Lun. Abr 6th, 2026

Viaje al lado oculto: la élite espacial rompe récords mientras el mundo se desangra en guerras y hambrunas

Abr 6, 2026

La misión Artemis II de la NASA ha marcado un hito histórico al superar los 405.000 kilómetros de distancia de la Tierra y permitir a sus cuatro astronautas contemplar el lado oculto de la Luna, batiendo el récord de alejamiento que ostentaba el Apolo 13 desde 1970. La proeza tecnológica, ha costado más de 40.000 millones de dólares en desarrollo, mientras los programas de salud pública y vivienda enfrentan recortes en Estados Unidos y el mundo paga las consecuencias de la guerra imperialista en Asia Occidental. La exploración espacial, presentada por la NASA como un esfuerzo “para el beneficio de todos”, revela su verdadera cara de clase cuando se analiza quién financia estos viajes y quién sigue esperando una atención médica digna en la Tierra.

Por Equipo El Despertar

Cabo Cañaveral, Florida. El 1 de abril de 2026, a las 18:35 hora del este, el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) despegó desde el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy, llevando a cuatro astronautas a bordo de la nave Orión: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen. La misión, denominada Artemis II, es la primera misión tripulada del programa Artemis y el primer sobrevuelo lunar con seres humanos en más de medio siglo.

Días después, la NASA confirmó que la nave Orión había superado los 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra. Según la agencia espacial, la tripulación alcanzará los 405.548 kilómetros, superando así el récord establecido por el Apolo 13 en 1970, que se había alejado 400.171 kilómetros de nuestro planeta. El hito se logró sin necesidad de realizar la primera corrección de trayectoria prevista, ya que los controladores de vuelo determinaron que la nave se mantenía en la ruta precisa hacia su sobrevuelo lunar del 6 de abril.

“¡Buenos días, mundo! Tenemos nuevas y espectaculares imágenes de alta resolución de nuestro planeta natal”, compartió la NASA en sus redes sociales, mostrando la Tierra con sus intensos tonos azules y marrones, iluminada por una aurora verde en su atmósfera. El comandante Wiseman capturó las imágenes con una tableta mientras la nave se reorientaba por el centro de control de la misión en Houston.

La misión que rompe récords y la realidad que sigue igual

El viaje de 10 días llevará a los astronautas a orbitar el lado oculto de la Luna, a 10.299 kilómetros de su superficie. Según la NASA, esta misión busca “demostrar que los sistemas de soporte vital críticos de Orión están listos para mantener a nuestros astronautas en futuras misiones de mayor duración” y “sentar las bases para las primeras misiones tripuladas a Marte”.

El presidente Donald Trump, en un discurso televisado, felicitó a la NASA y a los “valientes astronautas” por el éxito del lanzamiento, destacando que la misión supondría “viajar más lejos de lo que cualquier cohete tripulado haya volado jamás”. El primer ministro canadiense, Mark Carney, también se comunicó con Trump para celebrar la participación del astronauta Jeremy Hansen en la misión.

Mientras la élite política celebra, la clase trabajadora estadounidense observa cómo los presupuestos para programas de salud pública, vivienda y educación se reducen para financiar estas aventuras espaciales. La NASA ha gastado más de 40.000 millones de dólares en el desarrollo del cohete SLS y la nave Orión, un costo que supera el presupuesto anual de varias agencias gubernamentales destinadas a la protección de los sectores más vulnerables.

La cara oculta de la exploración espacial

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, afirmó que considerará un éxito la misión Artemis II si el viaje se realiza “sin regresos anticipados”. La tripulación, por su parte, ha expresado su entusiasmo, aunque también han hecho menciones francas a los riesgos. “Es posible que no podamos comunicarnos con la Tierra y que estemos teniendo problemas con la nave espacial”, declaró el astronauta Jeremy Hansen, quien se convertirá en el primer canadiense en viajar a la Luna.

La misión también transporta cuatro pequeños satélites conocidos como CubeSats, de Argentina, Corea del Sur, Alemania y Arabia Saudita, que fueron desplegados con éxito antes de que la cápsula se encaminara hacia la Luna. La NASA confirmó que estos microsatélites serán puestos en órbita terrestre para realizar investigaciones científicas.

Los astronautas han estado practicando la preparación de la cabina para las observaciones lunares, que se espera que realicen este lunes. Esto incluye ensayar la coreografía de los movimientos en microgravedad dentro de un espacio de un tamaño aproximado al de dos minivans. La tripulación ha comenzado a configurar las cámaras portátiles con potentes lentes para las observaciones lunares, el objetivo central de la misión.

La Tierra desde arriba y la guerra desde abajo

Mientras los astronautas de Artemis II contemplan la curvatura completa del planeta y logran identificar regiones como África y Europa desde el espacio, en la superficie terrestre la realidad es muy distinta. El mundo se desangra en guerras imperialistas, con bombardeos sobre Irán que ya han causado más de 2.000 víctimas fatales y 3,2 millones de desplazados. El estrecho de Ormuz permanece bloqueado, los precios del petróleo se disparan y la clase trabajadora global paga las consecuencias de una crisis que no ha generado.

Mientras la NASA difunde imágenes de una “aurora boreal visible desde el espacio” y describe la Tierra como “un punto azul pálido visto a través de los ojos de la tripulación”, los pueblos del mundo siguen esperando soluciones a problemas mucho más terrenales: el hambre, la falta de vivienda, la precariedad laboral y la violencia estructural.

La exploración como espejo de la desigualdad

El director de vuelo de la NASA, Emily Nelson, declaró que la misión Artemis II está “a poco más de 6.400 kilómetros de la distancia que recorrió el Apolo 13”. Y así, la distancia récord se convierte en una metáfora de la distancia que separa a quienes pueden permitirse soñar con Marte de quienes apenas pueden soñar con llegar a fin de mes.

La exploración espacial, presentada por las élites como un logro de la humanidad, es en realidad un espejo de la desigualdad que estructura nuestras sociedades. Mientras los astronautas viajan más lejos que ningún otro ser humano en la historia, millones de personas en la Tierra no tienen acceso a agua potable, electricidad o servicios de salud básicos. La tecnología que permite estos viajes es la misma que fabrica los misiles que caen sobre las poblaciones civiles. Los presupuestos astronómicos de la NASA son los mismos que los gobiernos recortan de la educación pública y la sanidad universal.

Cuando la nave Orión regrese a la Tierra el 10 de abril, amerizando en el océano Pacífico, el ciclo de la exploración se habrá cerrado. Pero el ciclo de la desigualdad, de la guerra y de la explotación, ese no se cerrará con un simple aterrizaje. Ese solo se transformará cuando la clase trabajadora del mundo comprenda que los recursos que financian viajes al espacio profundo deberían estar financiando el bienestar en la Tierra.

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