Mientras el Presidente José Antonio Kast redobla su campaña contra el «comunismo internacional» y sus ex socios de coalición le ladran desde la vereda del «orden», las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC) conquistan este primer semestre la conducción de las principales federaciones estudiantiles del país. Con un contundente 60,6% en la Universidad de Chile y amplios triunfos en la UdeC, laUDP, la UCSC y otras casas de estudio, la «Jota» demuestra que la clase dirigente puede tener La Moneda, pero no las conciencias de la juventud.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. Mayo de 2026. A solo dos meses de la asunción de José Antonio Kast, el mapa del poder estudiantil ha cambiado por completo. Este miércoles 13 de mayo, con una participación que superó las 18 mil voluntades, la histórica Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) eligió a su nueva mesa directiva. La lista «Conectemos la Chile», conformada por militantes de las Juventudes Comunistas y del Frente Amplio, arrasó con el 60,6% de los sufragios, dejando atrás a la lista de las Juventudes Socialistas que apenas alcanzó el 39,4%. La nueva presidenta es Laura Mlynarz, una estudiante de cuarto año de Ingeniería Civil Hidráulica, cuadro de las JJCC, quien dirigirá los destinos de una organización que por dos años estuvo sumida en una profunda crisis de representación.
Pero el fenómeno no fue aislado. A principios de abril, la militante de las JJCC Ivania Garrido fue ratificada en la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC), logrando imponerse por un margen ajustado pero categórico de 250 votos sobre la segunda lista. Días después, en la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), una lista diversa encabezada por el dirigente comunista Sebastián Rojas obtuvo la adhesión de más del 70% de los votantes, integrando a militantes socialistas, del Frente Amplio e independientes en un solo bloque de resistencia. En cada una de estas casas de estudio, la consigna fue la misma: «No aceptaremos retrocesos en educación».
El factor que moviliza: la derecha educa a la izquierda
La paradoja es reveladora. Mientras el gobierno de Kast prometía en campaña el regreso del «orden» a las calles, su ofensiva represiva y su brutal ajuste fiscal han terminado por politizar a una juventud que parecía adormecida. La lista «Conectemos la Chile» basó su campaña en ejes concretos: becas de traslado, fortalecimiento de políticas de bienestar, medidas para estudiantes trabajadores y cuidadores, y la defensa de la gratuidad que el gobierno ya ha comenzado a cercenar. No se trata de consignas vacías, sino de necesidades materiales que la administración de Kast ha puesto en jaque con recortes de más de 32 mil millones de pesos a programas sociales y amenazas de limitar la gratuidad a menores de 30 años.
Como lo señala el análisis crítico de la propia izquierda, «el contexto de ataques del gobierno de ultraderecha de Kast sin dudas ha motivado al estudiantado de la Universidad de Chile a participar». El voto masivo (la participación superó holgadamente el quórum mínimo que había provocado la parálisis de la FECh en 2024) no es un guiño a una «oposición responsable», sino la búsqueda de un instrumento real de defensa frente al desmantelamiento neoliberal.
La ofensiva anticomunista del «Palacio del orden»
En paralelo a estos triunfos, el Presidente Kast ha endurecido su tono contra el Partido Comunista, al que identifica como el principal foco de desestabilización. El pasado 11 de mayo, el mandatario utilizó su cuenta en X para lanzar una furibunda acusación: «Durante cuatro años, el Partido Comunista fue parte del Gobierno y ocupó tranquilamente La Moneda. Hoy, luego de ser derrotado en las urnas, busca agitar las calles y frenar los avances que democráticamente impulsan el Gobierno y el Congreso». Las declaraciones de Kast respondían a una entrevista de la diputada comunista Lorena Pizarro, quien llamó a la movilización popular para frenar los «retrocesos criminales» del Ejecutivo.
Pero la crisis no solo viene de la izquierda. Desde su propia trinchera, los ex socios de coalición de Chile Vamos —Renovación Nacional y la UDI— han comenzado a disparar contra el «monopolio republicano». En las últimas semanas, senadores de RN y la UDI han criticado abiertamente la «falta de diálogo» y el «tono autoritario» del gobierno, advirtiendo que no serán simples comparsas de la agenda de Kast. El diputado Andrés Longton (RN) declaró que «no estamos para aplaudir recortes insensibles, y mucho menos para tolerar que se criminalice a jóvenes que solo exigen educación». El «segundo piso» del gobierno está agrietado, y la derecha tradicional se resiste a ser tragada por el monstruo republicano que ella misma ayudó a criar.
La voz de la resistencia y el desafío que viene
La flamante presidenta de la FECh, Laura Mlynarz, fue categórica al vincular su triunfo con la situación política nacional. En declaraciones a Radio Portales, advirtió que «el derecho a la educación pública está corriendo peligro y este Gobierno no pone las necesidades del pueblo de Chile como prioridad, pero ahí estamos los estudiantes para volver a relevarlo». La diputada comunista Daniela Serrano celebró el triunfo señalando que «en tiempos donde la educación pública y la gratuidad se ven amenazadas, ver florecer nuevamente la organización estudiantil es una gran noticia».
El desafío para las nuevas directivas es mayúsculo: no se trata de administrar el malestar, sino de convertirlo en poder territorial efectivo. La izquierda debe ser capaz de transformar esta «efervescencia» en un movimiento social que dispute la calle, la universidad y la fábrica. Mientras el gobierno se enreda en sus propias contradicciones y el anticomunismo se vuelve el último recurso retórico de un oficialismo desorientado, las JJCC demuestran que existe una generación dispuesta a tomar la posta.
El 2026 se perfila como el año del reflujo conservador, pero también como el momento en que los hijos de la clase trabajadora vuelven a ocupar las trincheras. La derecha tiene el poder, pero el movimiento estudiantil tiene la razón. Y la historia nos ha enseñado que cuando la razón se levanta organizada, las cúpulas tiemblan.
