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La tiranía de lo efímero: Un comentario sobre Sobre “Hecho para tirar” de Serge Latouche

Ene 28, 2026

El autor desglosa con agudeza cómo la obsolescencia técnica se complementa con la “colonización del imaginario”: esa presión cultural que nos hace sentir obsoletos a nosotros mismos si no poseemos lo último del mercado. Esta maquinaria, impulsada por el crédito y la publicidad, no solo vacía los bolsillos de los consumidores, sino que profundiza una desigualdad abismal donde el beneficio de unos pocos se traduce en la precariedad de la mayoría.

Por Equipo El Despertar

En un mundo donde el estreno de un nuevo teléfono móvil parece invalidar instantáneamente al modelo anterior, el ensayo “Hecho para tirar” de Serge Latouche se erige como una autopsia necesaria a nuestra forma de vida. El autor francés, principal referente de la teoría del decrecimiento, nos sumerge en las entrañas de la obsolescencia programada, esa práctica industrial que diseña deliberadamente productos con una fecha de muerte prematura.

Latouche nos advierte que no estamos ante un simple fallo técnico, sino ante una estrategia sistémica: desde componentes que fallan por diseño hasta actualizaciones de software que ralentizan dispositivos funcionales, el objetivo es siempre el mismo: mantener viva la rueda del consumo a cualquier costo.

Para entender este fenómeno, Latouche retrocede en la historia y nos recuerda el famoso “Cártel Phoebus” de los años 20, donde los principales fabricantes de bombillas del mundo se pusieron de acuerdo para reducir la vida útil de sus productos de 2.500 a solo 1.000 horas. Este fue el pecado original de la industria moderna: el descubrimiento de que un producto que no se gasta es una tragedia para los negocios. Desde entonces, el diseño industrial ha sido secuestrado por la contabilidad, priorizando la fragilidad sobre la durabilidad.

La tesis central de Latouche es que esta práctica es la máxima expresión de la irracionalidad económica. Bajo la promesa del crecimiento infinito, la sociedad de consumo ha convertido el despilfarro en una virtud y la reparación en un acto casi heroico o prohibitivo. El autor desglosa con agudeza cómo la obsolescencia técnica se complementa con la “colonización del imaginario”: esa presión cultural que nos hace sentir obsoletos a nosotros mismos si no poseemos lo último del mercado. Esta maquinaria, impulsada por el crédito y la publicidad, no solo vacía los bolsillos de los consumidores, sino que profundiza una desigualdad abismal donde el beneficio de unos pocos se traduce en la precariedad de la mayoría.

Sin embargo, el impacto más alarmante que denuncia el libro es el ecológico. El modelo de “usar y tirar” ha transformado al planeta en una fuente inagotable de recursos y, simultáneamente, en un vertedero global de residuos tóxicos, a menudo exportados a las naciones más pobres en una suerte de colonialismo de la basura. Frente a este panorama desolador, Latouche no se limita a la queja, sino que hace un llamado a la desaceleración económica. Su propuesta de las “8 R” es una invitación a recuperar el sentido común: fomentar una economía circular que priorice la reparación, la reutilización y el respeto por los ciclos naturales. “Hecho para tirar” es, en última instancia, un manifiesto que nos urge a elegir entre el crecimiento ciego o la supervivencia de nuestra civilización, recordándonos que un sistema basado en el desperdicio solo puede conducir a su propio colapso.

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