“Más allá de la producción, la ONU apunta a los verdaderos protagonistas del problema: los mercados consumidores. Estados Unidos y Europa Occidental concentran la mayor demanda mundial de cocaína, con un total estimado de 25 millones de usuarios, mientras que la crisis de drogas sintéticas como el fentanilo golpea con fuerza a la sociedad estadounidense, cobrando decenas de miles de vidas. La narrativa que pretende criminalizar a Venezuela como “narcoestado” no solo carece de respaldo en datos internacionales, sino que invisibiliza a quienes realmente sostienen el negocio: los grandes consumidores del Norte Global y las mafias transnacionales que operan desde Colombia y otras rutas del continente.”
Por: Nicolás Romero Reeves
En medio del debate político colombiano, el presidente Gustavo Petro respondió a la senadora María Fernanda Cabal sobre las acusaciones recurrentes contra Venezuela y el llamado Cartel de los Soles. Petro fue categórico: “es una mentira como las armas de destrucción masiva en Irak”, afirmó, en referencia a la fabricación de narrativas que justifican invasiones y agresiones internacionales. El mandatario señaló que el negocio de la cocaína no se encuentra en manos de un cartel ficticio, sino en estructuras criminales que operan desde Colombia —como el Clan del Golfo, la Segunda Marquetalia y remanentes de las disidencias— que conforman lo que él denomina una “Junta del Narcotráfico”.
La posición de Petro encuentra sustento en el Informe Mundial de Drogas 2025 de la ONU. Según el reporte de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la producción global de cocaína alcanzó más de 3.700 toneladas, con Colombia como epicentro. Venezuela, en cambio, no aparece ni como productor significativo ni como un corredor principal del narcotráfico: apenas un 5 % de la cocaína colombiana transita por su territorio. Ni el informe ni fuentes multilaterales mencionan al “Cartel de los Soles” como un actor real en la cadena del narcotráfico.
Más allá de la producción, la ONU apunta a los verdaderos protagonistas del problema: los mercados consumidores. Estados Unidos y Europa Occidental concentran la mayor demanda mundial de cocaína, con un total estimado de 25 millones de usuarios, mientras que la crisis de drogas sintéticas como el fentanilo golpea con fuerza a la sociedad estadounidense, cobrando decenas de miles de vidas. La narrativa que pretende criminalizar a Venezuela como “narcoestado” no solo carece de respaldo en datos internacionales, sino que invisibiliza a quienes realmente sostienen el negocio: los grandes consumidores del Norte Global y las mafias transnacionales que operan desde Colombia y otras rutas del continente.
La respuesta de Petro no es simplemente una polémica con Cabal; es la confrontación entre dos visiones: la que busca mantener un relato de enemigos externos para justificar intervenciones, y la que apunta a las responsabilidades reales en el tráfico de drogas, desde la producción en Colombia hasta el consumo masivo en Washington, Nueva York, Madrid o Berlín.
