El resultado no es neutral: traslada ingresos y poder desde quienes viven de su salario hacia quienes compran y venden trabajo. Por eso la CGT cambió de fase. Tras negociar sin éxito en el “Consejo de Mayo”, el triunvirato, Jorge Sola, Octavio Argüello, Cristian Jerónimo, abrió un plan de lucha: “Sigan sin escuchar y terminaremos en un paro nacional”, advirtieron desde el escenario. La consigna se repitió en las primeras filas: si avanza la ley, habrá paro general.
Por Equipo El Despertar
Bajo un calor que no aflojó en Buenos Aires, decenas de miles de trabajadores y trabajadoras coparon Plaza de Mayo y las diagonales para decir no a la reforma laboral que el gobierno ultraderechista de Milei intenta aprobar a contrarreloj. Con columnas de la CGT (UPCN, UOCRA, Camioneros, FATSA, Seguro), sindicatos de la CTA, la UTEP y el sindicalismo combativo, la movilización —organizada en una semana— expresó una bronca de clase: el proyecto abarata el despido, alarga jornadas, fragmenta la negociación y regimenta el derecho de huelga. No es “modernización”: es reconfiguración del poder entre capital y trabajo.
En el corazón del paquete aparecen cuatro movimientos estratégicos: Suspensión de la ultraactividad y prelación a favor de acuerdos por empresa o región: se vacía la fuerza de los convenios por rama, columna vertebral del salario y las condiciones; la negociación se atomiza y la empresa impone su vara donde la organización es más débil; reglas anti-sindicales: limitaciones al derecho de huelga, nuevos cercos para medidas de fuerza y derogación de la obligación patronal de actuar como agente de retención de cuotas (un golpe financiero directo a las organizaciones); costos del despido: pulverización de indemnizaciones y socialización del costo vía fondos (mirada puesta en la seguridad social), con salarios atados a “productividad”, la vieja puerta a la intensificación del trabajo; y extensión de jornada: alargar el tiempo de trabajo bajo la promesa de “competitividad” en un país con productividad reprimida por recesión, no por derechos.
El resultado no es neutral: traslada ingresos y poder desde quienes viven de su salario hacia quienes compran y venden trabajo. Por eso la CGT cambió de fase. Tras negociar sin éxito en el “Consejo de Mayo”, el triunvirato, Jorge Sola, Octavio Argüello, Cristian Jerónimo, abrió un plan de lucha: “Sigan sin escuchar y terminaremos en un paro nacional”, advirtieron desde el escenario. La consigna se repitió en las primeras filas: si avanza la ley, habrá paro general.
La foto mostró unidad en la diversidad: además de las columnas de la CGT, marcharon La Fraternidad, La Bancaria, Aceiteros, SiPreBA, Comercio, UEJN, las CTA, la UTEP y el Frente de Lucha Piquetero. El Sindicalismo Combativo se encolumnó detrás de una bandera única que reclamó “paro nacional y plan de lucha”. Con 150 mil según organizadores, no fue la plaza más grande del año, pero sí la más rápida en cristalizar la respuesta desde abajo a un texto que, como denunció Jerónimo, “está redactado a favor de las grandes corporaciones”.
“Abusan de la palabra libertad y solo ofrecen más cadenas”, sintetizó Jorge Sola. Su argumento desmonta el eslogan oficial: el empleo no lo genera una reforma regresiva, sino actividad productiva con demanda y reglas claras; en recesión, abaratar despidos y debilitar sindicatos solo acelera cierres y empeora salarios. “Quieren que despedir sea gratis y se financie con la plata de los jubilados… quieren limitar el derecho a expresarse… quieren debilitar el tejido sindical. Quieren romper el contrato social”, enumeró.
Más allá de artículos y comas, la apuesta gubernamental es cambiar la relación de fuerzas: desarticular la negociación por rama, disciplinar la protesta y trasladar costos al sistema de seguridad social mientras se promete “previsibilidad” a los grandes empleadores. En la calle, la respuesta se organiza en sentido inverso: reconstruir unidad, parar si hace falta y defender los mínimos sin los cuales no hay “libertad” que valga: salarios dignos, jornada humana, sindicatos vivos y derecho a huelga.
El oficialismo empuja el tratamiento en Senado a toda velocidad. Del otro lado, la CGT anunció que esta fue solo la primera estación; si el Congreso no escucha, el paro nacional será la próxima. Entre el recinto y la calle se decide algo más que una ley: si el país escoge salir de la crisis ajustando a quienes menos tienen o si, por una vez, discute en serio quién paga y quién cobra en nombre de la “modernización”.
Mensaje de la plaza: no hay “libertad” sin justicia social. Y no hay justicia social con trabajo barato, jornada extendida y sindicatos amordazados.
