En medio de la guerra total desatada por Estados Unidos e Israel, que ya ha dejado más de 1.300 mártires civiles y la destrucción sistemática de infraestructura, la Asamblea de Expertos designó a Mojtaba Jamenei como el tercer Líder Supremo de Irán, consumando una transición que contradice el espíritu antidinástico de 1979 pero que consolida el poder del complejo clérigo-militar en torno a los Guardianes de la Revolución, mientras Donald Trump exige desde Florida “aprobar” al nuevo mandatario so pena de ser “eliminado rápidamente” .
Por Equipo El Despertar
Pasada la medianoche del lunes en Teherán, cuando los misiles estadounidenses e israelíes seguían cayendo sobre barrios residenciales y escuelas, la Asamblea de Expertos —un cuerpo de 88 clérigos— hizo público lo que el aparato de seguridad había decidido en las sombras: Mojtaba Jamenei, hijo del Líder asesinado, sería el nuevo “Valí-e Faqih”, el jurisconsulto con la última palabra sobre todos los asuntos del Estado . La decisión, tomada en una de las noches más sagradas del Ramadán —Laylat al-Qadr, que conmemora la revelación del Corán—, buscó revestir de legitimidad religiosa lo que las bases materiales del poder ya habían sellado: la alianza entre la oficina del Líder fallecido y el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) .
“Que la mano de Israel persiga a todo sucesor”
La designación no fue un secreto para nadie. Durante años, Mojtaba, un clérigo de rango medio de 56 años sin cargo público formal, operó como el verdadero jefe de gabinete de su padre, manejando hilos de inteligencia, política económica y seguridad con una discreción que alimentaba las especulaciones sobre su influencia . El Tesoro de Estados Unidos ya lo había sancionado en 2019 por trabajar “estrechamente” con los Guardianes para avanzar en los “objetivos regionales desestabilizadores” de su progenitor . Lo que cambió el 28 de febrero —cuando los bombardeos conjuntos de los regímenes de Washington y Tel Aviv mataron a Alí Jamenei junto a más de mil doscientas personas, entre ellas 171 niñas en una escuela de Minab— fue la urgencia de formalizar un poder que ya se ejercía en la penumbra .
La reacción del Eje imperial no se hizo esperar. Las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron en persa un mensaje explícito: “La mano del Estado de Israel continuará persiguiendo a todo sucesor y a toda persona que intente designar un sucesor” . Donald Trump, en una entrevista con ABC News horas antes del anuncio oficial y fiel a su arrogancia y prepotencia de siempre, fue más lejos: cualquier nuevo líder iraní debe contar con la “aprobación” de Estados Unidos o será “eliminado rápidamente” . El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, respondió con la frialdad del que sabe que la supervivencia del Estado depende de no doblegarse ante ningún imperio: “No permitimos que nadie interfiera en nuestros asuntos internos. Es solo asunto del pueblo iraní y de nadie más” .
Las contradicciones de una “república” que hereda el trono
El dato que la narrativa hegemónica reduce a una anécdota —la paradoja de que una revolución nacida para derrocar a la dinastía Pahlavi termine instaurando una sucesión padre-hijo— merece un análisis más profundo desde el materialismo histórico . Cuando millones de iraníes tomaron las calles en 1979 para enterrar el régimen monárquico, lo hicieron en nombre de una república islámica que, al menos en el imaginario, debía basar la legitimidad en el mérito religioso y la lealtad revolucionaria, no en el linaje. Alí Jamenei había rechazado en 2024, apenas dos años antes de su muerte, cualquier posibilidad de sucesión hereditaria, declarando que era contraria a los principios de la revolución .
Sin embargo, las necesidades de supervivencia del régimen —y sobre todo, de la fracción que lo controla— pesaron más que los principios fundacionales. La Asamblea de Expertos, que en sus últimas elecciones de 2024 fue cuidadosamente depurada por el propio Jamenei padre a través del Consejo de Guardianes para eliminar a moderados y reformistas, estaba compuesta por una abrumadora mayoría de halcones . Para ellos, Mojtaba ofrecía algo que ningún otro clérigo podía garantizar: la continuidad absoluta del entramado de poder tejido durante 37 años, incluyendo los lazos orgánicos con los Guardianes de la Revolución, que juraron lealtad en cuestión de horas .
El hombre detrás del turbante negro: clérigo, combatiente y multimillonario
Mojtaba Jamenei, que luce el turbante negro reservado a los “seyyed” —descendientes del profeta Mahoma—, nació en 1969 en la ciudad santa de Mashhad . Veterano de la guerra Irán-Irak en los años ochenta, donde combatió con 17 años en las unidades de voluntarios basij, su formación religiosa en Qom incluyó estudios con algunos de los teólogos más conservadores del establishment, aunque nunca alcanzó el rango de “ayatolá” que ahora se le atribuye —fue ascendido por decreto, como sucedió con su padre en 1989— .
Su perfil público ha sido deliberadamente bajo, hasta el punto de que los medios estatales han tenido que recurrir a imágenes generadas por inteligencia artificial para llenar los vacíos documentales .
Su esposa, Zahra Haddad-Adel —hija de Gholam-Ali Haddad-Adel, expresidente del Parlamento y figura prominente del conservadurismo—, murió en el mismo ataque que segó la vida de su suegro, junto a la madre del nuevo Líder, una hermana, un cuñado y varios sobrinos . El bombardeo estadounidense-israelí no solo decapitó políticamente a Irán: también destruyó una parte sustancial de su núcleo familiar.
La respuesta de la resistencia: unidad frente al Imperio
Mientras Trump amenaza con no permitir que el nuevo Líder “dure mucho sin nuestra aprobación”, y las fuerzas israelíes bombardean el aeropuerto de Mehrabad destruyendo 16 aeronaves de los Guardianes, el aparato iraní se ha movilizado para mostrar cohesión . El presidente Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholam-Hossein Mohseni Ejei y el presidente interino de la Asamblea de Expertos, Alireza Arafi —quien también había sonado como posible sucesor—, ofrecieron su respaldo público en cuestión de horas . Las imágenes de las estaciones de metro de Teherán mostraban a partidarios coreando “La gracia de Dios se ha manifestado, Jamenei ha rejuvenecido” .
La guerra, sin embargo, no da tregua. El domingo, un ataque israelí contra el depósito de petróleo Sharan en Teherán mató a cuatro trabajadores y obligó al racionamiento de combustible . La Media Luna Roja iraní eleva a 1.332 los civiles muertos desde el inicio del conflicto, incluyendo 192 estudiantes y educadores, y 11 trabajadores de la salud . La ofensiva imperial no distingue entre objetivos militares y civiles: 66 escuelas han sido dañadas o destruidas .
Lo que nadie cuenta, debido a la censura de EEUU e Israel es que del otro lado no se esta mejor. L mayoría de las bases norteamericanas de la region han sido destruidas y toda la infraestructura de defensa, inutilizada, mientras los asesores de la Casa Blanca les aconsejan al Presidente buscar una salida a una guerra que no pueden ganar.
El respaldo de China y la condena a la injerencia
En este escenario, la posición de las potencias emergentes adquiere relevancia. China, a través de su portavoz Guo Jiakun, defendió que el nombramiento de Mojtaba Jamenei se realizó “de acuerdo con la constitución de Irán” y rechazó cualquier injerencia externa, en clara alusión a las amenazas de Trump . “La soberanía, seguridad e integridad territorial de Irán deben ser respetadas”, afirmó Guo, mientras reiteraba el llamado chino a un “cese inmediato” del conflicto militar y la reanudación del diálogo .
Rusia, por su parte, mantiene una cooperación militar abierta con Teherán. Araqchi confirmó que Moscú está “ayudando en muchas direcciones diferentes”, aunque evitó precisar si esa ayuda incluye localizar fuerzas estadounidenses para los ataques iraníes .
La dinastía como respuesta a la guerra imperial
La designación de Mojtaba Jamenei debe leerse, desde una perspectiva marxista, como la respuesta de una fracción de la burguesía teocrático-militar iraní a la agresión exterior y a las contradicciones internas que el propio sistema genera. No es un “retorno a la monarquía”, como algunos analistas apresurados sostienen, sino la consolidación de un nuevo tipo de poder dinástico dentro de los marcos de una república islámica que ha agotado su capacidad de reproducirse por medios puramente ideológicos.
La guerra con Estados Unidos e Israel —que ya ha matado a más de 1.300 personas, entre ellas el propio Líder y 165 niñas— ha acelerado un proceso que, en condiciones normales, habría enfrentado mayor resistencia interna. La necesidad de presentar un frente unificado ante el enemigo exterior, la urgencia de garantizar la lealtad incondicional de los Guardianes de la Revolución y el control férreo sobre los medios de comunicación han permitido que una transición que muchos iraníes temían se consumara sin protestas visibles .
Pero las contradicciones no han desaparecido. La legitimidad de Mojtaba —un clérigo de rango medio cuya principal credencial es ser hijo de quien fue Líder durante 37 años— es frágil. Como señala Maha Yahya, directora del Centro Carnegie para Medio Oriente, su designación es un mensaje del régimen de que la presión militar estadounidense-israelí “no va a lograr que cambiemos de posición” . La pregunta que queda abierta es si ese mensaje de desafío externo podrá sostenerse cuando las bombas dejen de caer y los iraníes vuelvan a enfrentar los problemas cotidianos: el desempleo, la inflación, la escasez de agua y electricidad.
El nuevo Líder Supremo, que perdió a su esposa, su madre, su hermana y sus sobrinos en los bombardeos imperiales, asume el mando en el momento más crítico para la República Islámica desde su fundación. Las antorchas que hace unos días iluminaban las calles de Santiago en repudio a los enviados de Washington, y los misiles que desde Teherán responden a la agresión, forman parte de la misma lucha: la de los pueblos que se niegan a doblegarse ante el Imperio. Mojtaba Jamenei es ahora el depositario de esa resistencia. La historia juzgará si estuvo a la altura.
