertas de movilización” y que un 46% siente “rabia” ante estos llamados . Lo que no dice la encuesta es quiénes fueron consultados ni cómo se construye esa “opinión pública” cuando los grandes medios de comunicación pertenecen a las mismas familias que se benefician de las políticas de la ultraderecha.
La prensa hegemónica insiste en presentar a los manifestantes como “encapuchados” violentistas o minorías ruidosas . Pero la realidad material es otra: cuando la nueva autoridad promete “mano dura contra la delincuencia” —código para reprimir la protesta social—, cuando anuncia recortes de gasto público que significarán menos salud, menos educación y menos pensiones, y cuando declara que no dará la “batalla cultural” pero designa antiderechos en puestos clave , la clase trabajadora no tiene más remedio que salir a la calle.
El primer día de gobierno de Kast deja una lección clara: la resistencia no espera ni pide permiso. Mientras él se instalaba en La Moneda, el pueblo ya estaba en las calles, construyendo desde ahora la respuesta a los cuatro años que vienen. Como cantaban las mujeres el 8 de marzo: “Ni un paso atrás” . La lucha recién comienza.
