El presidente transitorio de Perú, José María Balcázar, respondió este miércoles al inicio de las obras del “Plan Escudo Fronterizo” impulsado por José Antonio Kast con una advertencia cargada de simbolismo histórico: “Cuidado no vayamos a volver a los tiempos en que se construyó el Muro de Berlín y todo fue un fracaso posteriormente”. La declaración del mandatario izquierdista, realizada en entrevista con RPP, constituye el primer cuestionamiento internacional de peso a la política migratoria del nuevo gobierno chileno, que esta semana comenzó a cavar una zanja de 30 kilómetros, 3 metros de ancho y 3 de profundidad en la frontera con Perú.
Por Equipo El Despertar
La maquinaria pesada comenzó a operar el lunes en el Complejo Fronterizo Chacalluta, principal paso entre Chile y Perú, bajo la atenta mirada del presidente Kast y una comitiva que incluyó a los ministros de Seguridad Pública, Trinidad Steinert; del Interior, Claudio Alvarado, y de Defensa, Fernando Barros . El “Plan Escudo Fronterizo”, una de las promesas estrella de la campaña del ultraderechista, contempla zanjas, muros de hasta 5 metros de altura, cercos perimetrales electrificados, torres de vigilancia y radares térmicos a lo largo de más de 500 kilómetros de frontera con Perú y Bolivia . La primera fase, una zanja de 30 kilómetros en territorio chileno, estaría lista en 90 días .
Kast ha sido explícito en su inspiración: se declara admirador de las políticas migratorias de Donald Trump y de las medidas de seguridad del salvadoreño Nayib Bukele . Su discurso, repetido en cada aparición pública, vincula migración con delincuencia y crimen organizado. “Chile ha sido vulnerado por la inmigración ilegal, por el narcotráfico, por el crimen organizado”, declaró durante el inicio de las obras .
LA ADVERTENCIA DE BALCÁZAR: “CUIDADO NO VOLVAMOS A LOS TIEMPOS DEL MURO DE BERLÍN”
La respuesta del presidente peruano, sin embargo, introdujo una perspectiva que los medios hegemónicos chilenos han evitado profundizar: la dimensión histórica y política de levantar barreras físicas entre naciones hermanas. “Es una decisión presidencial que nosotros respetamos, somos demócratas”, aclaró Balcázar en declaraciones a la emisora RPP . Pero acto seguido lanzó su advertencia: “Sí hay que indicar que cuidado vayamos a volver a los tiempos en que se construyó el Muro de Berlín y todo fue un fracaso posteriormente” .
El mandatario peruano, identificado por la prensa como izquierdista, no se limitó a la analogía histórica. En un giro inesperado, citó al filósofo alemán Jürgen Habermas para defender el diálogo como única vía de solución: “Sin diálogo razonado, como siempre soy un habermasiano, de Habermas, eso es fundamental. Si se aplica esa tesis de Habermas, tendríamos muchas cosas por resolver y no entrar en peleas y disquisiciones, a veces de exquisitez, que no resultan aplicables para poder solucionar los problemas del país” .
La referencia a Habermas —pensador de la teoría crítica, vinculado a la Escuela de Fráncfort— no es casual. Balcázar contrapone la acción unilateral de Kast —cavar una zanja sin consulta ni coordinación— a la necesidad de construir acuerdos mediante la comunicación racional. Es, en el fondo, un contraste entre dos formas de entender la política: la del gesto autoritario y la del diálogo, aunque este último se desarrolle siempre dentro de los márgenes que el capital permite.
EL FANTASMA DEL TRIÁNGULO TERRESTRE Y LA POSIBLE CRISIS DIPLOMÁTICA
Detrás de las declaraciones de Balcázar subyace una preocupación concreta: el trazado del muro chileno podría invadir territorio en disputa. El abogado internacionalista Miguel Ángel Porras, del estudio Ugaz Zegarra, advirtió a Infobae Perú que el punto crítico es el denominado Triángulo Terrestre, un área de 3,7 hectáreas que permanece bajo diferendo pese al fallo de la Corte de La Haya en 2014 .
“Si el muro se levanta en áreas en disputa, puede interpretarse como un acto de demarcación unilateral y tensar las relaciones en el plano internacional”, explicó Porras. Según el especialista, si Chile decide cimentar su barrera sobre este territorio, Perú tiene el camino expedito para volver a los tribunales internacionales. “Nos quedan los mecanismos de reclamo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya”, precisó .
El internacionalista fue más allá y calificó la medida como “efectista” y “populista”, recordando que la experiencia global —desde el muro de Trump en Estados Unidos hasta las vallas de Ceuta y Melilla en España— demuestra que las barreras físicas no detienen los flujos migratorios, solo los encarecen y vuelven más peligrosos . “Este tipo de medidas no frenan el flujo de migrantes, solo desplazan las rutas hacia zonas más inhóspitas. Es una respuesta para congraciarse con el electorado, pero no resuelve el problema de fondo del crimen organizado”, sostuvo .
EL “EFECTO EMBUDO”: UNA CRISIS HUMANITARIA ANUNCIADA
Porras también advirtió sobre un inminente “efecto embudo” en Tacna, donde miles de migrantes podrían quedar varados, generando una crisis humanitaria que Perú tendría que gestionar directamente . La predicción no es descabellada: según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), más de 330.000 migrantes se encuentran en situación irregular en Chile, la mayoría venezolanos . Cerca de un millón de ciudadanos venezolanos viven en Chile, la mayoría integrados y contribuyendo fiscalmente con el equivalente al 0,15% del PIB nacional, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones .
La ironía es que las cifras oficiales muestran que el ingreso irregular de personas ha disminuido un 54% en comparación con la crisis de hace cuatro años . Es decir, el gobierno de Kast está construyendo un muro para combatir un problema que ya estaba en retirada. La pregunta es inevitable: si la migración irregular disminuye, ¿a qué responde entonces la urgencia de cavar zanjas y levantar cercos electrificados?
La respuesta, desde una perspectiva marxista, es diáfana: responde a la necesidad de la derecha de fabricar un enemigo interno que justifique el endurecimiento del control social y desvíe la atención de los verdaderos problemas —la precariedad laboral, el deterioro de los servicios públicos, la concentración de la riqueza— que afectan a la clase trabajadora chilena.
LA RESPUESTA DEL GOBIERNO: SOBERANÍA Y SILENCIO
Desde La Moneda, la reacción ha sido medida. El canciller designado, Francisco Pérez Mackenna, ha guardado silencio, mientras el gobierno insiste en que se trata de una “decisión soberana”. Kast, por su parte, ha declarado que “no es solo una zanja”, sino un “sistema integral” que incluye “barreras físicas, tecnológicas, humanas” y que “requiere también el trabajo con otras naciones” . Un llamado a la cooperación que contradice la naturaleza unilateral de la medida.
Balcázar, en todo caso, ha tendido un puente: aseguró que, según el canciller peruano Hugo de Zela, Kast tiene “las mejores intenciones” . Pero la advertencia queda flotando en el aire: los muros, en la historia, siempre terminan derribados. El de Berlín cayó en 1989, aplastado por la fuerza de un pueblo que se negaba a vivir dividido. El de Kast, si se construye, también caerá —no necesariamente de manera física, sino como símbolo de una política que prefiere cavar fosas a tender puentes.
EPÍLOGO: ENTRE ZANJAS Y MUROS, LA MISMA LUCHA DE CLASES
Mientras las excavadoras remueven la tierra en Chacalluta y los presidentes intercambian declaraciones, hay una realidad que ni unos ni otros mencionan: los migrantes no cruzan fronteras por gusto, sino empujados por el hambre, la violencia y la desesperanza que genera el mismo sistema capitalista que Kast defiende y que Balcázar administra con matices. Son víctimas de las guerras imperialistas, del saqueo de sus recursos naturales, de las dictaduras que Estados Unidos apoyó durante décadas en la región.
Kast cava una zanja para mantenerlos fuera. Balcázar recuerda el fracaso de los muros. Pero ninguno propone atacar las causas de fondo: la desigualdad estructural, la concentración de la riqueza, el extractivismo depredador que expulsa a las comunidades de sus territorios.
Mientras tanto, en Tacna, los migrantes varados esperan. El invierno se acerca. Y la zanja, como todos los muros de la vergüenza, seguirá cavando la herida que separa a pueblos que, en el fondo, comparten la misma miseria y la misma esperanza.
