Mar. Abr 7th, 2026

América Latina elige bajo la sombra de Trump: el imperio aprieta las tuercas en la región en pleno año electoral

Abr 7, 2026
Foto AP

Cinco naciones latinoamericanas definirán su destino en las urnas en 2026 mientras la Casa Blanca teje una red de alianzas con las nuevas derechas del continente y despliega su arsenal de presión para inclinar la balanza. El año comenzó con el triunfo de una candidata alineada con Washington en Costa Rica, continuará con la crucial cita peruana a solo días vista y definirá en los próximos meses si Brasil regresa a la senda del “Lula libre” o profundiza el giro derechista. La cumbre “Shield of the Americas”, celebrada en Miami, no fue una reunión protocolar: fue la declaración de guerra del imperio contra los gobiernos que se atreven a resistir, bajo el lema de la “seguridad” y la “defensa de la democracia”.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El año electoral en América Latina está en pleno desarrollo, y por primera vez en décadas, la sombra del imperio se proyecta con una nitidez aterradora sobre cada uno de los comicios. Cinco países elegirán presidente en 2026: Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica y Haití, en un escenario regional profundamente fracturado por la ofensiva de Donald Trump y su intento de reconfigurar el mapa político del continente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya demostró su voluntad de intervenir. En marzo, durante la cumbre “Shield of the Americas” en Miami, se reunió con una decena de líderes de derecha, entre ellos el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, y el argentino Javier Milei, para delinear una estrategia común de confrontación contra los gobiernos progresistas. La cumbre, descrita por analistas como una “declaración de guerra” del imperio, fue la confirmación de que Washington ha decidido apoyar abiertamente a las fuerzas de la ultraderecha en la región.

Costa Rica: el primer golpe del año

El primer round electoral ya se jugó en febrero. El 1 de febrero, Costa Rica celebró sus elecciones presidenciales y legislativas, en un contexto de inseguridad ciudadana, inquietudes sobre empleo y debates sobre la deuda pública. Laura Fernández, la candidata del oficialista Partido Pueblo Soberano, se perfilaba como la virtual presidenta tras sumar el 53,10 % de los votos válidos. Su triunfo, celebrado por la derecha continental, representa un triunfo indirecto para Trump.

Perú: el caos como campo de batalla

La mirada está ahora puesta en Perú, donde el 12 de abril se celebrarán las elecciones generales. Con 35 candidatos en liza, los favoritos son Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, y el cómico Carlos Álvarez, que ha sorprendido al pasar al segundo puesto en las encuestas. El temor de las organizaciones populares es que Washington intervenga en el proceso para evitar un triunfo de la izquierda, en un país donde el fantasma de la inestabilidad política es una constante.

Colombia: el pulso entre Petro y la derecha uribista

En Colombia, la sucesión del presidente Gustavo Petro es el eje del debate político. Las elecciones legislativas del 9 de marzo ya marcaron la cancha: el Pacto Histórico, la coalición de Petro, se impuso en las preferencias, mientras que el expresidente Álvaro Uribe quedó fuera del Congreso. La campaña presidencial, que culminará en mayo, se ha polarizado en torno a la figura de la senadora Paloma Valencia, representante de la derecha uribista, y la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien ha criticado la “falsa dicotomía sectaria” del debate. Trump ya ha mostrado su apoyo a la derecha colombiana, y la incógnita es si la izquierda logrará retener el poder o si el imperio conseguirá imponer a un nuevo títere.

Brasil: la disputa por la cuarta presidencia de Lula

La elección más trascendental del año será, sin duda, la de Brasil. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca un cuarto mandato, un hecho inédito en la historia del país. Según todas las encuestas, Lula aparece a la cabeza en todos los escenarios de primer y segundo turno, con una ventaja de hasta 10 puntos sobre Jair Bolsonaro y 23 sobre el gobernador Eduardo Leite. Sin embargo, el avance del hijo del expresidente, Flávio Bolsonaro, consolida a la ultraderecha como principal alternativa. Washington ya ha expresado su malestar ante una posible reelección de Lula, y el Partido de los Trabajadores (PT) ha denunciado la posibilidad de una injerencia electoral estadounidense para favorecer a la derecha.

Haití: la democracia en estado de coma

El caso de Haití es el más emblemático de la crisis del continente. El país no ha celebrado elecciones desde 2016, y su último presidente, Jovenel Moïse, fue asesinado en 2021. Las elecciones presidenciales están programadas para el 30 de agosto, pero se celebran en un contexto de violencia de pandillas, inestabilidad política y crisis social. El Consejo Presidencial de Transición finalizó su mandato en febrero sin lograr fortalecer las instituciones. Haití es, en este sentido, el espejo de lo que el imperialismo ha dejado en la región: un Estado fallido, controlado por grupos criminales, donde la voluntad popular es solo una ficción.

La amenaza de Trump: militarización y coerción

Donald Trump no ha ocultado sus intenciones. En marzo, durante un discurso, pidió a los países latinoamericanos que usen a los militares para combatir el narcotráfico, advirtiendo que, si no lo hacen, él mismo enviará a los “Navy SEALs” a eliminar a los capos. La amenaza, que ha sido calificada por analistas como una “injerencia descarada”, es parte de una estrategia más amplia para presionar a los gobiernos de la región a alinearse con los intereses de Washington.

El gobierno chileno de José Antonio Kast no ha sido ajeno a esta ofensiva. En marzo, Kast participó en la cumbre “Shield of the Americas” en Miami, donde se reunió con Trump junto a otros líderes de derecha. Días después, su canciller, Francisco Pérez Mackenna, firmó una declaración conjunta con Estados Unidos sobre minerales críticos y tierras raras, un acuerdo que busca garantizar el suministro de recursos estratégicos para la industria bélica y tecnológica estadounidense.

La respuesta de los pueblos

Frente a esta ofensiva del imperio, los movimientos populares y los gobiernos progresistas de la región no han permanecido callados. La victoria de Lula en Brasil sería un bálsamo para la izquierda continental, pero el camino está lleno de obstáculos. Las encuestas peruanas muestran un panorama fragmentado, y en Colombia, la polarización entre Petro y la derecha podría definir el rumbo del país para la próxima década.

Mientras tanto, los trabajadores latinoamericanos siguen pagando el costo de esta confrontación geopolítica: los precios de los combustibles se disparan, la inflación golpea los bolsillos y la incertidumbre se ha convertido en la única certeza. En Haití, la crisis humanitaria se agrava día a día. En Brasil, la polarización amenaza con paralizar el país. En Perú, el caos electoral es una constante. Y en Colombia, la sombra del conflicto armado sigue vigente.

La función de clase del miedo electoral

El temor de que las urnas funcionen bajo la sombra del imperio no es una paranoia. Es la conciencia de que, en un mundo donde el poder económico y militar se concentra en pocas manos, la soberanía popular es siempre frágil. Trump ha demostrado que está dispuesto a intervenir directamente en los procesos electorales latinoamericanos, usando la amenaza de la fuerza como un garrote. Y los gobiernos de derecha de la región, como el de Kast en Chile, se han alineado dócilmente con esa estrategia, firmando acuerdos que comprometen la autonomía del país y entregando el control de los recursos naturales a las transnacionales estadounidenses.

La clase trabajadora latinoamericana tiene razones para desconfiar. Las elecciones de 2026 se celebrarán bajo el signo de la dependencia: dependencia política de un imperio que no tolera la disidencia, dependencia económica de un mercado global regido por los intereses del capital, y dependencia mediática de una prensa hegemónica que aplaude el alineamiento con Washington.

Mientras los precios suben, la inflación golpea y los trabajadores se preguntan si sus votos realmente cuentan, la sombra del imperio se alarga sobre las urnas. La lucha por una democracia auténtica, que no esté al servicio de los intereses del capital, sigue siendo una tarea pendiente en todo el continente.

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