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Gustavo Petro y el orgullo de serde izquierda

Dic 27, 2025

Acompañado de sus hijas y de su madre, el mandatario dio una señal profunda de su compromiso con los más vulnerables y con la justicia social. Gustavo Petro ordenó a sus ministros y ministras servir la comida a los habitantes de la calle, evocando la frase bíblica esbozada alguna vez por San Francisco de Asís: “Los últimos serán los primeros”, un principio que promueve la humildad y el servicio a los más pobres. Con este gesto, el presidente reiteró que, para su gobierno y para su propia convicción
ética, moral y humana, los últimos siempre han sido y seguirán siendo los primeros.

Por Juan Fran Torres

En estos tiempos de oscuridad y de avance del fascismo en la región, la Colombia Humana de Gustavo Petro ha sido unfaro de guía y de luz para los pueblos de Nuestra América, mostrando cómo enfrentarcon convicción y dignidad a los más poderosos de la Tierra. El mandatario colombiano se ha enfrentado con valentía y firmeza a Donald Trump. Petro, quien ha sobrevivido a las épocas más duras y oscuras de la política colombiana marcadas por los asesinatos de candidatos presidenciales y de líderes políticos de la izquierda, ha sabido resistir y vivir en un país históricamente atravesado por el genocidio político y el terrorismo de Estado.

El 24 de diciembre, en un hecho histórico, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, abrió las puertas del Palacio Presidencial, la Casa de Nariño, para compartir un almuerzo con personas en situación de calle y de extrema pobreza.

Acompañado de sus hijas y de su madre, el mandatario dio una señal profunda de su compromiso con los más vulnerables y con la justicia social. Gustavo Petro ordenó a sus ministros y ministras servir la comida a los habitantes de la calle, evocando la frase bíblica esbozada alguna vez por San Francisco de Asís: “Los últimos serán los primeros”, un principio que promueve la humildad y el servicio a los más pobres. Con este gesto, el presidente reiteró que, para su gobierno y para su propia convicción
ética, moral y humana, los últimos siempre han sido y seguirán siendo los primeros.

Gustavo Petro posó con orgullo luciendo una chaqueta que le fue obsequiada por los propios habitantes de la calle, destacando que se trataba de uno de los regalos más valiosos y significativos que ha recibido en su vida, símbolo del reconocimiento del pueblo más humilde, históricamente excluido del poder.

Petro representa la dignidad latinoamericana y el orgullo de ser de izquierda. Mientras otros mandatarios de América Latina, como Gabriel Boric, han guardado un silencio cómplice frente a la militarización del Caribe y a los ataques del gobierno estadounidense de Donald Trump, el mandatario colombiano ha salido a hacer frente al imperio más poderoso, solidarizando con Venezuela y Cuba, y denunciando además el asesinato de pescadores artesanales en el mar Caribe.

Gustavo Petro, con la Cámara de Diputados y el Senado en contra, supo construir un gobierno popular y de izquierda, dando voz y centralidad política a los sectores más pobres del país. Su gestión y su nivel de aprobación nacional se proyectan como la mejor campaña para que el próximo presidente de la República de Colombia continúe siendo de izquierda. En Chile, lamentablemente, ocurrió todo lo contrario. A tal punto que el presidente Gabriel Boric, a través de su canciller Alberto van Klaveren, envió una nota de protesta al mandatario colombiano luego de que este afirmara que “jamás le daría la mano a un nazi o a un hijo de nazi”, en clara alusión a José Antonio Kast.

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