Mié. Feb 4th, 2026

Los desafíos de la juventud para la movilización de masas.

Ene 20, 2026

Debemos dar el debate ideológico con la variedad de fuerzas que son de izquierda, proyectando desde el marxismo y el leninismo, tácticas que nos permitan un acercamiento concreto al sujeto juvenil popular que se está organizando en función de las necesidades que genera en la cotidianidad las contradicciones del neoliberalismo

Por Diego Gonzalez

El año 2026 se proyecta álgido para las fuerzas juveniles de izquierda y la rearticulación estudiantil-popular, la cual será necesaria para combatir la reacción ultraderechista que se instalará en el Palacio Presidencial “La Moneda”, el próximo mes de marzo en Chile. La izquierda se abre paso a este nuevo año desde el primer día con desafíos que van más allá de lo electoral, en un escenario convulsionado por la criminal invasión imperialista de EEUU en territorio libre y soberano de Venezuela.

Desde las Juventudes Comunistas de Chile, se enfrenta esta contingencia luego de un año cargado de debate ideológico interno, que contuvo la definición de una candidatura presidencial propia. Significando tensiones, que a estas alturas del desarrollo de los hechos, parecieran conducidas en instaladas a la interna del Partido por los medios masivos de comunicación manejados por el poder político-empresarial, como también por un grupo de militantes que abandonaron el ímpetu revolucionario para la construcción del socialismo, conjugadas con un afán administrativo tanto de cuotas de poder en el Estado como dentro del mismo Partido, situación no muy diferente a lo vivido en otras fuerzas políticas de la coalición.

La discución de la “Jota” se ve marcada además por la evaluación de su propia participación en el Gobierno del Presidente Gabriel Boric, proceso en el cual tributamos a una alianza partidista que evidenció su desprecio por los valores comunistas, instalandose como una administración el Estado neoliberal, incitando a la gente a quedarse en la casa, provocando la desmovilización del tejido social que se había conformado con los procesos de acumulación de fuerza desde inicios de siglo, en relación a demandas específicas y muy variadas, nacidas desde la lucha de clases y las tensiones del sistema neoliberal.

Evidenciada nuestra incapacidad de articular una agenda juvenil, con potencia real, con las otras fuerzas aliadas, el centro del debate se sitúa hoy en la evaluación de ese transcurso presidencial. Los Ministerios liderados por el Partido Comunista: Vocería, Educación, Trabajo y Justicia, fueron carteras con altas expectativas para que forjaran políticas que apuntaran a la transformación de la matriz productiva y administrativa del Estado. Mientras nuestros proyectos se gestionaron en propuestas, enmarcadas en negociaciones, que diluyeron su gran contenido. La “Reforma de Pensiones” en Trabajo y el “FES” en Educación, o bien el retraso de la implementación de las “40 horas”, evidencian gestiones clave, que demuestran que la coalición pretendió gestionar las “crisis” que arrastra el Estado de Chile como un lastre hace décadas, en clave keynesiana, en vez de “correr el cerco de lo posible” para el desmantelamiento del sistema e impulsar efectivamente un nuevo modelo de desarrollo a partir de fisuras concretas para superar el neoliberalismo.

La condena de la violencia “venga de donde venga” como credencial democrática del período, frases como “dejemos que las instituciones funcionen”, mezcladas con el desmarque de la revuelta popular de octubre del 2019 como oficialismo, fueron elementos que se sintetizaron en las posturas de Estado como las de Jaime Gajardo, Ministro de Justicia y DDHH, militante del Partido Comunista, quien en febrero del año pasado manifestaba en La Tercera: “Yo, como ministro de Estado y como persona, le puedo decir que, a mi juicio respaldar la primera línea es un error. Y de hecho, en mi caso particular, no va a ver ninguna publicación que señale que hay un respaldo a la primera línea”; cuestiones que desataron en la juventud combativa la condena tajante a esta postura.

El ministro olvidó que, dentro de las filas de nuestra Juventud, hubo jóvenes que participaron activamente en la defensa de las manifestaciones populares en primera línea, como por ejemplo la Brigada Gladys Marín, prestando asistencia de toda índole a quienes se enfrentaban con los defensores del orden neoliberal. Generando un choque de posturas dentro de la militancia y en la izquierda, que dio luces de un fenómeno reaccionario dentro de nuestras mismas filas, deslegitimando las protestas sociales como símbolo de nuestra Juventud y Partido, ambas estructuras revolucionarias.

En materias educativas; la criminalización estudiantil por parte del Gobierno fue una problemática constante, que incluso afectó notablemente a compañeros y compañeras de nuestras propias filas que participan en la organización estudiantil y fueron criminalizados por la justicia. El manejo de la convivencia escolar en los liceos emblemáticos y públicos del país, dejó momentos que como Juventud no supimos visibilizar y defender correctamente, como por ejemplo los desalojos estudiantiles de liceos en toma de la Municipalidad de Santiago en julio del 2025 promovidos por el deleznable Mario Desbordes, un alcalde de derecha violento y ansioso, que no tuvo una condena e intervención efectiva por parte del Ministro Cataldo como respuesta, avalando la criminalización constante de la protesta estudiantil, manifestando su única preocupación en La Tercera: “me parece que hay que intencionar siempre el diálogo. Yo entiendo que se está dialogando. Y bueno, espero que no se instale un rito”.

Precisamente esa forma de hacer política se consolidó en torno a la figura de la candidata Jeannette Jara, pretendiendo marcar pauta dentro del debate interno del Partido Comunista. Ejerciendo mecanismos de asimilación con la “centroizquierda” como estrategia de campaña, despojada de un lenguaje de clase, lleno de máscaras que impiden a la izquierda defender su razón de existir junto con su horizonte socialista, que se construye con voz propia para organizar desde abajo el poder popular.

El abandono de una política “sin máscaras” -recordando a Fanon- va generando las condiciones de salvataje a un centro político despojado de su base popular ocasionado por años de ineficiencias y burocratización, abriendo espacios para que militantes del Partido con tan altas responsabilidades de Gobierno se desmarcaran de la lucha de clases, del internacionalismo con Venezuela y Cuba, de la fraternidad militante para con nuestros propios principios y autoridades unipersonales, o de demandas históricas como la nacionalización de los recursos y el feminismo de clase; construyendo una candidatura con un relato centrista que socavó la confianza de las bases y células comunistas en el proceso de campaña, cuestiones que fueron intentadas de reparar con agradecimientos tardíos por parte de la candidata.

Este viraje al centro y con una rotunda confianza en el reformismo como mecanismo político ha provocado la confusión de las masas trabajadoras que ven en el Partido Comunista de Chile una herramienta de transformación social para la construcción de una sociedad nueva con perspectiva socialista. Siendo uno de los muchos factores de la derrota electoral de una coalición conformada por socialdemócratas, con las contradicciones de un liderazgo sustentado por el PC, como también la desafección popular hacia el ejecutivo.

En el transcurso de estos primeros días del año, las juventudes populares y de izquierda se ven envueltas en la necesidad de construcción de una nueva política de alianzas, que impulse una oposición efectiva al avance de la ultraderecha.

Para las Juventudes Comunistas; uno de estos desafíos es la construcción de la unidad más amplia como garantía democrática, ser realmente una Juventud de masas, articulando todas las expresiones juveniles y sus necesidades para lograr este objetivo. Para eso necesitamos iniciativa política en función de construir una unidad amplia con sectores de izquierda que tienen en su horizonte la alternativa al socialismo. Todos los sujetos están en disputa, caer en descalificaciones antes de entrar en el debate con fuerzas marxistas y de izquierda, como el Partido Popular, MIR, PTR, Izquierda Libertaria, entre otros; nos hace permearnos y caer, tanto en alianzas estudiantiles como de gobierno, con fuerzas socialdemócratas como el PS o el FA, que no pretenden una articulación revolucionaria en el territorio más allá de horizontes electoralistas para administrar o potenciar la autonomía de las universidades y sus estamentos, sin construir un movimiento estudiantil con perspectiva socialista, vinculado a las necesidades del país.

Debemos dar el debate ideológico con la variedad de fuerzas que son de izquierda, proyectando desde el marxismo y el leninismo, tácticas que nos permitan un acercamiento concreto al sujeto juvenil popular que se está organizando en función de las necesidades que genera en la cotidianidad las contradicciones del neoliberalismo, siendo fundamental la construcción de un relato que de soluciones a necesidades sociales a partir de la organización estudiantil, barrial-popular como sindical, la cual es una herramienta de sanación colectiva que permite dar salida a las problemáticas reales de la juventud en materia educativa, económica y de seguridad social, desde la autogestión como praxis revolucionaria. En este sentido, restablecer el vínculo de confianza con la juventud popular, profundamente decepcionada por la gestión gubernamental, es un desafío de actualidad necesario de abordar.

Esto implica una presencia constante en los territorios, no como aparato electoral, sino como herramienta de organización y solución práctica a problemas concretos: ollas comunes, trabajos voluntarios, preuniversitarios populares, cooperativas de apoyo económico, apoyo ante la represión, comités de viviendas/allegados, centros culturales, talleres de formación político-técnica, clubes deportivos, gimnasios populares, ferias de servicios sociales, entre otros. Se debe demostrar en los hechos que la militancia es sinónimo de compromiso con la vida de la clase trabajadora, tal como nos sigue cantando nuestro compañero Víctor Jara: “Que cosa más linda es ser voluntario, construyendo parques para el vecindario, levantando puentes, casas y caminos. Siguiendo adelante con nuestro destino”.

Volviendo al tópico de educación, superar la lógica de la “representación estudiantil” como fin en sí mismo, será un gran desafío para las juventudes de izquierda y para la Jota. El movimiento debe articularse en función de un proyecto educativo popular que cuestione el modelo mercantil en su totalidad y vincule la lucha por el derecho a la educación con la lucha por la nacionalización de los recursos estratégicos que la financiarían. Siendo urgente vincular el trabajo de masas estudiantil con el de base, para así cumplir objetivos políticos que vayan cimentando la construcción de la superación del neoliberalismo en la educación, tal como nos enseña el Ernesto “Che” Guevara (1962/2017):

“La tarea universitaria es captar el mayor número posible de estudiantes y convertirlos a una nueva mentalidad, porque tiene que existir una nueva mentalidad y de hecho existe y tiene que ir perfeccionándose esa nueva mentalidad, a medida que perfeccionemos nuestras instituciones, que afiancemos más la Revolución, que perfeccionemos todos nuestros aparatos económicos y podamos darle también, al pueblo, más productos, mejor vida, es decir, más justicia material”. (pp. 42-43)

También, el movimiento estudiantil deberá ser un factor decisivo para la solidaridad activa con los procesos revolucionarios de Venezuela, Cuba y Palestina, siendo la Jota un pilar fundamental para la formación de una juventud internacionalista que entienda la lucha de clases a escala global. Frente al avance de la ultraderecha y el discurso neoliberal que coloniza el sentido común, es urgente recuperar y actualizar el lenguaje de clase y la pedagogía revolucionaria. Esto requiere escuelas de cuadros sistemáticas, producción de propaganda masiva y creativa (desde papelógrafos hasta podcasts), y el debate público sincero sobre el socialismo como alternativa concreta, defendiendo a los países que se atreven a construirla. No se puede disputar hegemonía con un discurso diluido, sin llegar a síntesis concretas en los debates internos que damos día a día.

Un último desafío es que no se puede esperar a que el gobierno ultraderechista anuncie sus primeros ataques en los próximos 100 días después del 11 de marzo. Los jovenes comunistas debemos ser potencia movilizadora preventiva, con planes de lucha, que apunten a la derogación de leyes represivas, la defensa de la educación pública, la protección de los derechos laborales juveniles, y demás.

La consigna debe ser organización, movilización y resistencia activa. Pero también, existe un desafío que es la preparación de una política de cuadros que permita la formación y educación constante de la militancia, y que esa acción revolucionaria sea la vara que mida la preparación de los cuadros. La escuela política que signufica la juventud debe ver a la revolución como una vía posible, para evitar que el futuro del Partido siga siendo pensado y conducido por militantes que muchas veces ni siquiera llegan a constituirse como cuadros políticos comunistas con una praxis revolucionaria constante en la gestión de políticas públicas e incluso en su propia militancia de célula.

El 2026 enfrenta a las Juventudes Comunistas en una encrucijada definitiva: asumir con audacia el desafío de convertirse en la fuerza organizadora y movilizadora de la juventud popular, reconectando con el ímpetu revolucionario de la Brigada Gladys Marín y del 18 de octubre, o correr el riesgo de quedar atrapada en la lógica institucional y electoralista, siendo arrastrada por la irrelevancia política y el electoralismo sin objetivos políticos. El camino no es el atajo del centro reformista que abusa de la táctica, sino la ruta estratégica larga pero segura, de la construcción del poder y representación popular. Esto exige autocrítica consciente, firmeza en los principios, creatividad en la lucha y una entrega total a la organización popular desde las bases. El camino siempre será la construcción de una alternativa socialista.

Referencias:

Guevara, E. (2017). El papel de los estudiantes de tecnología en el desarrollo industrial del país. En Ernesto Che Guevara: Reforma universitaria y Revolución. Lectura para la reflexión (Vol. 5, pp. 42-43). Ocean Sur. (Trabajo original publicado en 1962).

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *