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La rabieta del imperio: Trump exige vasallaje a sus aliados mientras el eje de la resistencia controla Ormuz

Mar 16, 2026
Foto AP

El presidente estadounidense Donald Trump estalló este lunes contra los países que se resisten a involucrarse militarmente en la guerra contra Irán tras el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas de la Resistencia. “Llevamos 40 años protegiéndolos y no quieren involucrarse”, declaró un Trump visiblemente irritado, en una confesión que desnuda la verdadera naturaleza de las alianzas imperialistas: décadas de dominación militar y saqueo de recursos presentados como “protección” generosa, que ahora exigen pago en sangre. Mientras tanto, Francia y Reino Unido evalúan sumarse al operativo con escaso entusiasmo, y la suerte del nuevo líder supremo iraní permanece en la incógnita, en una guerra que el imperio creyó ganar en semanas y ya se extiende por meses.

Por Equipo El Despertar

Washington D.C. La fachada de la “comunidad internacional” unida contra Irán se resquebraja a la velocidad de los misiles que cruzan el Golfo Pérsico. El presidente Donald Trump, acostumbrado a que sus órdenes sean obedecidas sin chistar, se topó esta semana con una realidad incómoda: varios de los países que durante décadas han dependido de la maquinaria bélica estadounidense para asegurar el flujo de petróleo no están dispuestos a pagar el precio político y militar de involucrarse directamente en la guerra.

“Llevamos 40 años protegiéndolos y no quieren involucrarse”, declaró Trump desde la Casa Blanca, en un arranque de sinceridad que delata la crisis de liderazgo del imperio . La declaración es una confesión brutal: lo que Washington ha vendido durante cuatro décadas como “protección” y “seguridad colectiva” no era más que el costo de mantener a los países vasallos dentro de la órbita del capitalismo estadounidense. Ahora que las balas silban, muchos prefieren quedarse en la retaguardia.

Trump insistió en que “animamos encarecidamente a las demás naciones a que se unan a nosotros, y a que lo hagan rápidamente y con gran entusiasmo” . Pero el entusiasmo brilla por su ausencia. El mandatario reconoció que varios países —que se cuidó de nombrar— se habían comprometido a ayudar a asegurar el estrecho de Ormuz, una vía de paso crucial para el comercio mundial de petróleo, pero arremetió contra otros que no se mostraban dispuestos a sumarse .

Francia y Reino Unido, los vasallos reticentes

Trump reveló que había conversado con el presidente francés, Emmanuel Macron, y calificó su respuesta como “un ocho (de diez), no perfecta” . Aun así, se mostró confiado en que “va a ayudar” . Sobre el Reino Unido, afirmó que cree que participará en una misión en Ormuz, pero no ahorró críticas al primer ministro Keir Starmer, quien habría ofrecido enviar dos buques al área dos semanas después de iniciadas las hostilidades. “Los necesitábamos antes, no después”, lanzó el inquilino de la Casa Blanca .

Starmer, por su parte, intentó matizar desde Londres, afirmando que su gobierno trabaja con todos los aliados “para elaborar un plan colectivo viable que pueda restablecer la libertad de navegación en la región lo antes posible” . La traducción es simple: mientras los misiles caen, ellos están “elaborando planes”.

La renuencia de los aliados europeos no es casual. La guerra se ha prolongado mucho más de lo que los estrategas del Pentágono previeron. Irán ha demostrado una capacidad de resistencia que ha sorprendido al mundo, y el costo político de involucrarse en una aventura militar sin final claro es alto para gobiernos que enfrentan sus propias crisis internas.

La “protección” imperialista como negocio

Lo más revelador de las declaraciones de Trump es su mención a China. “Los países aliados, y no aliados, como China, se han beneficiado durante décadas del liderazgo de Washington a la hora de patrullar la zona”, afirmó . La frase es una joya: el imperio reclama pago por un servicio que nunca fue gratuito. Durante 40 años, Estados Unidos ha utilizado su armada para garantizar que el petróleo fluya hacia Occidente y sus aliados, pero también para asegurar que el crudo se comercialice en dólares, sosteniendo así la hegemonía de su moneda.

China, el gran competidor, se ha beneficiado de esa “protección” sin tener que desplegar un solo portaaviones. Pero ahora que la Resistencia ha demostrado que puede cerrar el estrecho, Pekín evalúa sus opciones. Mientras tanto, Trump presume de que la ayuda de los demás países “no es esencial” porque Estados Unidos ha “aniquilado” el potencial militar iraní, al que calificó de “tigre de papel” .

La incógnita del líder supremo

En medio de la bravuconada, Trump soltó información que la prensa hegemónica no sabe cómo procesar. Sobre el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí —designado tras el asesinato del ayatolá Alí Jameneí en los bombardeos del 28 de febrero—, el presidente estadounidense admitió no saber si está vivo.

“Mucha gente dice que está gravemente desfigurado. Dicen que perdió una pierna, y que resultó gravemente herido. Otros aseguran que está muerto”, comentó Trump . “No se sabe (…) si está muerto o no”, añadió .

La declaración es significativa. Si el imperio no sabe si el líder de la Resistencia está vivo o muerto, significa que su inteligencia ha fallado. Y si ha fallado en eso, probablemente ha fallado en muchas otras cosas. La guerra que iba a ser un paseo militar se ha convertido en un pantano.

La Resistencia no se rinde

Mientras Trump exige vasallaje a sus aliados y especula sobre la vida de los líderes enemigos, en el terreno la situación es muy distinta. Las fuerzas del Eje de la Resistencia continúan lanzando oleadas de misiles contra bases estadounidenses y posiciones israelíes. La 43ª oleada de la Operación “Promesa Honesta 4” ya ha dejado más de 100 bajas entre las tropas yanquis en Kuwait y ha destruido instalaciones estratégicas de la Quinta Flota en Bahréin .

El control de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán no es una bravata; es una realidad militar. Y mientras Trump se queja de que sus aliados no se involucran con “entusiasmo”, los petroleros siguen sin poder navegar, la economía global tiembla y el imperio descubre, una vez más, que su poder tiene límites.

La “protección” de la que habla Trump nunca fue altruismo. Fue dominación. Y ahora que la dominación se vuelve costosa, los vasallos dudan. Esa es la verdad que emerge detrás de la rabieta presidencial: el imperio está solo, y la Resistencia lo sabe.

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