En su primera semana al frente de la vocería del gobierno de José Antonio Kast, la periodista y expanelista televisiva Mara Sedini ha desplegado una estrategia comunicacional que combina la denuncia permanente contra la administración saliente con la justificación de las primeras medidas del Ejecutivo bajo el paraguas de una “crisis heredada”. Desde el retiro de 43 decretos ambientales hasta la ruptura del traspaso de mando, pasando por la defensa de los viajes de Kast al extranjero y la rectificación de sus propias declaraciones sobre la nueva ministra de Seguridad, la vocera se ha convertido en la principal artillera de un gobierno que busca instalar el relato de la “urgencia” para imponer su agenda de desregulación y ajuste fiscal sin rendir cuentas a las mayorías .
Por Equipo El Despertar
El 11 de marzo, cuando José Antonio Kast asumió la presidencia, también lo hizo su equipo de comunicaciones. Al frente, Mara Sedini, una figura conocida por su paso por programas de opinión televisiva, asumió la cartera de la Secretaría General de Gobierno con la misión de construir el relato oficial de una administración que prometió “mano dura” y “emergencia” desde su campaña . En apenas siete días, Sedini ha sido la voz que ha justificado las medidas más controvertidas del nuevo gobierno, ha marcado distancia con el gobierno anterior y ha fijado los términos del conflicto político que se avecina .
LA RUPTURA DEL TRASPASO: “EL DIÁLOGO SIGUE ABIERTO, PERO LAS BILATERALES SE HAN TERMINADO”
Una de las primeras intervenciones públicas de Sedini ocurrió incluso antes de asumir formalmente, en medio del inédito quiebre del proceso de traspaso de mando. El 3 de marzo, desde el Hotel Radisson Blu donde se reunía el gabinete de Kast, la futura vocera declaró que “el diálogo sigue abierto”, pero sentenció: “los traspasos bilaterales se han dado por terminado” .
La decisión, explicó Sedini, respondía a la “falta de información que se ha dado en diversas carteras y áreas”, mencionando “una propuesta de ley de amarre, cargos que se han estado llenando a último momento, cargos de confianza, falta de información desde el caso del cable, los sumarios administrativos con las licencias médicas” . Para la vocera, el gobierno saliente había intentado “pasar gato por liebre” .
La respuesta del entonces presidente Gabriel Boric no se hizo esperar: desde Punta Arenas, manifestó su “disposición absoluta y la de todo mi gobierno de retomar inmediatamente las reuniones de traspaso de mando” . Pero Sedini mantuvo la postura: “Se pueden conversar muchas cosas, sobre todo considerando que viene un cambio de mando que esperamos que sea tremendamente republicano”, declaró, añadiendo que si se necesitaba contacto entre ambos mandatarios, “las líneas están abiertas” .
Desde una perspectiva marxista, lo que subyace a esta ruptura es el intento del nuevo gobierno de instalar una narrativa de “heredero de un Estado en crisis” que le permita justificar medidas de ajuste sin tener que rendir cuentas por la herencia recibida. Al romper las bilaterales, Kast y su equipo evitan comprometerse con las cifras y los proyectos en curso, ganando espacio para imponer su propio diagnóstico sin contradicciones.
EL TROPIEZO INICIAL: LA DEFENSORÍA DE LA NIÑEZ Y LA RECTIFICACIÓN FORZADA
Pero la primera semana de Sedini no estuvo exenta de errores que evidenciaron las tensiones entre el discurso de “eficiencia” y la realidad del desconocimiento institucional. Apenas unos días antes de asumir, en una entrevista con Radio Duna, la futura vocera acusó al gobierno de Boric de intentar dejar “amarrado” al Defensor de la Niñez mediante una “ley de amarre” .
La respuesta del propio defensor, Anuar Quesille, fue un baldazo de agua fría para la futura autoridad. A través de redes sociales, Quesille aclaró que “la Defensoría de la Niñez es una institución autónoma del Estado, independiente del gobierno de turno y cuya máxima autoridad es elegida por el Senado cada cinco años”, añadiendo que su mandato “finaliza recién a fines del año 2028” .
La crítica de la comentarista Valeria Cárcamo fue lapidaria: “Que una ministra desconozca algo tan básico como la separación de poderes deja muy mal parado a Chile” . El episodio, rápidamente viralizado, puso en evidencia la fragilidad de un equipo que llegaba al poder más por su fidelidad al proyecto político que por su expertise institucional.
Sedini, sin embargo, no rectificó públicamente el error. Tampoco lo hizo cuando, días después, debió matizar sus dichos sobre las conversaciones entre Kast y la nueva ministra de Seguridad, Trinidad Steinert. Inicialmente, la vocera había afirmado que “la ministra de Seguridad no fue una improvisación, era una conversación que ya llevaba un buen tiempo” . Ante las críticas de que esas conversaciones habrían ocurrido mientras Steinert se desempeñaba como fiscal regional —lo que podría constituir una interferencia en el Ministerio Público—, Sedini debió rectificar: “las conversaciones ocurrieron pocos días antes de la nominación” .
“Para que todos queden tranquilos y no se generen más especulaciones respecto a este tema”, dijo la vocera, dando por “zanjado” el asunto . La frase, que buscaba cerrar la polémica, evidenciaba en realidad la dificultad del nuevo gobierno para manejar los primeros conflictos de interés que emergían de sus propios nombramientos.
LA DEFENSA DEL RETIRO AMBIENTAL: “ACTUAR CON RESPONSABILIDAD”
El primer gran escándalo del gobierno de Kast —el retiro de 43 decretos ambientales impulsados por la administración Boric— encontró en Sedini a su principal defensora. El 17 de marzo, cuando la noticia ya había generado una oleada de críticas desde la oposición y organizaciones ecologistas, la vocera salió al frente con un argumento que el gobierno repetiría como mantra: los decretos fueron “entregados y propuestos a última hora por el gobierno anterior” .
“Lo que estamos haciendo es ser muy transparentes con la ciudadanía, revisarlos, analizarlos en su mérito y si es que cumplen con todos los requisitos y en beneficio de Chile, los volveremos a poner”, declaró Sedini, añadiendo que “algunos los revisaremos, los modificaremos y veremos si corresponde volver a integrarlos o retirarlos definitivamente” .
El argumento, sin embargo, ocultaba una decisión política de fondo: la prioridad del nuevo gobierno es “fortalecer la inversión” y “generar proyectos que mejoren la economía”, como la propia vocera reconoció al justificar la medida. “Muchos de ellos es importante revisarlos porque pueden tener problemas para avanzar en beneficiar a los chilenos, sobre todo en proyectos que mejoran la economía, generan inversión, permiten la construcción de hospitales”, afirmó .
Desde una perspectiva marxista, la operación es diáfana: el gobierno de Kast busca desregular las barreras ambientales que limitan la acción del gran capital —minero, energético, inmobiliario— presentando su ofensiva como una mera “revisión técnica” de los “apresuramientos” del gobierno anterior. La vocera cumple aquí un papel central: traducir al lenguaje de la “transparencia” y la “responsabilidad” lo que en los hechos es una transferencia de poder desde los territorios y las comunidades hacia las empresas que financiaron la campaña de Kast.
LA “EMERGENCIA” COMO PARAGUAS: GUERRA EN MEDIO ORIENTE Y AJUSTE FISCAL
El otro gran eje del discurso de Sedini en esta primera semana ha sido la construcción de un relato de “crisis inevitable” para justificar las medidas de ajuste que el gobierno se prepara a implementar. En sus declaraciones del 18 de marzo, la vocera vinculó directamente la situación económica del país con la guerra en Medio Oriente, presentándola como una fuerza externa incontrolable.
“Lo que estamos viviendo hoy es una crisis energética de proporciones históricas. La guerra en Medio Oriente está afectando a todos los países del mundo, y Chile no está exento de esta realidad. Las gasolinas subieron cerca de un 35% a nivel internacional y el diésel cerca de un 55%”, declaró .
El corolario de este diagnóstico es el ajuste: “Si nosotros no hacemos nada, el costo para Chile puede llegar a ser cerca de US$3.000 millones, y, como ustedes bien saben, esa plata no la tenemos; es una crisis gigantesca para el Estado” . La ministra de Hacienda, Jorge Quiroz, está elaborando “un plan responsable con la situación fiscal que heredamos”, adelantó Sedini .
Nuevamente, la estrategia comunicacional es precisa: presentar los efectos de la guerra como una catástrofe natural, y las medidas del gobierno como la única respuesta responsable. Lo que queda fuera del relato es que el propio Kast ha apoyado la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que el conflicto responde a intereses geopolíticos de las potencias imperialistas, y que los ajustes que se avecinan —eliminación del Mepco, recortes del gasto social— tienen como principal beneficiario al gran capital, no a las familias trabajadoras que verán encarecerse la bencina y la parafina.
LA AUDITORÍA TOTAL DEL ESTADO: “CAIGA QUIEN CAIGA”
El último flanco que Sedini ha tenido que cubrir en esta primera semana es el anuncio de la “auditoría total del Estado”, un proceso que comenzará este viernes 20 de marzo bajo la dirección del Comité Estratégico de Auditoría y Revisión Fiscal . Las palabras de la vocera fueron contundentes: “Puede que algunos se incomoden y que otros se sorprendan con los hallazgos que vamos a descubrir. Lo que no vamos a hacer es ocultar la verdad. Los chilenos exigen transparencia y rendición de cuentas, y eso es lo que impulsaremos. Caiga quien caiga” .
La declaración, cargada de un dramatismo que evoca los discursos de “mano dura contra la corrupción”, tiene sin embargo una lectura de clase. La auditoría se presenta como una cruzada moral contra el “despilfarro” del gobierno anterior, pero sus principales consecuencias serán la reducción del gasto social, la desregulación laboral y la facilitación de la inversión privada. La frase “caiga quien caiga” sugiere que el gobierno está dispuesto a enfrentar a cualquier actor que se interponga en su plan, pero la experiencia indica que los primeros en “caer” serán los trabajadores públicos, los beneficiarios de programas sociales y las comunidades que dependen del Estado para su subsistencia.
¿COPA MIENTRAS TRABAJA? LA VOCERA RESPONDE A LAS CRÍTICAS
La intensa agenda comunicacional del gobierno —con una vocera que ha dado entrevistas a casi todos los medios del país en sus primeros siete días— ha generado críticas desde la oposición, que habla de un “copamiento comunicacional” . Sedini ha rechazado el calificativo con una fórmula que resume su concepción del rol: “No es un copamiento comunicacional, es trabajar, y trabajar en serio” .
“Los chilenos están sufriendo por la inseguridad, la migración irregular y la falta de empleo. Están sufriendo porque ven que las arcas fiscales quedaron vacías y a eso tenemos que responder”, sentenció la vocera . La frase condensa la estrategia del gobierno: instalar un diagnóstico de crisis total que legitime cualquier medida que se tome, sin importar cuán regresiva sea para las mayorías.
El jefe de la bancada republicana, diputado Stephan Schubert, salió en defensa de la gestión comunicacional: “Tal vez nos desacostumbramos a que hubiera un Gobierno que trabajara desde temprano con todo desplegado. Yo creo que los chilenos aplaudimos el que tengamos autoridades que de entrada hagan tantas cosas, inicien tantos procesos, presenten tantos proyectos” . La defensa, sin embargo, omite que los “proyectos” y “procesos” anunciados son, en su mayoría, reversiones de políticas anteriores o ajustes que benefician a los sectores concentrados de la economía.
EPÍLOGO: LA VOCERA DEL ORDEN BURGUÉS
En su primera semana al frente de la vocería, Mara Sedini ha cumplido con eficacia el rol que la burguesía chilena espera de sus comunicadores: construir un relato que presente como “emergencia” la profundización del modelo neoliberal, que criminalice la gestión anterior para justificar los ajustes del presente, y que oculte tras la retórica de la “transparencia” y la “responsabilidad” las verdaderas motivaciones de clase de un gobierno que llegó al poder con el apoyo explícito de los grandes grupos económicos.
Sus errores iniciales —el desconocimiento de la autonomía de la Defensoría de la Niñez, las rectificaciones sobre los contactos con la ministra Steinert— son apenas chispazos que evidencian la fragilidad de un equipo que prioriza la lealtad política sobre la experiencia institucional. Pero en la lógica del poder burgués, la lealtad es más valiosa que el conocimiento técnico, porque lo que se necesita no son expertos en gestión pública sino operadores políticos capaces de imponer un relato y disciplinar a los disidentes.
Sedini lo ha entendido a la perfección. Sus primeras declaraciones como vocera no han sido para explicar políticas públicas, sino para fijar los términos del conflicto: el gobierno anterior es el responsable de la crisis, los decretos ambientales son “apresuramientos”, las medidas de ajuste son una “respuesta responsable” a una “guerra que afecta al mundo entero”. Es el lenguaje del orden burgués, disfrazado de transparencia y urgencia. Y en ese lenguaje, Mara Sedini ya ha demostrado ser una traductora eficaz.
Mientras tanto, afuera, los trabajadores chilenos ven cómo el precio de la parafina sube más de $200 en dos semanas, cómo los decretos que protegían sus territorios desaparecen de la Contraloría, y cómo la vocera del gobierno les dice, con una sonrisa, que todo es por su bien. La lucha de clases, como siempre, tendrá la última palabra.
