El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó este martes con cortar “todo el comercio” con España luego de que el gobierno de Pedro Sánchez prohibiera el uso de las bases militares de Rota y Morón para los bombardeos contra Irán, en una demostración descarnada de cómo la potencia hegemónica castiga a quienes osan anteponer el derecho internacional a los designios del Pentágono, mientras los pueblos observan cómo su destino se decide en las mesas del imperio.
Por Equipo El Despertar
Lo que los titulares hegemónicos llaman “tensión diplomática” no es más que la crudeza de las relaciones interimperialistas cuando un Estado periférico —incluso uno europeo— intenta ejercer la mínima soberanía frente al poder militar y económico de Washington. El conflicto, lejos de ser una disputa entre iguales, revela la verdadera naturaleza de la OTAN: una alianza donde la “solidaridad” opera solo cuando los miembros subordinados acatan sin chistar las órdenes del comando central.
El castigo del imperio
La amenaza llegó sin ambages desde el Despacho Oval. Durante una reunión con el canciller alemán Friedrich Merz, Trump lanzó su advertencia: “Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos nada que ver con España”, declaró a la prensa . El mandatario estadounidense justificó la medida calificando a España de “terrible” y “poco amigable” por negar el uso de las instalaciones militares conjuntas .
La respuesta, sin embargo, choca con una realidad material incómoda para el trumpismo: España es miembro de la Unión Europea, y los acuerdos comerciales se negocian en bloque. “Si la administración estadounidense desea revisar el acuerdo comercial, debe hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, el derecho internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y Estados Unidos”, respondió lacónicamente un portavoz de Moncloa .
Pero Trump, en su lógica de patrón de hacienda, ya había encontrado asidero legal. Horas antes, la Corte Suprema había tumbado sus aranceles globales argumentando que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional no autoriza al presidente a imponer aranceles unilaterales. La respuesta del magnate fue reinterpretar el fallo: ahora sostiene que la corte le permite, en cambio, imponer embargos totales a su antojo . El secretario del Tesoro, Scott Bessent, secundó la jugada: “La Corte Suprema reaffirmó su capacidad para implementar un embargo”, aseguró, anunciando investigaciones del Representante Comercial y el Departamento de Comercio .
La negativa española: un acto de dignidad en un mar de sumisiones
El conflicto se originó el fin de semana, cuando el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, fue categórico: “Las bases de uso conjunto, pero bajo soberanía española, no se utilizarán para nada que no esté incluido en el tratado ni fuera de la Carta de la ONU” . La decisión se tradujo en hechos concretos: al menos 15 aeronaves estadounidenses —en su mayoría aviones cisterna KC-135 utilizados para reabastecer a los cazas que bombardeaban Irán— abandonaron las bases de Rota y Morón con destino a Ramstein (Alemania) y otras instalaciones en Francia .
El gobierno de Sánchez, uno de los últimos bastiones progresistas en una Europa que gira a la derecha, ya había sido un dolor de cabeza para Washington. Sánchez calificó los ataques contra Irán como una “intervención militar unilateral, injustificada y peligrosa que está fuera del derecho internacional” . Durante la cumbre del Mobile World Congress en Barcelona, el presidente español fue más allá: “Es posible estar en contra de un régimen odioso, como la sociedad española lo está contra el régimen iraní, y al mismo tiempo estar en contra de una intervención militar injustificada, peligrosa y que está fuera del derecho internacional” .
La ministra de Defensa, Margarita Robles, defendió la postura con precisión quirúrgica: “Hay un acuerdo con Estados Unidos sobre estas bases, pero nuestro entendimiento es que las operaciones deben cumplir con los marcos legales internacionales y contar con respaldo internacional. Estados Unidos e Israel actuaron unilateralmente sin el respaldo de una resolución internacional” .
La reacción de la derecha: sumisión o castigo
Mientras el gobierno socialista resiste la embestida, la oposición española aprovecha para ajustar cuentas. Carmen Fúñez, dirigente del Partido Popular, ironizó: “Con Maduro y los ayatolás fuera de juego, sus grupos de WhatsApp se están quedando vacíos” . La derecha española, históricamente alineada con Washington, no oculta su incomodidad con un gobierno que osa desafiar al imperio.
Pero el conflicto trasciende lo doméstico. Israel, socio principal en la ofensiva contra Irán, también arremetió contra Madrid. El ministro de Relaciones Exteriores israelí, Gideon Saar, acusó a Sánchez de “alinearse con todos los tiranos del mundo” y, específicamente, “con Irán” .
La OTAN como cadena de mando
La disputa revela la verdadera naturaleza de la alianza atlántica. Trump aprovechó la ocasión para reabrir viejas heridas: el incumplimiento español del gasto militar del 5% del PIB exigido por la OTAN. “España es el único país de la OTAN que no aceptó subir al 5%”, se quejó Trump, ignorando que Madrid mantiene su compromiso en el 2,1% . Merz, el canciller alemán, secundó al mandatario: “Estamos tratando de convencerlos de que esto es parte de nuestra seguridad común, que todos tenemos que cumplir con esto” .
La sumisión británica contrasta con la dignidad española. El Reino Unido, que inicialmente prohibió el uso de la base de Diego García, dio marcha atrás en cuestión de horas. El primer ministro Keir Starmer autorizó su uso para “propósitos específicos y limitados” y anunció el envío de un buque de guerra a Chipre tras un ataque con drones a una base británica . Trump, lejos de agradecer, se burló: “No es precisamente Winston Churchill con quien estamos tratando” .
La clase trabajadora, siempre la misma
Mientras las elites dirimen sus disputas, el pueblo observa desde la vereda. Un embargo comercial de Estados Unidos a España —aunque de difícil implementación legal por el paraguas europeo— tendría consecuencias devastadoras para los trabajadores españoles. Sectores como el agroalimentario, la automoción o el textil, que exportan miles de millones a Estados Unidos, verían peligrar empleos y salarios. Pero esa dimensión brilla por su ausencia en las declaraciones oficiales.
Tampoco aparece en los discursos la pregunta incómoda: ¿por qué hay bases estadounidenses en territorio español? Instaladas en los años cincuenta bajo el franquismo, Rota y Morón son la huella física de la subordinación geopolítica. Su existencia misma es una concesión de soberanía que ningún gobierno —ni siquiera uno que se autodenomina progresista— ha osado cuestionar en profundidad. Sánchez las cierra para esta guerra, pero las mantiene abiertas para la próxima.
Albares lo expresó con claridad: “El papel de la Unión Europea debe ser pedir la desescalada, el retorno al diálogo, la distensión, la diplomacia y la negociación, porque a través de la violencia no lograremos ni estabilidad, ni democracia, ni paz” . Son palabras que deberían ser obvias, pero en un mundo donde la OTAN impone sus condiciones, resultan subversivas.
Lo que está en juego no es solo una disputa comercial o diplomática. Es la posibilidad de que un país, incluso dentro de la órbita occidental, ejerza el mínimo de autonomía frente al imperio. La respuesta de Trump —amenaza de embargo, burla, castigo— es la prueba de que esa autonomía no está permitida. En el tablero del capitalismo global, los Estados subordinados existen para servir, no para disentir. La clase trabajadora española, una vez más, pagará los platos rotos de una guerra que no eligió y de una soberanía que, en los hechos, es apenas una ficción.
