Mié. Abr 15th, 2026

Fractura de Clase: Chile Vamos y el Agotamiento de un Proyecto Político de Élite

Abr 15, 2026

Mientras las dirigencias debaten en comisiones políticas sobre si abandonar el barco o resistir, lo que subyace es una lucha intestina por la representación de la clase dominante, fragmentada entre los resabios del pinochetismo institucional, un empresariado que exige resultados inmediatos y el ascenso de un republicanismo más extremo que amenaza con fagocitar a sus aliados menores. La “centroderecha”, en su intento por administrar la crisis estructural del modelo neoliberal, se devora a sí misma.

Por Equipo El Despertar

El diputado Ricardo Neumann (UDI) sentenció esta semana que “Chile Vamos murió. Cumplió un rol histórico importante, pero su ciclo terminó”. La frase, lejos de ser un exabrupto aislado, cristaliza la crisis terminal que atraviesa la coalición que durante años articuló los intereses del gran capital y la derecha tradicional en Chile. Mientras las dirigencias debaten en comisiones políticas sobre si abandonar el barco o resistir, lo que subyace es una lucha intestina por la representación de la clase dominante, fragmentada entre los resabios del pinochetismo institucional, un empresariado que exige resultados inmediatos y el ascenso de un republicanismo más extremo que amenaza con fagocitar a sus aliados menores. La “centroderecha”, en su intento por administrar la crisis estructural del modelo neoliberal, se devora a sí misma.

El diagnóstico de la crisis: una coalición sin brújula

Lejos de las narrativas hegemónicas que atribuyen las divisiones a “diferencias programáticas menores” o a “personalismos”, la crisis de Chile Vamos responde a una contradicción irresoluble: ¿cómo representar los intereses de una burguesía que ya no cree en los acuerdos institucionales amplios y exige un giro autoritario y punitivista? El resultado electoral del 16 de noviembre de 2025 fue un campanazo: la candidata presidencial de la coalición, Evelyn Matthei, que por meses lideró todas las encuestas, terminó relegada al quinto lugar. El golpe fue demoledor. La UDI y RN retrocedieron en su representación parlamentaria, y Evópoli —el partido de la “nueva derecha” liberal— quedó disuelto al no alcanzar el mínimo legal de cuatro legisladores.

Para la clase política tradicional, el fracaso fue total. Cristián Monckeberg, extimonel de RN, lo escribió sin ambages en una carta a la militancia: “Chile Vamos ha cumplido su ciclo”. Y agregó, en un diagnóstico lapidario: “Las sucesivas derrotas presidenciales, la decisión de no realizar primarias, una fórmula parlamentaria que no maximizó el rendimiento electoral y un relato político que no hizo eco en la ciudadanía, nos obligan a romper inercias”. No se trata de una mera derrota electoral, sino del agotamiento de un dispositivo político que, durante años, logró disciplinar a las fracciones de la burguesía en torno a un proyecto común de acumulación.

Lawfare interno y disputa por la herencia

La descomposición del bloque adquiere ribetes de guerra intestina. En la UDI, la paciencia se ha agotado. Fuentes al interior de la comisión política revelan que están “hartos de que parlamentarios de Renovación Nacional (RN) como Diego Schalper y Ximena Ossandón salgan a hablar ‘en nombre de Chile Vamos’ sobre cosas que nadie ha conversado al interior de la coalición”. Como explica un dirigente: “Si tienes que cargar con las declaraciones del vecino, tarde o temprano te preguntas por qué estás en el mismo edificio”. La metáfora inmobiliaria es reveladora: la derecha no es una comunidad, sino un conjunto de propietarios que comparten un terreno por pura conveniencia electoral.

El malestar se extiende a la evaluación de Evópoli, descrita en la interna como un partido “prácticamente extinto”. En la UDI no quieren “aparecer como corresponsables de esa muerte lenta”. La lógica es simple: en el cementerio de los partidos pequeños, nadie quiere cargar el ataúd. Este diagnóstico ha llevado a que la comisión política de la UDI, en una reunión de dos horas, debatiera abiertamente la posibilidad de abandonar la coalición. La decisión final se tomará en mayo, pero el escenario que se baraja es una nueva alianza con el Partido Republicano de José Antonio Kast, un movimiento que, para muchos, es “muy cómodo ya que provienen de la misma base”.

La irrupción republicana y la presión del capital

El Partido Republicano emerge como el gran factor de desestabilización del statu quo de la derecha. José Antonio Kast, quien gobierna con una agenda de shock, ya ha dejado claro que no participará en primarias con Chile Vamos de cara a la presidencial del próximo año. Su estrategia es clara: presentarse como la única opción pura y sin componendas frente a una coalición que percibe como débil y transaccional. La respuesta de Evelyn Matthei no se hizo esperar. En un intento desesperado por contener la hemorragia, la alcaldesa de Providencia advirtió: “Republicanos no va a ir a primarias de ninguna manera (…) tenemos que jugar con esas reglas y tenemos que ganarles en primera vuelta, porque si no les ganamos en primera vuelta, vamos a tener otro gobierno de izquierda”.

Pero la presión no solo viene desde el extremo del espectro político. El gran capital, históricamente articulado a través de gremios y lobbies, también está moviendo fichas. El presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri (UDI), ha sido explícito: “Chile Vamos tiene que agrandarse y reformularse para dar sustento a Kast”. Para Alessandri, el problema es la escala: se necesita una coalición que abarque a todas las fuerzas del 62% del Rechazo, en una suerte de “Concertación de derecha” que asegure la gobernabilidad del proyecto. Esta postura, sin embargo, choca de frente con la de los sectores más intransigentes de RN y la UDI, que ven en esa operación una claudicación frente al “populismo” republicano.

¿Hacia una recomposición autoritaria?

Mientras las cúpulas se desgarran en el Congreso y en las sedes partidarias, un nuevo actor comienza a perfilarse en el tablero. Un grupo de alcaldes de derecha, liderados por figuras como Jaime Bellolio y Sebastián Sichel, han creado una instancia paralela para adquirir protagonismo y disputarle el relato a los jefes comunales progresistas. Esta “Red de Coordinación Municipal” busca llenar el vacío dejado por una coalición en retirada, demostrando que la lucha por la hegemonía no solo se libra en las cúpulas, sino también en los territorios.

El escenario que se abre es el de una recomposición política por la vía de la fuerza. La fragmentación de Chile Vamos no anuncia el fin de la derecha, sino su mutación hacia formas más autoritarias y menos mediadas institucionalmente. El Partido Republicano, con su discurso de mano dura y su rechazo a los acuerdos, se perfila como el heredero natural de un electorado que ya no cree en las reglas del juego de la transición. Como ha señalado el analista, “la aparente moderación de Kast es un caballo de Troya”. En ese caballo, la burguesía chilena monta sus esperanzas de un nuevo orden que le permita administrar la crisis sin los costos políticos de la institucionalidad vigente. Chile Vamos, entretanto, agoniza como lo que siempre fue: un paraguas precario para los negocios de una élite que hoy, dividida y acorralada, busca refugio en la ultraderecha.

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