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La guerra contra Irán desata una tormenta inflacionaria global: el imperialismo descarga el costo de su aventura bélica sobre las espaldas de los trabajadores del mundo

Mar 9, 2026

El cierre del Estrecho de Ormuz, arteria vital por donde fluye el 20% del petróleo mundial, ha desencadenado un shock energético que recorre como un latigazo las economías dependientes del Sur Global. Mientras los precios del crudo Brent se disparan un 15% y las aerolíneas cancelan más de 11.000 vuelos, la factura de la guerra la pagan los consumidores en forma de inflación, los estados con déficit fiscal y las mayorías populares que ven encarecerse el pan, el transporte y la electricidad, en una nueva demostración de cómo el capitalismo traslada sistemáticamente los costos de sus crisis a la clase trabajadora .

Por Equipo El Despertar

La maquinaria bélica desatada por Washington y Tel Aviv el 28 de febrero no solo ha segado miles de vidas en territorio iraní, sino que ha dinamitado los precarios equilibrios de una economía mundial aún convaleciente. El Estrecho de Ormuz, convertido en campo de batalla, ha visto reducirse el tráfico de petroleros en un 90%, paralizando el equivalente a 20 millones de barriles diarios que alimentan las calderas de la industria global . El resultado es una escalada inmediata de los precios energéticos: el Brent cotiza ya por encima de los 84 dólares por barril, y los futuros del gas natural licuado (LNG) se han disparado hasta un 50% en Europa tras los ataques a las instalaciones de QatarEnergy, uno de los principales proveedores del continente .

“Cuando la energía sube, el costo de vida sube, más bruscamente para quienes tienen menos ingresos disponibles”, advierte Sir Ronald Sanders, embajador de Antigua y Barbuda, analizando el impacto en el Caribe, una región que importa alimentos por valor de 8.500 millones de dólares anuales y cuya factura energética explica el 60% de su inflación interna . Es la transmisión en cadena del latrocinio: el combustible más caro encarece el flete marítimo, el flete encarece los fertilizantes y los alimentos, y el eslabón más débil —el pueblo trabajador— termina pagando en el supermercado lo que los accionistas de las petroleras ganan en la Bolsa. Las primas de “riesgo de guerra” para los buques que osen desafiar el bloqueo han pasado del 0,2% al 1% del valor de la nave, y muchas aseguradoras directamente se niegan a cubrir las travesías por el Golfo, estrangulando aún más el comercio .

LOS MERCADOS EMERGENTES EN LA PICOTA

El capital financiero, siempre vigilante, ha ajustado ya sus cálculos. La agencia Fitch Ratings advierte que el conflicto “podría plantear desafíos adicionales para algunos soberanos de mercados emergentes” a través de cuatro canales: importaciones de energía, remesas, tipos de cambio y acceso a la financiación internacional . La vulnerabilidad es extrema en economías donde la factura energética supera el 3% del PIB, como India, Pakistán, Filipinas, Tailandia, Chile o Egipto . Países como Pakistán, con una capacidad financiera ya estirada al límite, y Ucrania, con un déficit por cuenta corriente del 15,4%, se asoman al abismo de una deuda impagable si los precios del crudo se consolidan al alza .

“Una prolongación de los altos precios de la energía aumentaría las tensiones fiscales para los gobiernos que tienen regímenes de subsidios diseñados para proteger a los consumidores”, señala el análisis de Fitch . Es la trampa perfecta del estado burgués en la periferia: o recorta el gasto social para mantener los subsidios al combustible —y evita así el estallido social—, o elimina los subsidios y descarga todo el peso de la inflación sobre una clase trabajadora ya asfixiada. En ambos casos, gana el capital.

Las consecuencias se extienden como mancha de aceite. El aluminio, los fertilizantes y la petroquímica —sectores clave para la industria global y la producción de alimentos— dependen de insumos de la región del Golfo. Cualquier disrupción prolongada en su suministro encarecerá la producción manufacturera y la agricultura en todo el planeta, realimentando la espiral inflacionaria . Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional, brazo financiero del imperialismo, ya estudia el impacto y advierte que los bancos centrales podrían verse forzados a subir tasas si la inflación desancla las expectativas, enfriando aún más el crecimiento global .

LOS VENCEDORES Y VENCIDOS DE LA BARBARIE

En este tablero ensangrentado, los beneficios se privatizan y las pérdidas se socializan. “Los perdedores son el público global, particularmente en estados dependientes de importaciones y con restricciones de deuda”, resume Sanders. “Los consumidores pierden a través de precios más altos por alimentos, envíos y productos básicos, ya que los mayores costos del petróleo se filtran en casi todos los sectores” . Los mercados bursátiles se desploman —las bolsas indias perdieron miles de millones de rupias en los primeros días del conflicto—, el dólar se fortalece como refugio, y el endeudamiento se encarece para los países más pobres .

Y al otro lado de la trinchera de clases, los ganadores de siempre. “Los productores de energía y los comerciantes de materias primas a menudo se benefician de la volatilidad y los picos de precios, al menos a corto plazo. Los contratistas de defensa y los proveedores de municiones rara vez sufren en los mercados de guerra” . El ministro de Energía de Qatar advierte que el petróleo podría llegar a 150 dólares por barril; los analistas de Goldman Sachs ya calculan que el umbral de los 100 dólares se cruzará en cinco semanas si persiste el bloqueo . Cada dólar de incremento es un latigazo en la cara del trabajador y una inyección de plusvalía en las arcas de Exxon, Shell o las cotizadas del complejo militar-industrial estadounidense.

Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU permanece paralizado por las contradicciones interimperialistas —incapaz de emitir una condena unánime—, la guerra sigue escribiendo su factura . La cancelación de 11.000 vuelos ha dejado a más de un millón de viajeros varados y ha golpeado al turismo, sector del que dependen enteras naciones del Caribe y el Sudeste Asiático . Los gobiernos, atrapados entre la lealtad a Washington y las necesidades de sus pueblos, dudan. La Comunidad del Caribe (CARICOM) aún no ha logrado hablar con una sola voz, proyectando “una vacilación cuando los intereses de la región están directamente implicados” .

La conclusión es diáfana para quien quiera verla: esta guerra, como todas las guerras del capital, no es un conflicto entre naciones, sino una gigantesca operación de transferencia de riqueza desde las clases populares hacia la burguesía monopolista. En el estrecho de Ormuz no solo se juega el control del petróleo, sino la profundización de la brecha entre un puñado de ganadores y los ocho mil millones de seres humanos que, una vez más, pagarán el pato de la barbarie imperialista .

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