Dom. Ene 11th, 2026

No fue alternancia, fue fracaso.

Ene 7, 2026

Es primordial que quienes militamos el marxismo, entendamos que el voto no representa una conciencia objetivada, culta y organizada. Cerrar políticamente la discusión con frases como “el pueblo decidió” o “el pueblo eligió con amplia mayoría” es desconocer el voto como contingencia, como reacción ante un escenario sin alternativas reales. La alternancia lejos de ser una regla, da cuenta que el voto se ha vuelto la única forma disponible de respuesta frente a un fracaso gubernamental, hemos aniquilado toda forma de expresión política y orgánica que permita una discusión libre, una que nos habilite a sabernos trabajadores, clase, masa popular consciente que no tema a su verdad: que ni este gobierno fascista electo ni el anterior son nuestra alternativa histórica.

Por Valeria Palomera

“Algo que hemos aprendido como chilenos es que en los últimos años en nuestro país la alternancia política es la regla”, dijo la ministra Camila Vallejo en sus balances sobre los resultados de las últimas elecciones presidenciales. En los tiempos que corren, me parece relevante poder debatir sinceramente como el dicho de un comunista no puede volverse sólo una vocería, y que puede funcionar más al modo de una coartada que naturaliza la derrota, vaciando de contenido histórico el momento electoral y transformando un fracaso político en una regularidad institucional.

El relato del gobierno del presidente Gabriel Boric ha insistido en desmarcarse de este resultado, así como lo hizo de sus propias promesas electorales y de sus orígenes dirigenciales, intentando oficializar logros gubernamentales por sobre los procesos sociales y políticos que abrieron paso a la llegada de José Antonio Kast al poder y que colmaron la subjetividad del pueblo. Digo colmaron porque es un error de lectura pensar que la derechización en Chile sea un fenómeno asentado como una toma de posición consciente, ideológica y abanderada con el neoliberalismo.

Los medios de comunicación, la derecha y también parte significativa de la izquierda -aquella que entrega toda la responsabilidad política a la institucionalidad burguesa- colmaron la subjetividad
popular de temor y desmovilización, anulando la capacidad de conflicto. Dentro de la izquierda, toda
crítica al gobierno fue leída como faccionalismo, paralelismo e incluso, en su versión más vulgar, como resentimiento. Se clausuró así la discusión política interna, condición indispensable para cualquier proceso real de subjetivación.

Es primordial que quienes militamos el marxismo, entendamos que el voto no representa una conciencia objetivada, culta y organizada. Cerrar políticamente la discusión con frases como “el pueblo decidió” o “el pueblo eligió con amplia mayoría” es desconocer el voto como contingencia, como reacción ante un escenario sin alternativas reales. La alternancia lejos de ser una regla, da cuenta que el voto se ha vuelto la única forma disponible de respuesta frente a un fracaso gubernamental, hemos aniquilado toda forma de expresión política y orgánica que permita una discusión libre, una que nos habilite a sabernos trabajadores, clase, masa popular consciente que no tema a su verdad: que ni este gobierno fascista electo ni el anterior son nuestra alternativa histórica.

La frase “otra cosa es con guitarra”, repetida hasta el cansancio ante cada dificultad por el gobierno de Boric, cumple la misma función ideológica que la apelación permanente a las “reglas e instituciones”, validar la expresión concreta de la superestructura burguesa sin problematización alguna. Ambas frases revelan que no se resiste el análisis del factor conciencia y que, en lo sustantivo, no se cambió nada, materialmente no se correspondió a la tesis de que no es inocuo quién gobierne. La moderación no fue una táctica, fue una renuncia estratégica, decidieron restaurar la administración decretando de que se cerraba el momento constituyente durante su gobierno, sumándose al relato de la derecha en su cuenta pública de junio del 2025 a condenar los hechos delictuales de la revuelta y mucho antes en el funeral de Sebastián Piñera daba la espalda a sus mismos aliados del progresismo cuando menciona que “las querellas y recriminaciones fueron en muchos casos mucho más allá de lo justo y lo razonable”, formalizando de que la promesa de llevar al ex presidente a los tribunales de justicia formaba parte de consignas electorales que necesitaban ser más ruidosas que el programa de gobierno que presentaba Daniel Jadue en las primarias del 2021.

Por ello resulta relevante revisar cómo se gestó el proceso de candidaturas presidenciales, quienes somos militantes de izquierda, no podemos sino siempre en nuestras evaluaciones y análisis a posteriori, retomar desde antes del inicio de la táctica. Cuando el Partido Socialista, el Frente Amplio y la Federación Regionalista Verde Social ya tenían sus candidaturas definidas, la prensa y las propias fuerzas de gobierno comenzaron a instalar que “faltaba el PC”. Todo indicaba, según ellos, que la candidata era Jeannette Jara, aun cuando el Partido Comunista no había resuelto siquiera si disputaría el gobierno.

Se aplazó dos veces el pleno del Comité Central y, cada vez, la Tercera parecía conocer de antemano los resultados. Para el segundo pleno, el relato ya estaba instalado: el PC “no decidía”. Cuando se filtró que existía una discusión que no se quería apurar, comenzaron a temer que existieran otras opciones. Entonces instalaron un adversario ficticio dentro del partido: la supuesta disyuntiva “Jara o Jadue”, una discusión que no se estaba dando internamente, pero que fue útil para marcar pauta, validar ciertos liderazgos y advertir que, de optar por Daniel Jadue, no habría alianza posible. Así se fue cerrando el cerco.

Cuando finalmente el Partido Comunista proclama a Jeannette Jara, los medios cantan victoria y el bloque dominante termina obteniendo la alianza que buscaba. Valen los costos decirlo: el fascismo -y la derecha que lo habilita- tiene plena conciencia de que esta unidad es forzada, desprovista de principio de clase. Sin unidad intraclase, nuestra unidad política deja de constituir un adversario real; por el contrario, permite que la izquierda maquille cohesión mientras se fragmenta estratégicamente. La derecha y sectores empresariales se mostraron conformes con la decisión, destacando los atributos de la candidata, su responsabilidad y moderación.

Quienes nos sentimos y decimos comunistas no podemos reducir nuestra acción política a un cálculo meramente táctico. Si una candidatura presidencial que se reivindica de izquierda no incomoda al poder, entonces estamos objetivamente en la dirección equivocada. La experiencia reciente confirma que la moderación no contiene ni desactiva la ofensiva fascista, conviene retomar a Lenin que advertía que el abuso de la táctica sin un horizonte estratégico claro conduce inevitablemente al oportunismo. (Lenin, 1920) Volver a las masas solo para disputar el mismo escenario electoral, bajo las mismas reglas y sin los aprendizajes, es regresar al mismo punto de derrota.

Este fracaso electoral también podría ser leído como el resultado de haberle dado la espalda al pueblo al conducir la revuelta popular hacia un poder “constituido” y no constituyente, sellando ese desvío con la tramposa firma del acuerdo del 11 de noviembre, firmado en solitario por el entonces diputado y hoy presidente Gabriel Boric. El Partido Comunista podría retomar la discusión de fondo: que teníamos razón al plantear que era necesario rodear la Convención, que fue un acierto no firmar dicho acuerdo, y que la clausura institucional del conflicto social era apresurada y un error histórico.

Podríamos también recuperar la plena vigencia de la vía chilena al socialismo y dejar de reproducir la idea de que la Unidad Popular es solo un episodio del pasado y no una experiencia aún abierta. Persistir en la explicación de que “las personas encontraron el camino del cambio en la ultraderecha chilena” es una lectura que queda políticamente débil si nos exime de nuestra responsabilidad histórica: habernos alejado de la clase popular, haber dejado de hablar de demandas materiales -trabajo, salario, redistribución de la riqueza- para desplazarnos hacia una disputa identitaria y cultural que, en los hechos, significó un abandono de la lucha de clases.

En esa misma lógica hoy nos encontramos instalando la idea de que “los comunistas seremos una oposición responsable y propositiva”, antes de cualquier debate serio sobre qué lucha y horizonte estratégico vamos a retomar, entregando garantías de orden, de constructividad y respeto frente al fascismo. Se concentra la fuerza política en demostrar credenciales democráticas ante el aparato burgués, arrepintiéndose anticipadamente de lo que somos, antes incluso darnos el trabajo de disputar las conciencias para decirle a la gente quienes somos los que creemos en otro mundo completamente distinto y lo que entendemos por democracia: que las mayorías gobiernen y que el poder resida efectivamente en los pueblos.

No es casual que análisis como los de Javier Couso apunten a que es un “lastre” que el Partido Comunista mantenga en sus principios la dictadura del proletariado. Lo que se busca es que el partido que se mantuvo comunista tras la caída de la URSS renuncie definitivamente a su condición, para que no exista alternativa política real. La trampa es cierta, que entre nosotros mandemos a callar a quienes mantienen que la verdadera democracia es de clase, la del proletariado para virar a hacernos responsables del funcionamiento del aparato burgués, desplazando la responsabilidad histórica de que la masa tome el poder.

¿Desde cuándo condenamos a las fuerzas políticas que no abren paso al relato fascista y que se proponen vigilantes, incluso rupturistas, para disputar el poder popular? ¿Por qué creemos que el diálogo y los acuerdos permanentes no abren paso a que la derechización termine inoculándose en la subjetividad?

Los principios no se transan. Y no es idealismo. La contradicción neoliberalismo versus democracia se nos cae a pedazos: puede existir perfectamente una democracia estable, progresista y de acuerdos, coexistiendo con un capital que acumula mientras el pueblo permanece obediente. La democracia, vaciada de contenido de clase, no significa nada, se la reduce a separación de poderes y multipartidismo, categorías que no se cumplen ni garantizan mayor conciencia política.

La izquierda no toma análisis prestados ni obedece al tiempo del poder. Cuando lo hace, solo puede producir evaluaciones neoliberales con lenguaje humanizador. El gobierno de Boric criminalizó el Wallmapu, aprobó reglas del uso de la fuerza, condenó el estallido social al firmar su cierre institucional, calificó de dictaduras a procesos soberanos y fortaleció relaciones con invasores. Esta misma lógica se expresa con total nitidez en la política internacional del gobierno de Gabriel Boric, que se sumara al relato impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea para calificar a Venezuela como una dictadura tras su proceso eleccionario, al mismo tiempo que se alineó acríticamente con el gobierno de Zelensky y la narrativa occidental sobre la guerra en Ucrania. En ambos casos se sumó al coro de la adhesión a un marco moral humanitario funcional a la injerencia imperial. Mientras Venezuela enfrentaba bloqueo, sanciones, intentos de aislamiento y operaciones abiertas de desestabilización, el gobierno chileno optó por repetir el libreto de la guerra híbrida, negando el arraigo popular real de la Revolución Bolivariana y desconociendo su inscripción material en amplios sectores del pueblo venezolano.

Este tipo de posicionamiento no constituye un antiimperialismo “crítico” ni “moderno”, sino su negación. No sirve hoy un anti imperialismo humanitario que condena selectivamente a los gobiernos que no se subordinan al orden occidental, mientras guarda silencio o justifica las agresiones cuando provienen de las potencias centrales. Renegar del arraigo popular de la Revolución Bolivariana, reducirla a una caricatura autoritaria y abstraerla de las condiciones materiales de asedio imperial es renegar también de la posibilidad misma de que los pueblos construyan caminos soberanos.

La autocrítica pendiente- que por cierto nos debemos- es brutal: solidarizamos con las revueltas cuando ya están en curso y luego abandonamos a quienes ponen el cuerpo en luchas que no quisimos ni discutir ni conducir. Nos debilitamos quedando reducidos frente a la guerra psicológica del imperialismo, intentando moderar y humanizar el capital hablando y mirando a nuestros hermanos de lucha con los ojos de ellos, así es como el fascismo deja de ser solo externo y pasa a ser el orden que llevamos dentro.

Es momento de que los marxistas entendamos que luchar por otro mundo no es idealismo, de que la fuerza material solo se derriba con otra fuerza material, y las ideas revolucionarias se vuelven una fuerza material tan pronto cuando prenden en las masas. (Marx, 1844) Nuestro deber no es administrar derrotas ni seguir fingiendo que creemos en relatos que ya perdieron. Ni la alternancia política es la regla, ni “otra cosa es con guitarra”. Las guitarras han sido fusiles en otros momentos de la historia cuando fueron empuñadas en la dirección correcta y donde dicta la conciencia revolucionaria. Que peligroso sería, que deje de existir un partido marxista-leninista para el pueblo de Chile, tenemos el deber de seguir dando horizonte al cual seguir en búsqueda, seguir con fuerza construyendo la herramienta, en nuestros términos, en un ejercicio que proyecte a largo aliento y replegar cuando sea necesario. En nombre del diálogo y la propositividad, podríamos terminar dándoles permiso.

Frente al auge fascista mundial y la guerra sin velo, nos vemos enfrentados necesariamente
sin atajos ni ambigüedades, a la única contradicción posible: socialismo o barbarie.

Referencias:
Boric, G. (2019, noviembre 15). Declaraciones tras la firma del Acuerdo por la Paz y la Nueva
Constitución. CNN Chile. https://www.cnnchile.com/pais/acuerdo-paz-nueva-constitucion-boric_20191115/

Boric, G. (2022, septiembre). El proceso constituyente debe canalizarse por vías
institucionales. Presidencia de la República de Chile. https://www.presidencia.cl/

Couso, J. (2025). El problema del Partido Comunista y su relación con la democracia liberal.
La Tercera. https://www.latercera.com/opinion/

La Tercera. (2024, noviembre). Partido Comunista posterga definición presidencial y extiende
debate interno sobre candidatura. https://www.latercera.com/politica/

La Tercera. (2024, noviembre). Oficialismo a la espera de definición del PC para completar el
cuadro presidencial. https://www.latercera.com/politica/

Lenin, V. I. (1980). La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo. En Obras
escogidas (Vol. 3). Moscú: Ediciones Progreso. (Trabajo original publicado en 1920).

Marx, K. (1980). Introducción a la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel. En Marx, K. &
Engels, F., Obras escogidas (Vol. 1). Moscú: Ediciones Progreso. (Trabajo original publicado
en 1844).

Vallejo, C. (2024, diciembre). Vocera de Gobierno analiza resultados electorales y señala que
la alternancia política es parte de la democracia. La Tercera.
https://www.latercera.com/politica/

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