Vie. Abr 10th, 2026

El “infierno” a la carta: Trump prolonga su guerra de nervios mientras el mundo paga el peaje de Ormuz

Abr 10, 2026

Horas antes de que expirara su propio ultimátum, Donald Trump aceptó una tregua de dos semanas e inició el repliegue táctico de la guerra que él mismo desató. Sin embargo, en una nueva demostración de cómo el imperio gestiona las crisis que provoca, el mandatario ha dejado claro que si las negociaciones en Pakistán fracasan, las amenazas de “devastación total” contra Irán volverán a estar sobre la mesa. Mientras tanto, el pueblo iraní sigue bajo bombardeos, el Líbano arde en una masacre paralela y los precios del petróleo se disparan, demostrando una vez más que la clase trabajadora del mundo es quien paga los costos de la barbarie imperialista.

Por Equipo El Despertar

Washington / Islamabad. La guerra que debía ser una victoria rápida del imperio se ha convertido en una agonía diplomática. En un nuevo episodio de su serie de amenazas apocalípticas, Donald Trump advirtió este jueves que si Irán no cumple con las demandas de Washington, habrá una “gran escalada del conflicto, mayor, mejor y más fuerte de lo que nadie haya visto jamás”. A pesar de haber aceptado una tregua de dos semanas y de declarar el “fin de las hostilidades”, el presidente estadounidense no ha cesado de intimidar, confirmando que las fuerzas militares se quedarán en la región, “cargándose y descansando, esperando, de hecho, su próxima conquista”.

Esta nueva demostración de hipocresía imperialista no es más que el reflejo de la profunda crisis en la que se encuentra la administración Trump. Apretado entre la promesa de una “victoria total” y la realidad de un frente de batalla imposible de cerrar, el mandatario ha jugado con el terrorismo de Estado como herramienta de negociación. Horas antes de sellar la tregua, advirtió que “toda una civilización morirá esta noche, para no volver a ser traída jamás”, si Irán no aceptaba sus términos. Esta retórica genocida, lejos de ser un exabrupto, es el lenguaje habitual de un poder que pretende imponer su ley a sangre y fuego.

El chantaje del estrecho

El corazón de la disputa sigue siendo el estrecho de Ormuz. Irán, ejerciendo su legítima defensa, ha mantenido bloqueada esta arteria energética desde el inicio de la agresión. Trump, quien primero aseguró que el bloqueo no afectaba a Estados Unidos, ha pasado a la furia, calificando a los iraníes de “locos bastardos” y exigiendo la reapertura inmediata. La nueva condición para la tregua fue que Irán permitiera el tránsito bajo su propia supervisión militar, una medida que busca garantizar la seguridad de la navegación. Sin embargo, la administración Trump ha dejado claro que si no se llega a un acuerdo definitivo, las sanciones y los bombardeos volverán, elevando aún más los precios del crudo, que ya rozan los 100 dólares por barril.

Esta maniobra desnuda la función de clase de la guerra: la voracidad por el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales. Mientras los tanques de guerra vacían los bolsillos de los trabajadores con el alza de los combustibles, las grandes corporaciones petroleras como Exxon y Chevron ya se frotan las manos con los “masivos márgenes de refinación” que obtienen en medio del caos.

La farsa de las negociaciones

Las negociaciones programadas para este sábado en Islamabad no son un acto de paz genuino, sino una continuación de la guerra por otros medios. Irán, que ha sufrido la pérdida de su liderazgo espiritual y miles de bajas, ha enviado una delegación de alto nivel encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, mientras que la Casa Blanca ha enviado al vicepresidente J.D. Vance.

Vance, en un alarde de prepotencia imperial, advirtió a Irán que “no intente jugar” con Estados Unidos y que, si lo hace, se encontrará con que “el equipo negociador no es tan receptivo”. Irán, por su parte, ha sido claro: las negociaciones serán “decisivas”, en un esquema de “todo o nada”, y están condicionadas a que el alto el fuego se extienda también a Líbano, donde Israel está llevando a cabo una brutal campaña de bombardeos.

El Líbano, la carne de cañón del imperio

Mientras Trump habla de “paz”, la artillería israelí no cesa. En las últimas 48 horas, los bombardeos sobre Líbano han dejado más de 250 muertos y más de un millar de heridos en lo que la Defensa Civil libanesa califica como el día más sangriento del conflicto. Irán ha acusado a Estados Unidos de violar “abierta y claramente” los términos del acuerdo al no detener a su aliado.

El viceministro de Exteriores iraní, Saeed Khatibzadeh, fue contundente: “No se puede pedir un alto el fuego, aceptar términos y condiciones, aceptar todas las zonas donde se aplica, mencionar específicamente a Líbano, y que luego tu aliado inicie una masacre”. Esta contradicción deja en evidencia que la tregua no es más que un espejismo para ganar tiempo mientras el eje sionista sigue arrasando la región.

Conclusión: la guerra de clases continúa

Desde una perspectiva marxista, la “paz” que pregona Trump no es más que la continuación de la guerra por otros medios. El imperio, incapaz de imponerse en el campo de batalla abierto, recurre ahora a la extorsión diplomática y las amenazas para intentar salvar su prestigio. Pero la realidad es tozuda: mientras Trump se jacta de haber logrado un “cambio de régimen muy productivo” y Vance amenaza con un “dolor muy grande”, la economía mundial se tambalea, el pueblo iraní se mantiene firme en su resistencia y la clase trabajadora global sigue pagando el costo de una guerra que no pidió y que solo beneficia a los monopolios energéticos y al complejo militar-industrial.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *