El Pentágono reconoció que la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado hasta ahora 13 militares estadounidenses muertos y 365 heridos en cinco semanas de conflicto, mientras el gobierno iraní reporta 2.076 víctimas fatales, entre ellas más de 200 niños, y 3,2 millones de desplazados internos.
Por Equipo El Despertar
La mentira tiene las patas muy cortas. Durante semanas, la maquinaria de propaganda del Pentágono intentó ocultar la magnitud de las bajas estadounidenses, pero la realidad del campo de batalla terminó imponiéndose. El viernes 4 de abril, el Departamento de Defensa se vio obligado a revelar las cifras oficiales que suelen esconder la dura realidad: 13 militares de Estados Unidos han muerto y 365 han resultado heridos desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
El desglose de los heridos es lapidario: 247 pertenecen al Ejército, 63 a la Armada, 36 a la Fuerza Aérea y 19 a la Infantería de Marina. Más de la mitad de los lesionados tiene menos de 30 años. Son hijos de la clase trabajadora estadounidense, enviados a miles de kilómetros de sus hogares para asegurar las rutas del petróleo y la hegemonía del dólar, que regresan mutilados o no regresan en absoluto.
Pero las cifras oficiales son apenas la punta del iceberg. El medio The Intercept denunció que el Pentágono está ocultando las verdaderas pérdidas en Medio Oriente: casi 750 tropas estadounidenses han muerto o resultado heridas en la región desde octubre de 2023, pero el Pentágono se niega a reconocerlo. La Guardia Revolucionaria iraní, por su parte, dio su propio balance: más de 680 militares estadounidenses e israelíes han muerto o resultado heridos en el conflicto.
El viernes 3 de abril, las fuerzas iraníes derribaron un caza F-15 estadounidense cerca del estrecho de Ormuz. Un tripulante fue rescatado con vida, pero el piloto permanece desaparecido, y su búsqueda se ha convertido en una carrera contrarreloj. Mientras tanto, Trump ha mantenido silencio sobre el incidente y no ha comparecido en público.
La masacre del pueblo iraní: más de 2.000 muertos y 3,2 millones de desplazados
Mientras Washington se preocupa por sus propias bajas, la población civil iraní sigue pagando el costo más alto de esta guerra de agresión. Según el más reciente balance oficial del Ministerio de Sanidad de Irán, 2.076 personas han muerto y al menos 26.500 han resultado heridas como consecuencia de los bombardeos de Estados Unidos e Israel.
Entre las víctimas mortales se encuentran 216 menores de edad, la mayoría niñas que se encontraban en una escuela en Minab alcanzada durante el primer día de bombardeos. Al menos 1.767 heridos son menores de edad. La organización de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, elevó la cifra a 3.461 muertos, de los cuales 1.551 son civiles, incluidos 236 niños.
La guerra ha provocado un éxodo masivo sin precedentes. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), entre 600.000 y un millón de hogares iraníes —hasta 3,2 millones de personas— han sido desplazados temporalmente dentro del país como consecuencia directa de los bombardeos. La mayoría huye de Teherán y otras grandes ciudades hacia el norte y zonas rurales, en un movimiento que no cesa mientras las hostilidades se intensifican.
Expertos independientes de Naciones Unidas advirtieron que “el pueblo de Irán está siendo atacado desde fuera y desde dentro”, señalando que los bombardeos han alcanzado escuelas, hospitales, edificios culturales y religiosos, viviendas e infraestructuras civiles, en clara violación del derecho internacional humanitario.
La guerra contra la infraestructura civil: un crimen de guerra anunciado
El 28 de marzo, cuando se cumplió un mes de guerra, se vivió uno de los días más intensos de bombardeos: 701 ataques en 278 puntos de 21 de las 31 provincias iraníes, según datos de HRANA. El 74% de esos ataques se produjeron en Teherán, ciudad de unos 10 millones de habitantes que vive bombardeos diarios.
En los últimos días, Estados Unidos e Israel han centrado sus ataques en las industrias del país, su programa atómico y sus centros de conocimiento. Las dos principales fábricas de acero de Irán fueron bombardeadas, así como instalaciones nucleares, universidades y edificios residenciales. El sábado, la Universidad de Ciencia y Tecnología de Teherán fue atacada, dejando uno de los edificios del complejo educativo en ruinas.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó este lunes que los bombardeos impactaron a solo 75 metros del perímetro de la central nuclear de Bushehr, la única planta nuclear iraní. El jefe de la agencia nuclear iraní criticó la inacción del OIEA y advirtió que estos ataques amenazan con liberar material radiactivo en la atmósfera, con consecuencias “irreparables” para las personas, el medio ambiente y los países vecinos.
El estrecho de Ormuz: la llave que estrangula al imperio
El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en el campo de batalla decisivo. Irán ha bloqueado de facto el paso, reduciendo drásticamente el tránsito diario de petroleros. Los pocos buques que logran cruzar lo hacen pagando tasas millonarias en criptomonedas o yuanes chinos.
Frustrado por su incapacidad para levantar el bloqueo, Trump ha recurrido a la intimidación. Este fin de semana, en un mensaje cargado de obscenidades, exigió a Irán: “Abran el maldito estrecho, locos desgraciados, o vivirán en el infierno”. Luego fijó un nuevo plazo: “Martes, 8:00 PM”. “El martes será el día de la planta eléctrica y el día del puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!”, declaró el mandatario.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. Irán rechazó un alto el fuego temporal de 45 días propuesto por mediadores de Egipto, Pakistán y Turquía, argumentando que solo permitiría a los adversarios reagruparse y reanudar los combates. El comando militar central de Irán advirtió de una respuesta “mucho más devastadora” si se golpean objetivos civiles.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, declaró que Irán no entablará negociaciones directas mientras Estados Unidos e Israel intensifiquen los ataques, y que la confianza en Washington está “en cero”.
La economía global en llamas: los trabajadores pagan la factura
La guerra en Irán no solo está cobrando vidas; está incendiando la economía mundial. El precio del petróleo se disparó a 118 dólares por barril, su nivel más alto en años. En Pakistán, el precio del combustible aumentó un 42,7%, llegando a 1,74 dólares por litro, lo que provocó protestas callejeras y largas filas en las estaciones de gasolina.
En Estados Unidos, los precios del combustible están en su nivel más alto desde 2023 y se espera que sigan subiendo. El director ejecutivo de JPMorgan, Jamie Dimon, advirtió que la guerra podría desencadenar otra ronda de inflación persistente y tasas de interés más altas, sumiendo a la economía estadounidense en una recesión.
Mientras tanto, el gobierno de Trump ha solicitado al Congreso un presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares, un aumento del 40% respecto al gasto actual, mientras recorta programas de sanidad pública, vivienda y educación. Una vez más, la clase trabajadora —norteamericana, iraní y mundial— carga con el costo de una guerra que no pidió.
Las primeras grietas en el imperio: protestas en Washington y voces disidentes
El consenso en torno a la guerra comienza a resquebrajarse incluso dentro de Estados Unidos. El 19 de marzo, legisladores demócratas se sumaron a activistas contra la guerra en una protesta en las afueras del Capitolio, donde colocaron decenas de mochilas y zapatos infantiles para homenajear a los más de 200 niños muertos en los bombardeos.
“Desde Palestina hasta Irán, nuestras bombas están matando mujeres. Están matando a niños; a niñas que quieren aprender”, declaró la congresista Delia Ramírez. Las protestas exigen que no se destine “ni un centavo más para la guerra ilegal de Trump contra Irán”.
La Cruz Roja Internacional se sumó este lunes a los llamados a la desescalada, advirtiendo que las amenazas contra la infraestructura civil no pueden “convertirse en la nueva norma en la guerra”.
Mientras tanto, en Irán, los expertos de la ONU denunciaron que la represión interna —con ejecuciones sumarias, cierre de internet y persecución de protestas— no comenzó con los bombardeos, pero se ha agravado drásticamente. El internet en Irán ha estado cortado durante 31 días consecutivos, aislando a la población de la información.
El imperio en decadencia: no puede ganar la guerra, no puede reconocer la derrota
La guerra que comenzó el 28 de febrero con un ataque coordinado de Estados Unidos e Israel que asesinó al ayatolá Alí Jamenei fue presentada por Trump como una “operación relámpago” para “aniquilar” el potencial militar iraní. Cinco semanas después, el balance es devastador para el imperio: 13 muertos, 365 heridos, la economía global en crisis, los aliados europeos distanciándose y el estrecho de Ormuz firmemente bajo control iraní.
La contradicción es brutal. El imperio que prometió “devolver a Irán a la Edad de Piedra” no puede romper el bloqueo energético más importante del mundo. La “coalición” que Trump pretendía construir se limita a reuniones virtuales donde los países europeos prometen lo que no pueden cumplir.
La clase trabajadora del mundo debe preguntarse: ¿quién se beneficia de esta guerra? No son los soldados que regresan en bolsas plásticas. No son los niños iraníes que mueren bajo las bombas. No son los trabajadores estadounidenses que ven cómo sus impuestos financian bombas mientras se recortan sus hospitales. Son los fabricantes de armas, son las petroleras que ganan con el alza del crudo, son los bancos que financian el gasto militar.
La historia nos enseña que el imperialismo siembra viento y cosecha tempestades. Trump pensó que podía aplastar a Irán con la fuerza bruta de su maquinaria bélica, pero la Resistencia ha demostrado que el poder de un pueblo que se niega a ser sometido es más fuerte que todos los portaaviones del mundo. El estrecho de Ormuz sigue cerrado. Y mientras siga cerrado, el imperio seguirá sangrando.
