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Trump lanza en Davos su “Junta de la Paz” para Gaza: apoyo parcial, dudas de aliados y acusaciones de sustituir a la ONU

Ene 22, 2026

En el Foro Económico Mundial, Trump firmó la carta de su “Board of Peace” con enviados de 19–20 países y afirmó contar con respaldo de 59. La iniciativa, presentada como mecanismo para sostener el alto el fuego y la reconstrucción de Gaza, es criticada por aliados por su ambición de reemplazar funciones de Naciones Unidas y por un diseño que concentra poder en Washington.

Por Equipo El Despertar

El presidente de Estados Unidos, el gran dictador Donald Trump, inauguró en Davos su denominada “Junta de la Paz” (Board of Peace), una iniciativa que originalmente se presentó como instancia internacional para supervisar el alto el fuego en Gaza, apoyar la reconstrucción y acompañar un esquema de administración transitoria, pero que al dejar completamente afuera de la instancia al pueblo palestino, ha recibido más criticas que apoyos internacionales. La ceremonia incluyó una firma de carta/estatuto con presencia de representantes de alrededor de 20 países, mientras Trump aseguró que 59 Estados habrían expresado apoyo a su propuesta, un contraste que varios medios subrayan como señal de alcance real aún incierto.

La cobertura internacional describe un proyecto que ha mutado en alcance. AP reportó que el board nació como una pequeña instancia de vigilancia del cese al fuego, pero se convirtió en algo más ambicioso, al punto de generar alarma en aliados que temen que funcione como sustituto o rival de organismos de Naciones Unidas, o como un mecanismo para “reemplazar” funciones multilaterales con una estructura liderada por Washington y lo que es más grave, sin los palestinos..

Trump, en su discurso previo a la firma, vinculó el board a una narrativa de “pacificación”: aseguró que Estados Unidos sostuvo el alto el fuego y entregó ayuda “récord”, y reiteró que su plan busca una Gaza desmilitarizada y “reconstruida”. Medios como CBS consignaron que el propio Trump habló de extender la experiencia a otros conflictos si “funciona” en Gaza, anticipando un mandato más amplio que lo estrictamente palestino.

Las dudas, sin embargo, son múltiples. Varios aliados importantes evitaron sumarse: AP y CBS informaron que países europeos, incluido Reino Unido, declinaron participar en la firma, citando preocupaciones legales y políticas, entre ellas el posible involucramiento de Rusia y el carácter difuso del mandato. El Wall Street Journal y el Washington Post añadieron que el diseño del board ha sido criticado por su “fundación débil” y por un modelo percibido como excesivamente personalista, con Trump en el centro de la arquitectura.

En paralelo, la iniciativa ha provocado controversia interna en países aliados: el Financial Times reportó reacciones en Reino Unido por la participación de Tony Blair en una estructura asociada a Trump, lo que muestra que el board no solo tensiona el orden multilateral, sino también las políticas domésticas de gobiernos que deben justificar su presencia o su ausencia.

La discusión se alimenta de un hecho político central: la “reconstrucción” no es neutral. Administrar fondos, decidir quién gobierna, controlar fronteras, habilitar inversiones y definir seguridad es, en Gaza, una disputa de soberanía. Y por eso la iniciativa se lee como un instrumento de poder: un mecanismo para reconfigurar el territorio palestino bajo tutela, con un lenguaje de paz y desarrollo. Fanon advertía que las potencias suelen presentar la administración externa como “solución” al caos que ellas mismas han contribuido a producir; y que el control se disfraza de cuidado. En Gaza, esa pregunta es inevitable: ¿quién decide la reconstrucción y con qué condiciones?

El board también se instala en una coyuntura global donde los aranceles, el comercio y la coerción se han normalizado como herramientas diplomáticas. Que el lanzamiento ocurra en Davos, cuna del consenso empresarial global, refuerza esa lectura: el plan combina seguridad, administración y economía, y busca legitimar la reconstrucción como negocio y como arquitectura política. AP y WaPo subrayan justamente que algunos aliados ven en el board un intento de reescribir reglas multilaterales desde una lógica unilateral.

En resumen, Trump presentó la “Junta de la Paz” como vitrina de liderazgo global y como herramienta para “garantizar” el alto el fuego y la reconstrucción de Gaza, pero el lanzamiento dejó expuestas las fracturas: apoyo parcial, rechazo de aliados clave y sospecha de que el proyecto busca desplazar a la ONU y concentrar poder de decisión en Washington. En un territorio donde la paz no es solo silencio de armas sino autodeterminación, la verdadera prueba será quién controla la administración, qué condiciones se imponen a los palestinos y si “reconstrucción” significa vida digna o reconfiguración del dominio bajo otro nombre.

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