La ministra británica de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, presidirá este jueves una reunión virtual con 35 países —incluido Chile— para “analizar medidas” que permitan reabrir el estrecho de Ormuz “cuando las circunstancias lo permitan”. La convocatoria, que reúne a una treintena de naciones dependientes del imperio, es la foto de la desesperación: después de más de un mes de guerra, Estados Unidos y sus aliados no tienen un plan para romper el control iraní sobre la arteria energética mundial. Mientras tanto, los petroleros siguen varados, los precios del crudo trepan y la clase trabajadora del mundo paga las consecuencias de una guerra que el imperio inició y no puede terminar.
Por Equipo El Despertar
Londres / Santiago. La noticia llegó desde Londres con la pompa de una cumbre diplomática: el Reino Unido, que busca demostrar su “liderazgo” en la crisis de Asia Occidental, ha convocado a 35 países a una reunión virtual para discutir cómo reabrir el estrecho de Ormuz . Pero detrás de la parafernalia de la convocatoria —que incluye a Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, Canadá y, sorprendentemente, a Chile— se esconde una realidad que la prensa hegemónica se cuida de mencionar: el imperio no tiene un plan, no tiene una coalición militar dispuesta a enfrentar a Irán, y sus promesas de “garantizar la libertad de navegación” chocan con la cruda realidad de que sus barcos siguen sin poder cruzar.
La reunión, que se realizará este jueves bajo la conducción de la canciller británica Yvette Cooper, es la continuación de un comunicado firmado el pasado 19 de marzo por 35 países —entre ellos Chile— que condenaban el cierre parcial del estrecho de Ormuz . El comunicado, que sumó nuevos adherentes el 30 de marzo, no condena la agresión de EEUU e Israel contra Irán mientras se realizaban negociaciones pero denunciaba los ataques iraníes contra buques comerciales e infraestructuras civiles, y reclamaba a Teherán que cesara “de inmediato sus amenazas, la colocación de minas y los ataques con drones y misiles” .
La coalición de los que no se atreven
El ministerio británico adelantó que los aliados debatirán “un plan viable” para garantizar la apertura del estrecho “cuando las circunstancias lo permitan” , una coletilla que revela la magnitud de la impotencia. Nadie sabe cuándo terminará la guerra. Nadie sabe cómo romper el bloqueo. Y nadie está dispuesto a poner un solo soldado en el terreno para intentarlo.
La convocatoria es un espejo de lo que fue la “Coalición de Voluntarios para Ucrania” que Reino Unido y Francia lideraron para asegurar la paz en la antigua república soviética . En aquel entonces, la coalición tampoco puso tropas. Ahora, la fórmula se repite: palabras, declaraciones, reuniones virtuales, y cero disposición a asumir los costos reales de una confrontación militar con la Resistencia iraní.
Los 35 países firmantes representan un quién es quién de la dependencia imperialista: desde los grandes de Europa hasta pequeños estados como Kosovo, Montenegro o las Islas Marshall, pasando por Chile, que por primera vez se sienta en una mesa donde se discute el destino energético del mundo sin tener absolutamente nada que aportar más que su alineamiento acrítico con Washington y Londres.
El Chile de Kast: el vasallo que aplaude
La presencia de Chile en esta convocatoria es un síntoma de la política exterior del gobierno de José Antonio Kast. En las primeras semanas de su mandato, el canciller Francisco Pérez Mackenna firmó una declaración conjunta con Estados Unidos sobre minerales críticos y tierras raras, abriendo la puerta a una nueva oleada de expolio de los recursos naturales chilenos . Ahora, el gobierno chileno se suma a la lista de países que condenan a Irán por controlar un estrecho que está a 14.000 kilómetros de distancia, mientras en su propia casa los trabajadores pagan el alza de los combustibles que esta guerra provoca.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunció hace apenas una semana un aumento histórico de $370 pesos por litro de bencina y $580 en el diésel , argumentando que el gobierno anterior dejó la “caja vacía”. Pero lo que Quiroz no dice es que el alza también responde al precio del petróleo, que ha trepado hasta los 115 dólares por barril desde el inicio de la guerra, y que Chile, como país dependiente de las importaciones energéticas, no tiene ningún control sobre su propio destino.
El principio fundamental del capitalismo: la libertad de navegación
El comunicado de los 35 países subraya que “la libertad de navegación es un principio fundamental del derecho internacional” . Y lo es. Para el capitalismo global, la libertad de navegación es la condición de posibilidad del comercio, del transporte de energía, de la circulación de mercancías. Sin ella, el sistema se estrangula.
Pero el derecho internacional que estos países invocan con tanta vehemencia es el mismo que violaron cuando bombardearon Irak, Libia, Yugoslavia. Es el mismo que violan cuando arman y financian el genocidio sionista en Gaza. Es el mismo que viola Estados Unidos cada vez que impone sanciones unilaterales contra países que no se pliegan a sus designios.
Irán, por su parte, no invoca principios abstractos. Controla el estrecho porque es su territorio, porque está en guerra, y porque el imperio que hoy se queja del cierre fue el que desató la guerra. La pregunta que nadie se hace en esta cumbre virtual es: ¿cómo se llegó a esto? ¿Quién ordenó el ataque del 28 de febrero que asesinó al ayatolá Alí Jamenei y a altos mandos militares iraníes? ¿Quién ha estado lanzando misiles sobre territorio iraní durante más de un mes? La respuesta es el mismo país que hoy lidera la condena al “cierre de facto”: Estados Unidos.
Las potencias que se quedaron en la orilla
La reunión de este jueves es, en el fondo, un reconocimiento de la derrota. Estados Unidos, que prometió una guerra relámpago y desplegó dos portaaviones en la región, no ha podido romper el control de Irán sobre el estrecho. Sus aliados europeos, que alguna vez hablaron de “defender los valores occidentales”, ahora se reúnen virtualmente para decir que harán algo “cuando las circunstancias lo permitan”.
Mientras tanto, los petroleros siguen varados en los puertos. Los precios del crudo siguen subiendo. Y los trabajadores del mundo, desde Chile hasta España, desde Estados Unidos hasta Japón, pagan la factura de esta guerra en el bolsillo, en el transporte, en la inflación. La clase trabajadora, una vez más, es la que financia los desastres de sus gobernantes.
Epílogo: la reunión de los que no pueden hacer nada
La cumbre de los 35 no abrirá el estrecho. No hará bajar el precio del petróleo. No detendrá la guerra. Lo único que hará es generar otra foto, otra declaración, otra prueba de que el imperio, cuando se enfrenta a una resistencia que no puede aplastar, no sabe qué hacer.
Chile, que nunca tuvo petróleo y que hoy depende de combustibles importados, se suma a esta foto para demostrar que su gobierno está alineado con los intereses de Estados Unidos y Reino Unido. Pero la clase trabajadora chilena, que ya siente el golpe en el bolsillo, sabe que esta alianza no traerá ningún beneficio. Solo más guerra, más inflación, más sacrificios.
El estrecho de Ormuz seguirá cerrado. La guerra seguirá. Y los trabajadores seguirán pagando. Mientras tanto, los 35 países seguirán reuniéndose virtualmente, firmando declaraciones, condenando a Irán, sin atreverse a hacer nada que realmente cambie el curso de los acontecimientos. Esa es la imagen del imperio en decadencia: incapaz de ganar la guerra, incapaz de reconocer la derrota, condenado a reuniones eternas donde se habla de lo que se hará “cuando las circunstancias lo permitan”.
