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El “no” de Crovetto y el problema de fondo: cuando el deporte se vuelve casting, la política se vuelve marketing

Dic 31, 2025
Imagen Agencia UNO

De acuerdo con reportes de prensa, Crovetto no fue una ocurrencia al pasar. Kast se reunió con deportistas antes de la segunda vuelta; ella expuso inquietudes sobre el alto rendimiento y, por su experiencia y rol dirigencial (por ejemplo, en el mundo olímpico), habría dejado una buena impresión. Luego vino el ofrecimiento.

Por Equipo El Despertar

La noticia es simple, pero el síntoma es profundo: Francisca Crovetto, campeona olímpica y figura mayor del deporte chileno, rechazó el ofrecimiento del presidente electo José Antonio Kast para asumir como ministra del Deporte. Según lo informado, la deportista agradeció la consideración, pero declinó por razones evidentes y legítimas: sigue en alto rendimiento, su disciplina es “longeva” y se proyecta a los ciclos olímpicos de 2028 y 2032, además de estar en plena etapa de crianza, con un hijo de pocos meses y retorno a entrenamientos en las próximas semanas.

Hasta aquí, nada que “escandalice”. Y, sin embargo, el episodio revela un fenómeno que vale más que el nombre de una persona: cómo se está pensando el Estado, en la antesala del nuevo gobierno.

1) Un ministerio convertido en vitrina: “rostros” antes que política pública

De acuerdo con reportes de prensa, Crovetto no fue una ocurrencia al pasar. Kast se reunió con deportistas antes de la segunda vuelta; ella expuso inquietudes sobre el alto rendimiento y, por su experiencia y rol dirigencial (por ejemplo, en el mundo olímpico), habría dejado una buena impresión. Luego vino el ofrecimiento.

Pero el telón de fondo es el que importa: la cartera del Deporte aparece tratada como un casting de figuras conocidas. La misma cobertura da cuenta de una lista de nombres que han “sonado” y se han ido descartando (Érika Olivera, Marco Oneto, Rafael González, Claudio Bravo, entre otros), en una secuencia que transmite improvisación o, peor, una idea: que el problema del deporte se resuelve con un rostro.

Cuando el Estado busca “caras” para tapar su ausencia de proyecto, lo que ofrece no es una política: ofrece un afiche.

2) Lo que Crovetto deja al descubierto (sin querer): el costo real de gobernar “el deporte”

Que una atleta activa, y madre reciente, diga “no” no es solo un asunto personal. Es, también, una radiografía de la precariedad estructural que se arrastra en el deporte chileno: carreras sostenidas a pulso, vidas planificadas por ciclos, financiamiento siempre condicionado, apoyo que llega tarde, y una institucionalidad que suele pedir resultados heroicos con recursos administrativos y presupuestarios mínimos.

Y aquí conviene ponerle números al “realismo” que tanto se invoca: en la Ley de Presupuestos 2025, el Ministerio del Deporte (Subsecretaría + Instituto Nacional de Deportes) aparece con montos del orden de 195 mil millones de pesos (expresados en miles de pesos en el documento).
En 2024, la propia información oficial describe un presupuesto administrado del orden de 188 mil millones (en miles de pesos) y alta ejecución. Y el Presupuesto 2026, ya despachado a ley, se mueve en magnitudes nacionales enormes, $86,2 billones para el total del Estado.

Traducido a lenguaje llano: el deporte, tal como está diseñado, pelea por migajas dentro del gasto público, y después se le exige “milagros” (medallas, masificación, infraestructura, inclusión, salud comunitaria) con una institucionalidad que muchas veces opera con lógica de proyectos y parches.

3) La derecha quiere “mérito”, pero no quiere derecho

El gesto de ofrecerle el ministerio a una campeona olímpica calza perfecto con una narrativa muy útil para la derecha: la épica del individuo. La atleta que “se hizo sola”, el esfuerzo personal, la disciplina, el sacrificio. Es un relato que emociona, sí, pero también sirve para una trampa ideológica: convertir el deporte en vitrina moral, y no en derecho social.

Porque si el deporte fuera un derecho, el centro no estaría en el rostro del ministro; estaría en el acceso real del pueblo trabajador:

  • canchas y recintos decentes en barrios y comunas;
  • escuelas con educación física robusta y no ornamental;
  • clubes con financiamiento transparente y estable;
  • técnicos, kinesiólogos, preparadores, monitores con condiciones laborales dignas;
  • políticas serias para mujeres deportistas, maternidades y carreras de largo plazo.

La pregunta no es “¿quién será ministro?”. La pregunta es: ¿qué modelo de país se está planificando para el deporte? ¿Uno donde el Estado garantiza condiciones, o uno donde el Estado posa para la foto y deja al mercado y al municipio “resolver”?

4) Lo que viene: seguridad, ajuste y el deporte como decoración

No es casual que el deporte aparezca en clave de “rostros” justo cuando el discurso central de la transición se organiza en torno a seguridad, control y “resultados rápidos”. La prensa internacional ha descrito la instalación del presidente electo con un plan de arranque (el llamado “Plan Desafío 90”) enfocado en seguridad, migración y reformas iniciales, en un contexto donde se discuten recortes y reordenamientos del Estado.

En ese marco, el deporte corre el riesgo de quedar como “área simpática”: buena para anuncios, mala para inversión. Y cuando una cartera se trata como decoración, se termina usando a los atletas como escudo: si hay un ícono arriba, la crítica baja; si hay foto, se instala relato; si hay relato, se puede recortar sin costo político inmediato.

5) Un programa mínimo desde abajo: deporte popular, no deporte-spot publicitario

Desde un medio de trabajadores, el punto no es juzgar a Crovetto por rechazar, su decisión es coherente y respetable, sino usar el hecho para empujar un debate que siempre se posterga. Un piso mínimo de exigencias debería incluir:

  1. Deporte como derecho: acceso territorial garantizado, con inversión en infraestructura barrial y escolar.
  2. Financiamiento estable y transparente para clubes, ligas comunales y programas de base, con control social real.
  3. Trabajo digno en el deporte: monitores, entrenadores y equipos técnicos con contratos, formación y remuneraciones, no precariedad.
  4. Política nacional de educación física y salud comunitaria, articulada con escuelas, municipios y organizaciones sociales.
  5. Enfoque de género y cuidados: apoyo concreto a carreras deportivas de mujeres, compatibilidad con maternidad, y condiciones para sostener alto rendimiento sin castigo social.
  6. Gobernanza democrática: atletas, asociaciones, clubes y comunidades participando en la toma de decisiones, no solo “consultados” para la foto.

El “no” de Crovetto es un espejo: cuando el poder busca símbolos para legitimar su proyecto, y esos símbolos se restan, queda a la vista el vacío programático. Y ese vacío, si no se enfrenta con organización social y exigencias claras, lo paga, como siempre, el deporte popular: el de los barrios, el de las escuelas, el de la recreación obrera, el de la vida cotidiana que sostiene la salud y el tejido comunitario.

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