La agenda es concreta y de pueblo: libre circulación mediante un pasaporte biométrico y un documento de identidad confederal, para que moverse, comerciar y trabajar deje de ser una odisea para campesinos, trabajadores y juventudes. En el frente financiero, se activó el Banco Confederal de Inversiones y Desarrollo con un capital inicial de 500.000 millones de francos CFA: una herramienta propia para financiar infraestructura, producción y servicios esenciales, y empezar a reducir la dependencia de “ayudas” condicionadas. La discusión ya está planteada: dotar al banco de músculo y, a la vez, abrir el debate sobre una evolución monetaria que deje atrás ataduras del pasado.
Por Equipo El Despertar
Bamako es, otra vez, el centro de una escena que importa al continente. Este 22 y 23 de diciembre, los jefes de Estado de Burkina Faso, Malí y Níger celebran la segunda sesión del Colegio de Jefes de Estado de la Confederación de Estados del Sahel (AES), con un objetivo nítido: consolidar una integración soberana que no se subordine a presiones externas y que ponga la vida de sus pueblos por delante de los intereses ajenos.
La cumbre llega al cierre del primer año de hoja de ruta y tras una decisión fundante: la ruptura con la CEDEAO y el tránsito a una arquitectura propia nacida de la Carta de Liptako-Gourma (2023) y formalizada en julio de 2024. Sobre esa base, los mandatarios revisan estrategias conjuntas de defensa, seguridad y diplomacia, las que han permitido levantar mecanismos con conducción regional para defender el territorio sin tutelajes. El bloque, además, consolidó símbolos de unidad —el himno Sahel Benkan y el lema “Un espacio, un pueblo, un destino”— que no son ornamento: fijan un horizonte político común en una región históricamente fragmentada por fronteras coloniales.
La agenda es concreta y de pueblo: libre circulación mediante un pasaporte biométrico y un documento de identidad confederal, para que moverse, comerciar y trabajar deje de ser una odisea para campesinos, trabajadores y juventudes. En el frente financiero, se activó el Banco Confederal de Inversiones y Desarrollo con un capital inicial de 500.000 millones de francos CFA: una herramienta propia para financiar infraestructura, producción y servicios esenciales, y empezar a reducir la dependencia de “ayudas” condicionadas. La discusión ya está planteada: dotar al banco de músculo y, a la vez, abrir el debate sobre una evolución monetaria que deje atrás ataduras del pasado.
La soberanía se construye también en el campo de las ideas. Por eso la AES lanzó Télé AES y Radio Daandè Liptako, medios públicos regionales que disputan el monopolio narrativo sobre el Sahel y dan voz a quienes hacen el territorio: mujeres, comunidades rurales, sindicatos, juventudes. La primera sesión del Consejo de Ministros allanó el trabajo de Bamako con una batería de protocolos de desarrollo y la arquitectura normativa para las futuras sesiones parlamentarias. Al cierre, se prevé que el Colegio de Jefes de Estado designe nueva presidencia y ratifique una ingeniería política que priorice bienestar y dignidad frente a sanciones, bloqueos y amenazas.
La Confederación también marcó posiciones jurídicas: el anuncio de retirada inmediata de la Corte Penal Internacional responde a un diagnóstico ampliamente compartido en la región sobre dobles raseros y usos políticos del derecho internacional cuando se trata de África. Soberanía no es impunidad; es capacidad propia para garantizar justicia, verdad y reparación sin instrumentalizaciones externas.
Nacida de la resistencia a décadas de tutelas y del reclamo por una unidad que sirva a la mayoría, la AES se va convirtiendo en realidad geopolítica. El camino no es simple: hay desafíos de seguridad, clima y financiamiento, y un entorno internacional que preferiría a estos países fragmentados y dependientes. Pero la dirección es clara: armonizar posiciones diplomáticas, crear herramientas económicas y comunicacionales propias y blindar, con instituciones y participación popular, un proyecto que deje de “administrar la pobreza” para construir riqueza social en clave de autodeterminación.
Para quienes leemos desde la izquierda, la señal de Bamako importa por lo que abre: una integración que ya no se diseña en oficinas lejanas, sino desde abajo y para adentro; que entiende que la seguridad real se llama derechos, pan, tierra, escuela y salud; y que asume que sin soberanía de los pueblos no hay futuro digno. La tarea que viene es doble: consolidar esta agenda en políticas tangibles y organizar el respaldo popular que la sostenga más allá de cumbres y comunicados. Esa es, al fin, la mejor garantía frente a cualquier presión.
