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 “Sin máscaras: los cien años de Fanon y la urgencia de una nueva izquierda”

Ene 13, 2026

El libro se sitúa en el horizonte latinoamericano y del Sur Global, entendiendo que Fanon ofrece categorías vivas para analizar no solo el colonialismo histórico, sino también el colonialismo interno y la dominación neoliberal que hoy estructuran nuestras sociedades.

Por Kris Gonzáles y Diego Gonzáles

Daniel Jadue, en “Sin máscaras: los cien años de Fanon y la urgencia de una nueva izquierda”, realiza un esfuerzo crítico por impulsar en la izquierda un cambio de rumbo histórico. Siguiendo la sentencia de Simón Rodríguez —“Cada generación entra dentro de una opacidad, y tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”—, Jadue estructura su análisis usando la obra de Frantz Fanon como matriz conceptual para diagnosticar la crisis actual de las izquierdas y del proyecto emancipador.

1. Contexto y propósito del Libro

Daniel Jadue no escribe un estudio académico, sino un ensayo militante y una interpelación política. Desde su experiencia como alcalde y militante de izquierda, y desde su propio encarcelamiento, Jadue relee a Frantz Fanon para diagnosticar la crisis civilizatoria del neoliberalismo y de las izquierdas institucionales.


El libro se sitúa en el horizonte latinoamericano y del Sur Global, entendiendo que Fanon ofrece categorías vivas para analizar no solo el colonialismo histórico, sino también el colonialismo interno y la dominación neoliberal que hoy estructuran nuestras sociedades.

Jadue retoma dos obras clave de Fanon —Piel negra, máscaras blancas (1952) y Los condenados de la tierra (1961)— para leer la realidad latinoamericana y global actual. La “epidermización de la inferioridad” se traslada del racismo colonial al neoliberalismo: así como el colonizado interiorizaba la mirada del opresor, hoy el pueblo y la propia izquierda asumen una vergüenza de clase y una culpa individual que los hace responsables de su propia exclusión.

Las máscaras que Fanon describía —el negro que adopta el francés “correcto” buscando un “pasaporte simbólico a la blanquitud”— encuentran su equivalente en la izquierda institucionalizada que ha adoptado el lenguaje neoliberal (“capital humano”, “gobernabilidad”, “emprendimiento”) y ha renunciado a su vocabulario emancipador.

En Fanon, se entiende la asimilación como fracaso, en la medida que  el colonizado que se asimila no es aceptado; en Jadue, la izquierda que se mimetiza con el orden neoliberal pierde credibilidad y conexión con los pueblos, que “reconocen la impostura”.

2. Fanon en la actualidad: un pensamiento que abraza Nuestra América.

A 100 años de su muerte, Fanon no es un autor de archivo, sino un teórico de la descolonización radical cuyas herramientas permiten entender la alienación contemporánea bajo el capitalismo global. Algunos conceptos claves que son analizados en perspectiva del presente por Daniel son los siguientes:

En primer lugar la “Epidermización de la inferioridad”. En Fanon, el racismo colonial hace que el negro interiorice la mirada del blanco. Jadue traslada esto al neoliberalismo: los pueblos internalizan la culpa por su pobreza, las izquierdas sienten vergüenza de su lenguaje emancipador. Siendo evidencia de que el neoliberalismo coloniza el deseo y la autoestima.

En segundo lugar, la categoría de “Lugar del no ser”, entendida como una posición ontológica del excluido, aquel a quien se le niega humanidad, historia y palabra. Hoy son los condenados de la tierra: jóvenes precarizados, pueblos originarios despojados, migrantes criminalizados, mujeres cuidadoras invisibilizadas.

Fanon señala que el colonialismo coloniza el alma, generando patologías sociales. Jadue actualiza esta tesis: el neoliberalismo coloniza el deseo y produce ansiedad, violencia intrafamiliar, desesperanza aprendida. La cura, para ambos, no es individual sino colectiva, entendiendo la revolución como terapia. La salida solo es posible mediante la praxis revolucionaria, que restituye al oprimido como sujeto histórico.

Y en tercer lugar, la “Violencia estructural / contra-violencia”, donde Fanon muestra que la violencia colonial es fundante; la contra-violencia del oprimido es un acto de desalienación y restitución de dignidad cuando todas las vías están clausuradas. Jadue aplica esto a revueltas como el 18-O en Chile o el Argentinazo.

Se fue demasiado pronto, afirman los que compartieron su vida, pero dejó un método que permanece intacto en su vigencia y validez a toda prueba: pensar con y desde los pueblos en lucha, diagnosticar los mecanismos íntimos de la dominación y apostar a formas de organización que curen, al mismo tiempo, el dolor y la política.

3. El neoliberalismo como proyecto de desposesión total:

Daniel, analiza el neoliberalismo no como simple política económica, sino que lo aborda desde los siguientes tópicos sociales a lo largo de los capítulos del libro:

  • Doctrina global de acumulación por desposesión (tomando las ideas fundamentales de David Harvey), que mercantiliza la vida, el territorio y los derechos.
  • Pedagogía de la sumisión, que naturaliza la desigualdad mediante un lenguaje despolitizado (utilizando conceptos como economés, meritocracia, emprendimiento).
  • Fascismo social (tomando las ideas fundamentales de Boaventura de Sousa Santos): un orden que combina democracia formal con represión estructural hacia los cuerpos racializados, feminizados y empobrecidos.

Jadue habla del fascismo social, como la normalización de prácticas represivas que se habilitan en lugares democráticos y así la vida social está marcada por la exclusión. La democracia representativa también da espacio a esa exclusión, en la medida que la izquierda cae en un pragmatismo sin proyecto. Pero Daniel nos convoca a desafiar al sistema: “descolonizarse y no liberalizarse”, sin mendigar reconocimiento y sin temor a mostrar quien es el enemigo. Hace un llamado a desobedecer la moderación pactada con quienes convirtieron la política en un mercado.

Por otra parte, Fanon criticó las anestesias, remedios para seguir aumentando la insatisfacción por otras vías. Lo cual hace que no te hagas ninguna pregunta y terminan repitiendo, buscando el reconocimiento en tu relación con tu opresor. Las ideas expuestas en las reflexiones del libro, nos llama a dejar de cuestionarnos desde la mirada de quienes representan al neoliberalismo, no querer parecer perfectos ante ellos para asumirnos como ellos, llama a quitarnos esas máscaras y mirar hacia la raíz, a la naturaleza de la izquierda y su principio de rebeldía contra el enemigo de los “parias”, por el bien común. Evitando caer en los errores de los siguientes ejemplos latinoamericanos de neoliberalismo como proyecto de desposesión total:

  • Chile como laboratorio de la dictadura y la mercantilización de derechos.
  • Los gobiernos progresistas (Kirchner, Morales, Correa) que, aunque lograron avances sociales, no desmontaron la matriz extractivista ni la dependencia financiera, reproduciendo lógicas neocoloniales.

4. La crisis de las izquierdas: la piel acomodada al poder

Daniel a lo largo del desarrollo del libro evidencia que gran parte de la izquierda ha sido colonizada por el neoliberalismo, concluyendo que:

  • Ha adoptado el lenguaje del adversario, utilizando conceptos como “gobernabilidad”, “reformas”, “seguridad jurídica”, “condeno la violencia”.
  • Ha renunciado a la confrontación de clases y al horizonte socialista.
  • Se ha convertido en administradora del daño y es temerosa de su propia radicalidad, incluso negándole.

Esto tiene como resultado una izquierda que habita la república como invitada temporal, pero que ha perdido conexión con los pueblos y con su misión histórica: abolir el sistema que produce opresión. Lo hace produciendo una sensibilidad, un deseo y un lenguaje que naturalizan el orden existente y los pueblos, al igual que las izquierdas, cuando hablan con palabras ajenas, cuando buscan respetabilidad en el léxico del adversario, cuando asumen sus gustos y sus formas de vida, se miran a sí mismos, como el colonizado, con los ojos de la clase dominante, del adversario.

Por lo tanto, una tarea urgente de las izquierdas, al menos de aquellas que persisten en la superación del capitalismo como forma de organización social, es recuperar su propia mirada, su propio lenguaje y las categorías de análisis para la transformación social. Sin ellas jamás volveremos a ser considerados como parte de esos pueblos que nos miran como extraños, que desconfían de nosotros porque les hemos fallado, no una, ni dos, ni tres veces… simplemente les hemos fallado.

5. Hacia una izquierda “Sin Máscaras”: propuestas desde Fanon para los desafíos de hoy en la izquierda y en el Partido Comunista junto con las Juventudes Comunistas de Chile.

Jadue no se queda en la crítica; propone un programa de reconstitución política, el cual abarca diversas dimensiones en el qué hace militante en estos tiempos en donde se tensiona nuestra estructura tanto en el debate teórico como en la praxis revolucionaria que se pretende impulsar:

A.- Recuperar el lenguaje propio: volver a nombrar el mundo con palabras como clase, imperialismo, comunidad, socialismo. El lenguaje es casa del ser; sin palabras propias, no hay proyecto propio.

B.- Descolonizar el deseo: romper con la aspiración inducida al consumo y al éxito individual. Construir estéticas de la igualdad desde los territorios.

C.- Repolitizar el conflicto: asumir que la política emancipadora es antagonista, no consensual. Nombrar al enemigo (el capital transnacional, el estado punitivo) y disputar el sentido común.

D.- Disputar las subjetividades: no culpar al “facho pobre”, sino disputar su conciencia desde el sindicato, la asamblea barrial, la organización territorial. En el libro, se realiza una crítica a cuando cada vez que nombramos algo o a alguien con una palabra que no corresponde con ese lugar que buscamos habitar, simplemente lo distanciamos de nosotros. Eso sucede cuando tratamos a nuestra clase como enemigo de clase, cuando lo nombramos como facho pobre o cuando lo hacemos responsable, exclusivamente a él, de las certezas que le asisten y las decisiones que toma, sin entender que todas las subjetividades están siempre en disputa y que somos, como izquierda, responsables de no estarlas disputando.

F.- Descentrar el Estado: entender que ganar elecciones no es ganar poder. El poder se construye desde abajo, con base social organizada. Entender la revolución como terapia: la lucha organizada cura las heridas psíquicas del neoliberalismo. Las ollas comunes, las asambleas, los sindicatos combativos son espacios de sanación colectiva y poder popular.

G.- Asumir la contra-violencia como legítima defensa: frente a un orden que ejerce violencia estructural, la respuesta popular no es delito, sino acto de dignidad. Jadue discute incluso el derecho a la rebelión reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Una izquierda que “no molesta” es un oxímoron, hay que repolitizar el conflicto y nombrar al enemigo, enfrentándolo con iniciativa revolucionaria.

6.- Algunas conclusiones:

Finalmente, el libro es una invitación urgente a repensar la política desde abajo. Fanon, leído desde el Sur, nos recuerda que cada generación tiene una misión: cumplirla o traicionarla. La nuestra es desneoliberalizar la izquierda y descolonizar la esperanza. En un mundo de genocidios, extractivismo y fascismo social, volver a Fanon es volver a creer que los condenados de la tierra aún tienen la palabra.

Este libro no es un tratado, es un llamado a la acción reflexiva. Nos interpela a dejar de lado las máscaras, a hablar con nuestra propia voz y a construir, desde los escombros del presente, una política que cure, dignifique y emancipe. Para nuestro compañero Daniel, Fanon sigue siendo brújula para las luchas actuales: Palestina, Wallmapu, la reivindicación de las demandas que articularon la Revuelta Popular del 18-O, el extractivismo, el feminismo popular. Su pensamiento nos recuerda que el fascismo social —esa combinación de democracia formal y represión estructural— sigue vivo, y que la izquierda no puede caer en un pragmatismo sin proyecto.

El mensaje final de Jadue es radical: no se trata de administrar mejor el capitalismo, sino de inventar un nuevo mundo. Fanon ya lo decía: la emancipación no es ser reconocido por el opresor, sino transformar las condiciones que hacen posible la dominación. Una izquierda sin máscaras es aquella que:

No pide permiso para existir.

No se avergüenza de su horizonte socialista.

Habla con su propia voz.

Se organiza desde abajo.

Asume que su misión es crear una nueva humanidad desde los condenados de la tierra. Esta crítica literaria resume el núcleo del libro, una llamada urgente a repensar la izquierda desde Fanon, con honestidad teórica y compromiso militante. Daniel Jadue no escribe sólo para interpretar el mundo, sino para transformarlo, y nos convoca a hacer lo mismo. Cada quién en su puesto de combate, así absolutamente venceremos.

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