El conflicto entre el gobierno saliente de Gabriel Boric y la administración entrante de José Antonio Kast por el proyecto del cable submarino chino estalló esta semana con acusaciones cruzadas de mentiras y falta de transparencia, en una pelea que no es por principios geopolíticos soberanos, sino por ver qué fracción de la burguesía nacional administrará mejor la subordinación a las potencias extranjeras en pugna, mientras la clase trabajadora observa cómo se decide el futuro del país sin tener voz ni voto.
Por Equipo El Despertar
Lo que los titulares llaman “crisis política” o “terremoto en La Moneda” no es más que la expresión criolla de las contradicciones interimperialistas entre Estados Unidos y China por el control de la infraestructura estratégica en América Latina. El proyecto del cable submarino que conectará Valparaíso con Hong Kong, impulsado por la empresa estatal China Mobile, desató la furia de Washington, que el 20 de febrero revocó las visas de tres funcionarios chilenos acusándolos de “socavar la seguridad regional” . En ese contexto de presión, las versiones entre el gobierno que se va y el que viene chocaron con la fuerza de dos trenes.
La versión de La Moneda saliente: “hubo información previa”
El presidente Gabriel Boric salió este martes con los tapones de punta tras la reunión de 22 minutos que terminó abruptamente con Kast. Visiblemente molesto en el Patio de Los Naranjos, el mandatario detalló con lujo de cronología los intentos de informar al presidente electo sobre la delicada situación del cable .
“El día miércoles 18 de febrero llamé al presidente electo José Antonio Kast para señalarle que tenía diversos temas que conversar con él. Entre ellos, (…) la situación del cable chino, puesto que ante una tramitación normal de una solicitud de concesión habíamos recibido amenazas por parte de Estados Unidos que ya todos conocen”, afirmó Boric ante las cámaras .
El mandatario explicó que le parecía “prudente, y se lo señalé explícitamente, que una decisión de estas características, dado lo sensible geopolíticamente que era, debía ser conversado entre la administración saliente y la administración entrante” . Según su relato, cuando estalló el escándalo el 20 de febrero, estando en Rapa Nui, intentó comunicarse “insistentemente” con Kast, pero “no por motivos de comunicación, sino por falta de voluntad de la contraparte, no fue posible” .
La respuesta de la futura administración: “nunca nos informaron”
Del otro lado de la trinchera, el futuro ministro del Interior, Claudio Alvarado, desmintió categóricamente la versión presidencial. “Vemos con cierto grado de preocupación las declaraciones del presidente Boric, ya que ellas no se condicen con la realidad”, planteó Alvarado a la salida de La Moneda. “El presidente electo nunca fue informado, ni tuvo conocimiento de esta situación que dice relación con el cable chino, por lo tanto aquí no hubo información y no se transparentó sobre este caso particular”, añadió .
El futuro secretario de Estado fue más allá: recordó que en la reunión bilateral entre el ministro de Transportes saliente, Juan Carlos Muñoz, y su sucesor, Louis de Grange, celebrada el 13 de febrero, “no hubo ni una sola mención” al cable submarino . Un hecho que De Grange confirmó al señalar días después que “no se nos ha pasado información” .
La futura vocera de gobierno, Mara Sedini, endureció el tono al calificar al Ejecutivo de “equívoco, inexacto y poco transparente” en el manejo del caso . “Nos empezamos a enterar de otras reuniones, de un decreto que se firmó, que se retractó después de idas a China del subsecretario”, cuestionó, apuntando a “inconsecuencias de ministros al mismo tiempo el mismo día sobre cuál ha sido la agenda” .
El trasfondo: la pelea por quién administra la dependencia
Lo que está en juego en esta disputa no es la soberanía nacional ni el bienestar del pueblo chileno. Detrás de las acusaciones cruzadas sobre quién dijo qué y cuándo, se esconde la pulseada entre dos fracciones de la burguesía nacional por ver quién gestiona la relación con las potencias en pugna. Boric intenta mostrar que actuó con transparencia y que dejó el tema sobre la mesa para que la próxima administración decida. Kast, por su parte, busca desmarcarse del conflicto y presentarse como el estadista que pondrá orden frente a lo que califica como “ocultamiento” de información .
El propio Boric reconoció que la decisión final “excede en plazos a nuestro mandato y deberá ser continuada o desechada por las próximas autoridades” . En criollo: el cable es problema del que viene, pero la pelea por la narrativa es de ahora.
La reunión que prometía abordar temas de Estado terminó con Boric denunciando que Kast le exigió retractarse de sus dichos. “Desgraciadamente, el presidente electo ha llegado a esta reunión exigiéndome que me retracte de los dichos de que yo le había informado respecto de esta situación antes y, como eso es falso y no lo voy a hacer, decidió que las siguientes bilaterales no sucedieran”, sentenció el mandatario .
El dato objetivo que nadie desmiente
Hay un hecho concreto en medio de la niebla: el 27 de enero, el ministro Muñoz firmó un decreto que otorgaba la concesión por 30 años a la empresa China Mobile para instalar, operar y explotar el cable entre Hong Kong y Concón. El decreto fue anulado 48 horas después, argumentando “errores técnicos o de tipeo” . El gobierno defiende que ese decreto nunca llegó a Contraloría, por lo que “administrativamente nunca se aprobó” .
Lo relevante no es si hubo o no información previa a Kast, sino que Chile, en su condición de economía dependiente, se ve arrastrado por las contradicciones entre potencias que pelean por el control de la infraestructura digital global. Mientras Boric y Kast se acusan mutuamente de mentir, el pueblo observa cómo se define una inversión estratégica sin poder opinar. Como bien sintetizó Boric en su defensa: “Acá no hay nada oculto” . Pero lo que sí está oculto es el debate de fondo: ¿para quién trabaja la infraestructura del país? ¿A quién beneficia realmente este cable? Esa discusión no cabe en las agendas de La Moneda.
“Claramente hay una estrategia de cómo llevar adelante esto”, denunció Boric . Y algo de razón tiene: la estrategia es que la pelea política opaque el hecho de que Chile sigue siendo un tablero donde juegan otros. El cable chino, las presiones de Washington, las sanciones a funcionarios, son todas expresiones de una misma realidad: en el capitalismo periférico, las decisiones las toman las potencias y las elites locales solo discuten cómo administrar las consecuencias. Mientras tanto, en las poblaciones, el precio de la bencina sigue subiendo.
