El órgano técnico, fiel guardián de los intereses de la burguesía financiera, censura al Ejecutivo por no haber ajustado el gasto social con la suficiente celeridad para seguir engordando el pago de la deuda. El “desvío fiscal” de 2,5 puntos del PIB no es un error de cálculo, sino la prueba de la contradicción de un gobierno que prometió cambios pero terminó gestionando las finanzas al servicio del Fondo Monetario y los grandes grupos económicos.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. Mientras el gobierno saliente de Gabriel Boric intenta vender una imagen de “normalización” económica, el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) ha publicado este miércoles un informe que, lejos de ser un análisis técnico aséptico, constituye un verdadero acta de acusación contra cualquier intento de desviar recursos hacia las necesidades de las mayorías. El organismo, compuesto por economistas de la casta tecnocrática, ha constatado que el balance estructural cerró 2025 en -3,6% del Producto Interno Bruto (PIB), un desvío de 2,5 puntos respecto a la meta original .
Para la prensa burguesa, esto es un “demoledor informe” sobre el “desgobierno”. Para el análisis de clase, es la confesión de que el Estado chileno sigue firmemente atado al mandato de pagar primero a los acreedores antes que garantizar la vida de la población. El CFA lo dice con la frialdad de quien mira una planilla de Excel: el problema no es que haya déficit, sino que “la magnitud de este desvío es elevada en términos históricos para un año sin eventos extraordinarios” . Es decir, en tiempos de “normalidad” capitalista, no se permite que el Estado gaste en salud, educación o pensiones por encima de lo que los grupos económicos consideran “prudente”.
“Errores reiterados y significativos en la proyección de los ingresos efectivos”, “escasa efectividad del plan de acciones correctivas”, “ajuste del gasto insuficiente” . Estas son las acusaciones del organismo autónomo. Pero, ¿qué significan en la realidad material? Que el gobierno de Boric, atrapado en su propia contradicción de clase, intentó maquillar su programa original —que prometía “pensiones dignas sin AFP” y “acceso garantizado universal a la salud”— con una gestión fiscal que nunca rompió con los dogmas del neoliberalismo .
El informe detalla que los ingresos tributarios no mineros fueron 1,6% del PIB (unos US$5.760 millones) menores a lo proyectado, y que gran parte del desfase se explica por no haber calibrado correctamente el fin del Impuesto Sustitutivo de Impuestos Finales (ISIF) y otras medidas transitorias . Pero la raíz del problema no es la “falta de capacidad técnica” de la Dirección de Presupuestos (Dipres), como insinúa el CFA . La raíz es política: el gobierno intentó contentar a las masas que lo llevaron a La Moneda con promesas de derechos, mientras mantenía una estructura fiscal heredada de la dictadura que prioriza el superávit primario para garantizar el pago de la deuda.
La prueba más brutal de esta sumisión la entrega el propio informe cuando, casi como un apunte al margen, revela que el pago de intereses de la deuda pública alcanzó un nuevo piso estructural. Solo en 2025, el Estado destinó el 1,2% del PIB (US$4.616 millones) a los acreedores, una cifra que crece un 7,1% real anual y que ya “supera ampliamente el presupuesto completo de varios ministerios sectoriales” . Mientras el CFA exige más “consolidación fiscal” —eufemismo para el recorte del gasto social—, los banqueros y tenedores de bonos ven aseguradas sus rentas.
El organismo incluso advierte con sutil amenaza: si no se ajusta el gasto, la deuda bruta podría superar el “nivel prudente” del 45% del PIB en el mediano plazo . Este es el lenguaje del terrorismo financiero que ha guiado al gobierno de Boric. Bajo la batuta de su exministro Mario Marcel y, posteriormente, Nicolás Grau, Hacienda no hizo más que administrar la escasez para las mayorías mientras el Estado mantenía sus transferencias al capital. El Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES), ese colchón de todos los chilenos, se redujo de más de US$7.500 millones a apenas US$3.889 millones, dilapidado no en “gasto irresponsable”, sino en gran medida para cubrir los descalces que exige la ortodoxia .
Los voceros del régimen, como el ministro Grau, celebran haber cumplido la meta de crear 700 mil empleos y destacan la baja de la inflación, una tarea que, hasta la prensa tradicional reconoce, fue lograda por el Banco Central subiendo las tasas de interés, asfixiando a las pequeñas y medianas empresas y a los trabajadores endeudados . Mientras tanto, el desempleo completó 37 meses consecutivos sobre el 8%, golpeando con más fuerza a las mujeres (9,2%) y a la juventud obrera .
El CFA, en su rol de gendarme del capital, propone cuatro “soluciones” para recuperar el equilibrio fiscal: mayor crecimiento (vía explotación), reducción de la evasión (que suena bien pero nunca se concreta), nuevas fuentes de ingresos estructurales (que pagarán los de siempre) y “eficiencia del gasto” (más ajuste) . Pero lo que omite el análisis técnico es la única solución estructural que la clase trabajadora necesita: dejar de pagar una deuda externa e interna que es ilegítima, nacionalizar la banca y los grandes monopolios, y poner la economía al servicio de las necesidades humanas y no de la acumulación.
El legado del gobierno de Boric, a 11 días de abandonar La Moneda, no es el de la “transformación”, sino el de la administración de un capitalismo en crisis con rostro joven. Un gobierno que llegó prometiendo “terminar con las AFP” y se va dejando una reforma de pensiones que profundiza el negocio de las aseguradoras; que prometió un estado de bienestar y entrega un Fisco exhausto, con deuda récord y con el fantasma de un nuevo acuerdo de “responsabilidad fiscal” que, como siempre, pagarán los de abajo . El CFA aplaude. El pueblo, una vez más, paga la fiesta de los de siempre.
