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IMCE: crecimiento frágil, salarios que apenas alcanzan y la amenaza del ajuste fiscal

Sep 9, 2025

En cuanto a los ingresos, las remuneraciones nominales subieron 6,4% en julio y el salario real 2,1%, lo que permite hablar de una leve recuperación. Pero la mejora se erosiona con un IPC anual de 4,3%, impulsado por electricidad (+7,3%) y alimentos (+0,9%), rubros que golpean más fuerte a los hogares de menores ingresos. El resultado: los salarios alcanzan para sobrevivir, pero no para ampliar consumo ni mejorar condiciones de vida. Marx lo advirtió en Salario, precio y ganancia: la aparente mejora del salario solo compensa la carestía, sin alterar la tasa de explotación.

Por equipo El Despertar

El Informe Mensual de Coyuntura Económica (IMCE) del Observatorio de Economía del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, ICAL, (septiembre 2025) confirma lo que las y los trabajadores perciben en carne propia: la economía chilena crece, pero lo hace apoyada en el consumo y servicios, mientras la minería se contrae y las condiciones de vida de la clase trabajadora siguen tensionadas por inflación en alimentos y energía. Según el Banco Central, en julio el Imacec subió 1,8% interanual, con un repunte desestacionalizado de 1,0% mensual, impulsado por el comercio (+6,6%) y los servicios (+2,6%), mientras la minería cayó 3,3%.

El informe destaca que el desempleo se mantuvo en 8,7%, pero detrás de la cifra hay un patrón claro: sectores de trabajo asalariado formal como manufactura y minería avanzan, mientras actividades de fuerte peso en el empleo popular como comercio y construcción se hunden. Además, la mejora en la ocupación se apoya en jornadas parciales y de mediana extensión, no en empleos de tiempo completo y estables. Es decir, se reparte el trabajo para maquillar el desempleo, pero se reduce la masa salarial por trabajador.

En cuanto a los ingresos, las remuneraciones nominales subieron 6,4% en julio y el salario real 2,1%, lo que permite hablar de una leve recuperación. Pero la mejora se erosiona con un IPC anual de 4,3%, impulsado por electricidad (+7,3%) y alimentos (+0,9%), rubros que golpean más fuerte a los hogares de menores ingresos. El resultado: los salarios alcanzan para sobrevivir, pero no para ampliar consumo ni mejorar condiciones de vida. Marx lo advirtió en Salario, precio y ganancia: la aparente mejora del salario solo compensa la carestía, sin alterar la tasa de explotación.

El documento concluye que no es momento de recortar el gasto público en 2026. Y tiene razón: cualquier ajuste fiscal sería un golpe directo contra la ya débil demanda interna. Pero el informe se queda en la tibieza poskeynesiana: habla de proteger inversión pública y apoyar ingresos, sin tocar el fondo del problema: la estructura dependiente y extractivista de la economía chilena, que mantiene la acumulación de riqueza en manos de la burguesía minera y financiera. El Estado moderno, recordaba Marx en el Manifiesto, no es sino un comité que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.

En síntesis, el IMCE muestra a un capitalismo chileno creciendo débilmente y a costa de los trabajadores. Los salarios apenas sostienen el consumo, la inflación exprime el bolsillo popular, y la amenaza de recortes presupuestarios asoma como chantaje fiscal en nombre de la “responsabilidad”. Desde una perspectiva marxista, lo que se requiere no es solo gasto público contracíclico, sino planificación democrática de la economía, control social del excedente minero-energético y fortalecimiento del salario vital mediante negociación por rama. Cualquier otra receta será apenas maquillaje de un orden económico que sigue garantizando la rentabilidad del capital, no las necesidades del pueblo.

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