La Casa Blanca anunció el 18 de diciembre el cambio de denominación tras una votación unánime del directorio, lo que generó rechazo de la familia Kennedy y de la oposición demócrata. Diversos reportes subrayan que un cambio oficial de nombre podría requerir acción del Congreso, abriendo una disputa legal e institucional sobre las atribuciones del directorio.
Por Equipo El Despertar
Como respuesta a un nuevo acto de evidente narcisismo, por parte de Trump, varios músicos y compañías de danza anunciaron la cancelación de presentaciones programadas en el Kennedy Center de Washington, luego de que la junta directiva, designada por el mismo presidente, aprobara añadir su nombre al recinto, rebautizándolo como “Trump-Kennedy Center”. La nueva administración, encabezada por Richard Grenell, respondió calificando las cancelaciones como un “boicot” de “activistas” y amenazó con acciones legales contra al menos uno de los artistas.
La Casa Blanca anunció el 18 de diciembre el cambio de denominación tras una votación unánime del directorio, lo que generó rechazo de la familia Kennedy y de la oposición demócrata. Diversos reportes subrayan que un cambio oficial de nombre podría requerir acción del Congreso, abriendo una disputa legal e institucional sobre las atribuciones del directorio.
En ese contexto, se reportó además una demanda impulsada por una congresista demócrata que cuestiona la legalidad de la votación y plantea que una modificación de esta naturaleza no puede ejecutarse solo por decisión del órgano administrador.
Entre las cancelaciones más recientes figuran:
- Chuck Redd, músico de jazz, quien suspendió un concierto navideño.
- The Cookers, “supergrupo” de jazz, que se bajó de su show de Año Nuevo; en su declaración reivindicaron la tradición del jazz como música nacida de la lucha por la libertad de pensamiento y expresión.
- Doug Varone and Dancers, compañía de danza, que canceló funciones previstas para abril de 2026, argumentando que ya no podían “pedirle” al público entrar a una institución que, a su juicio, dejó de ser lo que era tras el rebautizo.
- Kristy Lee, cantante folk, que anuló una presentación gratuita de enero de 2026 señalando que perder “integridad” le costaría más que el ingreso del concierto.
La controversia se suma a un año de tensiones en torno a la gobernanza del centro: la prensa estadounidense ha consignado que la llegada del nuevo directorio provocó rondas previas de deserciones de artistas y cuestionamientos sobre la politización del espacio.
Richard Grenell, aliado de Trump y actual presidente/director del recinto, sostuvo en redes que los artistas que se bajaron habrían sido contratados por la “dirección anterior” y los calificó como “activistas”. Además, una carta citada por medios estadounidenses indica que el centro evalúa una demanda por US$1 millón contra Chuck Redd por cancelar su presentación.
En paralelo, la discusión se ha alimentado por la línea programática de la nueva administración: se ha reportado una orientación a “alejarse” de lo que Trump denomina “woke culture”, junto con mayor presencia de programación cristiana y un clima de conflicto que habría impactado ventas y audiencias. Se supo además que la nueva dirección eliminó espectáculos de drag y eventos vinculados a la comunidad LGBT+, mientras ha impulsado actividades asociadas a la derecha religiosa. Y reportes anteriores ya habían registrado controversias por cancelación de eventos ligados a celebraciones del orgullo/LGBTQ+ en el propio Kennedy Center.
El choque no es solo estético: es una disputa por quién dirige la producción simbólica en una institución pública de alto prestigio. En términos marxistas, la cultura funciona como parte de la lucha por la hegemonía (qué valores se normalizan, qué voces se legitiman, qué memorias se consagran). De ahí que el rebautizo y la reorientación programática actúen como señales de poder, y que la respuesta de artistas y públicos aparezca como resistencia a una instrumentalización política de un espacio cultural nacional.
