Mientras sus bombas siguen cayendo sobre civiles en Oriente Medio, Donald Trump ha desatado una andanada sin precedentes contra el Papa León XIV, a quien acusó de ser “débil con el crimen” y “pésimo en política exterior”. La respuesta del Pontífice no se hizo esperar: “No tengo miedo de la administración Trump, ni de proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio”. La diatriba del mandatario contra el líder de los 1.400 millones de católicos del mundo no es un exabrupto aislado, sino la expresión de un poder que no tolera ninguna voz moral que se atreva a cuestionar su lógica de destrucción. La guerra del imperio contra Irán, el asedio a los inmigrantes y el apoyo al genocidio en Gaza han encontrado en el Vaticano un inesperado muro de contención. Y Trump, furioso, ha decidido disparar contra el altar.
Por Equipo El Despertar
Roma / Washington. La escalada retórica alcanzó este fin de semana un punto de inflexión histórico. Donald Trump, en un extenso mensaje publicado en su red Truth Social, calificó al Papa León XIV como “WEAK on Crime and terrible for Foreign Policy” (“DÉBIL con el crimen y pésimo en política exterior”), una andanada que, según los analistas, no tiene precedentes en las relaciones entre la Casa Blanca y el Vaticano en décadas . El presidente no se detuvo ahí: sugirió que la elección del Pontífice —el primer estadounidense en la historia de la Iglesia— fue una maniobra para lidiar con él, escribiendo: “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, Leo no estaría en el Vaticano” .
Las críticas del Papa habían sido constantes en las últimas semanas. León XIV calificó las amenazas de Trump de destruir la “civilización” iraní como “verdaderamente inaceptables” y pidió al mandatario que encontrara una “salida” al conflicto . En su mensaje de Pascua, el Pontífice clamó sin ambages: “Que aquellos que tienen armas las depongan. Que aquellos que tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz. No una paz impuesta por la fuerza, sino a través del diálogo” .
La guerra como negocio y la paz como herejía
Desde una perspectiva marxista, lo que Trump no puede tolerar no es una disputa teológica, sino la existencia de una institución con capacidad de movilizar conciencias que se atreve a denunciar la barbarie del capitalismo en su fase imperialista. La guerra contra Irán, presentada por Washington como una “operación por la seguridad”, es en realidad un conflicto por el control de las rutas energéticas y la hegemonía regional. El Papa, al calificar la retórica bélica como “inaceptable” y al clamar “¡Basta de guerra!”, se convierte en un obstáculo moral para la maquinaria de destrucción que genera millonarios dividendos a la industria armamentística.
La reacción de Trump ha sido la de un poder que se sabe cuestionado. “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear”, escribió el mandatario, tergiversando las palabras del Pontífice, quien nunca ha respaldado la nuclearización de Teherán . Es la lógica del imperio: si no estás conmigo, estás contra mí; si criticas mis bombas, eres un aliado del enemigo.
La hipocresía de la “vida” y la crueldad de las políticas
Trump también atacó al Papa por su defensa de los inmigrantes, cuestionando si alguien que aboga por el “tratamiento inhumano de los migrantes” puede ser considerado “provida”, un término que la derecha religiosa estadounidense reserva exclusivamente para la oposición al aborto . La hipocresía es brutal: mientras Trump se presenta como defensor de la vida por oponerse al aborto, sus políticas de deportaciones masivas separan familias, encierran a niños en jaulas y criminalizan a quienes huyen del hambre y la violencia.
León XIV ha sido implacable al respecto, siguiendo la estela de su predecesor Francisco, quien llegó a calificar a Trump de “no cristiano” por su lenguaje antiinmigrante . Frente al ataque, el Papa respondió con la entereza de quien sabe que la historia lo juzgará del lado correcto. En pleno vuelo hacia Argelia, en el inicio de su gira africana de once días, declaró a los periodistas: “No tengo miedo de la administración Trump, ni de proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio” . Y añadió una frase que resume la esencia del conflicto: “Demasiadas personas inocentes están siendo asesinadas. Y creo que alguien tiene que levantarse y decir que hay una mejor manera de hacer esto” .
El silencio cómplice de los “provida”
Uno de los elementos más reveladores de esta crisis es el silencio de la jerarquía católica conservadora estadounidense. Aquellos obispos y cardenales que durante años se presentaron como los defensores de la “vida” contra el aborto, hoy no encuentran palabras para condenar las políticas migratorias del presidente ni su retórica bélica. El historiador Massimo Faggioli fue lapidario al comparar el ataque con los totalitarismos del siglo XX: “Ni siquiera Hitler o Mussolini atacaron al Papa de manera tan directa y pública” . La frase resuena como una advertencia: cuando el poder político se ensaña contra una voz moral, es porque no logra contenerla .
El portavoz vaticano, Matteo Bruni, salió al paso de las informaciones que hablaban de una supuesta “reprimenda” del Pentágono al enviado vaticano, calificándolas de falsas. Sin embargo, la tensión es real y creciente. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos expresó su “desaliento” por los ataques de Trump, pero evitó una condena explícita. La Iglesia estadounidense, atrapada entre su doctrina social y su alianza con el partido republicano, prefiere el silencio cómplice antes que enfrentar al poder.
El precio de la disidencia
León XIV ha dejado claro que no cejará en su empeño. Su mensaje de paz resuena con fuerza en un mundo donde la industria de la muerte genera ganancias récord. El Pontífice ha dicho que el Evangelio está siendo “abusado” por quienes lo utilizan para justificar la violencia . Y ha recordado que la Iglesia tiene la “obligación moral de ir contra la guerra” .
La lucha de clases también se libra en el terreno de las ideas y la moral. Mientras Trump promete “hacer grande a América” arrasando naciones y empujando a los pobres fuera de sus fronteras, el Papa León XIV levanta la voz por los que no tienen voz. No es casualidad que el magnate se sienta tan amenazado por un anciano con sotana blanca. Porque las palabras del Pontífice, cuando hablan de paz y justicia, interpelan directamente a la conciencia de los opresores.
El conflicto entre la Casa Blanca y el Vaticano está lejos de resolverse. Mientras Trump siga necesitando la guerra para sostener su popularidad y alimentar a sus aliados de la industria militar, cualquier voz que clame por la paz será vista como una traición. Pero la historia ha demostrado que los imperios pasan y las palabras de los profetas perduran. Y León XIV, como líder de la Iglesia católica, ha decidido de qué lado de la historia quiere estar. “Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”, prometió . Frente al poder de las bombas, la fuerza de la palabra sigue siendo la única esperanza de la humanidad.
