El INE informó una desocupación de 8,0% en el trimestre móvil octubre–diciembre de 2025, con una caída marginal frente al período previo y al año anterior. Economistas advierten que el Gobierno terminaría con una tasa mayor a la que recibió y que el empleo que crece con más fuerza no es necesariamente de buena calidad: aumenta el trabajo por cuenta propia y persiste la precarización.
Por Equipo El Despertar
La tasa de desempleo en Chile anotó una baja acotada al cierre de 2025, pero el mercado laboral sigue sin romper su inercia. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) situó la desocupación en 8,0% para el trimestre móvil octubre–diciembre 2025, una variación pequeña en comparación anual y también respecto del período inmediatamente anterior.
En lectura de especialistas, la cifra es “positiva” solo en el sentido de que no empeora, pero no constituye todavía un cambio de tendencia. Distintos análisis coinciden en que el problema ya no es únicamente el número agregado, sino la persistencia de un umbral alto: Chile acumula alrededor de 35 meses con tasas sobre 8%, una situación que algunos economistas han descrito como “anormalmente alta” si se pretende normalizarla como nuevo estándar.
El foco: quiénes están consiguiendo trabajo y en qué condiciones
Más allá del promedio, el detalle que inquieta es la composición del empleo. Entre los crecimientos relevantes aparece el trabajo por cuenta propia, una categoría que suele capturar desde emprendimientos reales hasta estrategias de supervivencia (autoempleo) cuando no hay contratos estables disponibles. En términos simples: parte de la “mejora” puede estar viniendo de gente que se inventa su puesto de trabajo para no quedar completamente fuera del ingreso.
Este patrón —menor capacidad de la economía para absorber fuerza de trabajo en empleos formales y al mismo tiempo expansión de ocupaciones más frágiles— suele traducirse en tres efectos concretos: ingresos más volátiles; menor protección social; y más presión hacia abajo sobre salarios y condiciones, porque el miedo a caer en la desocupación funciona como disciplinador silencioso.
Dicho de otro modo: cuando el desempleo “no se dispara” pero tampoco baja de forma sostenida, el costo se redistribuye hacia los hogares mediante informalidad, subempleo y jornadas fragmentadas.
Un cierre de gobierno con desempleo más alto que el punto de partida
Otro elemento que se instaló en el debate es político: la administración actual llegaría al final del mandato con una tasa de desempleo superior a la que enfrentaba al inicio (según han recordado analistas a partir de las series del período). La discusión no es solo de cifras comparadas, sino de balance: si el mercado laboral no recupera dinamismo, la promesa de “mejorar la vida” choca con el dato más básico de esa vida cotidiana: la estabilidad del salario.
La lectura de fondo: estancamiento y “ejército de reserva” en versión siglo XXI
Desde una mirada material (más que de slogans), el cuadro describe un capitalismo que vuelve a funcionar con su mecanismo clásico: mantener una franja relevante de trabajadores disponibles —desocupados o subocupados— que presiona al conjunto a aceptar peores condiciones con tal de no caer. Marx lo formuló como la idea del “ejército industrial de reserva”, no como accidente, sino como parte del engranaje que permite contener salarios y disciplinar la fuerza de trabajo. En la práctica, esa reserva hoy también se expresa como informalidad y “cuenta propia” forzada.
Por eso el debate no se agota en si el desempleo bajó 0,1 o 0,4: la pregunta decisiva es si la economía está creando empleos con derechos (seguridad social, negociación, estabilidad) o si solo está administrando la precariedad para que las estadísticas respiren.
En 2026, con expectativas de actividad económica algo mejores según varios pronósticos, la disputa será si ese crecimiento se traduce en trabajo digno o si vuelve a concentrarse en rentas y márgenes, dejando el ajuste —otra vez— en la espalda de quienes viven del sueldo.
