La guerra en Asia Occidental ha entrado en su fase más devastadora para los intereses del imperialismo. Mientras el Pentágono intenta ocultar sus bajas tras comunicados mendaces, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) anunció esta semana la 38ª y 43ª oleada de la Operación “Promesa Honesta 4”, infligiendo más de 100 bajas en Kuwait y destruyendo instalaciones estratégicas de la armada yanqui en Bahréin. La maquinaria de guerra sionista, por su parte, ya acumula más de 10.000 reclamos por daños y cerca de 3.000 heridos, mientras la resistencia demuestra que el “armada” de Trump no es más que un gigante con pies de barro.
Por ERquipo El Despertar
La ficción de la invencibilidad del complejo militar-industrial estadounidense se desmorona día a día bajo los misiles de la Resistencia. Mientras los grandes consorcios mediáticos repiten como loros los comunicados del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) que insisten en negar la realidad, las fuerzas del Eje continúan asestando golpes quirúrgicos a las bases y activos del imperio en la región.
El miércoles pasado, el IRGC emitió un comunicado que debería helar la sangre en los pasillos del Pentágono: la 38ª oleada de la Operación “Promesa Honesta 4”, lanzada bajo el nombre en código “Ya Haidar Karrar”, tuvo como objetivo los remanentes de bases militares estadounidenses en la región. En particular, la base aérea de helicópteros conocida como Al-Adairi, en Kuwait, recibió dos impactos directos que dejaron “más de 100 tropas estadounidenses heridas” que fueron trasladadas de urgencia a hospitales .
Pero la ofensiva no se detuvo ahí. El IRGC detalló que fueron blanco de ataques las bases estratégicas estadounidenses en el puerto de Mina Salman, sede de la Quinta Flota naval, incluyendo el radar estratégico Leeds. Asimismo, el Campo Patriota y las instalaciones que albergan tropas en las bases de Mohammad Al-Ahmad y Ali al-Salem sufrieron severos impactos .
“El IRGC agregó que la guerra contra los terroristas estadounidenses y sionistas continuará con fuerza”, consignó la agencia Bernama al replicar el comunicado . La declaración de principios es clara: “Solo están pensando en la rendición total del enemigo, agregando que cuando no haya guerra en el país, detendrán sus ataques” .
Esta misma semana, la madrugada del viernes, la 43ª oleada de la misma operación volvió a sacudir las posiciones enemigas. Según informó la agencia yemení Saba, citando al IRGC, se lanzaron misiles pesados y de precisión como el “Khorramshahr” (con una ojiva de 2 toneladas), el “Qadr” (con ojiva de racimo), el “Emad” (2 toneladas) y el “Kheibar Shekan” (1 tonelada), junto con enjambres de drones de ataque, apuntando a bases estadounidenses en la región y a ubicaciones dentro de la entidad sionista, incluyendo Tel Aviv y Eilat .
Mientras tanto, en Washington y Tel Aviv intentan contener la hemorragia informativa. La agencia Yeni Şafak reportó que la Autoridad Tributaria de Israel ha recibido la escalofriante cifra de 10.314 reclamos por daños causados por misiles y drones iraníes desde el 28 de febrero . Solo en Tel Aviv se registraron 5.300 reclamos. Del total, 7.250 corresponden a daños en edificios, 1.130 a contenido y equipamiento, y 1.770 a vehículos . La máquina productiva sionista se resquebraja bajo el peso de la represalia.
En términos humanos, el costo para el ocupante es igualmente insostenible. El Ministerio de Salud de Israel se vio obligado a reconocer que 2.975 israelíes han resultado heridos y han sido trasladados a hospitales desde el inicio de la guerra, de los cuales 85 permanecen hospitalizados, incluyendo nueve en estado grave . Estas cifras, filtradas a pesar de la estricta censura militar, desmienten la narrativa de una población resguardada tras un “muro de hierro”.
El conflicto, desencadenado por la agresión coordinada de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero —que según autoridades iraníes ha dejado más de 1.300 mártires, incluyendo al ex Líder Supremo Ayatolá Ali Khamenei y a más de 150 niñas en un ataque a una escuela en Minab— , ha demostrado la falacia de la “disuasión” imperialista.
La respuesta del IRGC no se ha limitado a lo declarativo. En un comunicado del 12 de marzo, la Guardia Revolucionaria prometió que los ataques no cesarán “hasta que no haya sombra de guerra sobre el país” . La determinación es total: la Resistencia no negocia bajo presión, no se rinde ante las armadas.
Mientras tanto, los voceros del imperio se enredan en sus propias contradicciones. Hace apenas unas semanas, el presidente Donald Trump alardeaba de una “armada” liderada por el portaaviones USS Abraham Lincoln, “lista, dispuesta y capaz de cumplir rápidamente su misión, con velocidad y violencia, si es necesario” . Incluso ordenaron el despliegue de un segundo portaaviones, el USS Gerald R. Ford, desde el Caribe para reforzar la presión .
Sin embargo, la bravuconada chocó con la realidad de los misiles. Aunque CENTCOM se apresuró a calificar de “mentira” las afirmaciones del IRGC de haber impactado el Abraham Lincoln con cuatro misiles balísticos , el hecho es que la flota yanqui ha tenido que operar a la defensiva, mientras los misiles de la Resistencia caen sobre sus bases en tierra. El portavoz del IRGC, general de brigada Ali Mohammad Naeini, ya había desmentido la versión oficial estadounidense en días anteriores, elevando las bajas confirmadas del enemigo a más de 650 efectivos entre muertos y heridos en las primeras fases del conflicto.
El Eje de la Resistencia ha demostrado una capacidad de adaptación y una profundidad estratégica que los planificadores del Pentágono no habían contemplado. La guerra se prolonga, las oleadas de ataques se suceden, y el costo para el imperio y sus aliados regionales crece exponencialmente. La historia está demostrando una vez más quién tiene la razón cuando los pueblos deciden levantarse contra sus opresores.
